Lo hizo durante la clausura de los primeros Borgo Laudato Si’ Dialogues, un foro internacional celebrado en Castel Gandolfo que reunió durante tres días a empresarios, académicos, responsables institucionales y representantes eclesiales para debatir sobre inteligencia artificial, sostenibilidad, liderazgo global y transformación social.
La cita se desarrolló en el Borgo Laudato Si’, el proyecto impulsado originalmente por el papa Francisco dentro de los jardines pontificios de Castel Gandolfo para convertir los principios de la encíclica Laudato si’ en iniciativas concretas de formación, sostenibilidad y economía circular.
El primer gran foro internacional del Borgo Laudato Si’
Los llamados Borgo Laudato Si’ Dialogues constituyen la primera edición de un encuentro que aspira a convertirse en una plataforma permanente de diálogo entre la Iglesia, el mundo académico, las empresas y diversos actores internacionales.
El foro, celebrado entre el 17 y el 19 de junio, fue organizado en colaboración con el Centro de Formación Superior Laudato Si’, la Universidad de Notre Dame, Deloitte Suiza y Handshake Strategies. Los participantes abordaron cuestiones como la inteligencia artificial, el envejecimiento de la población, el deporte como instrumento diplomático y los desafíos de la sostenibilidad global.
La iniciativa forma parte de la creciente actividad desarrollada en torno al Borgo Laudato Si’, un proyecto inaugurado por Francisco en Castel Gandolfo y que León XIV ha decidido mantener y potenciar desde el inicio de su pontificado.
«Vivimos un tiempo de ceguera espiritual y cultural»
En su intervención, León XIV retomó varias de las ideas expuestas en su encíclica Magnifica humanitas.
El Papa afirmó que la sociedad contemporánea atraviesa una etapa marcada por una profunda «ceguera espiritual y cultural», agravada por la pretensión de construir el futuro prescindiendo de la memoria histórica y de las raíces que han dado forma a las civilizaciones.
Según explicó, existe un «falso pragmatismo» que invita a romper con el pasado como si fuera posible inaugurar una especie de nueva creación desvinculada de toda experiencia histórica. Esa actitud, advirtió, puede desembocar en una peligrosa amnesia colectiva que impida aprender de las tragedias del siglo XX.
De la Torre de Babel a la Nueva Jerusalén
La imagen más llamativa del discurso llegó cuando el Pontífice contrapuso dos modelos de civilización.
Por un lado, la «Torre de Babel», símbolo de una sociedad construida sobre la idolatría del beneficio y la marginación de los más débiles. Por otro, la «Nueva Jerusalén», presentada como una auténtica civilización del amor donde la economía, la política y la cultura estén orientadas al servicio de la persona humana.
«Estamos llamados a contribuir a la construcción de la Nueva Jerusalén», afirmó el Papa, advirtiendo que la búsqueda obsesiva del beneficio puede favorecer procesos de deshumanización cada vez más profundos.
Una de las grandes apuestas heredadas de Francisco
Creado por Francisco en 2023 como laboratorio de ecología integral dentro de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo, el proyecto combina formación, sostenibilidad ambiental, economía circular y actividades educativas inspiradas en Laudato si’.
Lejos de quedar relegado tras el cambio de pontificado, León XIV ha visitado el complejo en varias ocasiones y ha respaldado públicamente sus iniciativas, convirtiéndolo en uno de los espacios donde intenta articular algunas de las preocupaciones centrales de su magisterio, especialmente aquellas relacionadas con la ecología y la responsabilidad social.
Al concluir el encuentro, el Papa animó a los participantes a convertirse en «humildes constructores de la Nueva Jerusalén» y les pidió seguir trabajando para promover una sociedad capaz de ofrecer reconocimiento, cuidado y esperanza a cada persona, especialmente a quienes corren el riesgo de quedar excluidos por los procesos económicos y tecnológicos del mundo contemporáneo.
Dejamos a continuación las palabras de León XIV:
Queridos hermanos y hermanas:
Buenos días y bienvenidos.
Acaban de concluir dos jornadas de intenso trabajo en el Borgo Laudato Si’ de Castel Gandolfo. Se han reunido para participar en la primera edición de los «Diálogos del Borgo» —como acaba de explicar el cardenal Baggio—, el primer paso de un proceso destinado a renovar y reimaginar el liderazgo moral en un mundo que hoy parece fragmentado y olvidado de sus propias raíces históricas.
Y, hermanos, han debatido sobre temas importantes que también preocupan a la Iglesia católica: la inteligencia artificial y su relación con la humanidad, el envejecimiento y la vitalidad, el deporte y la diplomacia, y el futuro de la sostenibilidad. Han respondido al deseo que expresé recientemente en mi Carta Encíclica Magnifica humanitas: «entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, junto con quienes participamos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad. Queremos identificar, junto con ellos, nuevos caminos para el bien común y la promoción de una vida digna para todos» (n. 2).
En ese mismo documento afirmé también que «vivimos en un tiempo de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si fuera posible inaugurar una especie de “nueva creación” desvinculada del pasado; incluso quien invoca grandes principios morales puede caer en este nihilismo histórico, engañándose al pensar que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse» (n. 204).
Sus diálogos se han construido sobre la visión de sinodalidad de la Iglesia católica, escuchando desde la base y promoviendo al mismo tiempo la unidad global. Ustedes son expertos, líderes y profesionales procedentes de distintas partes del mundo, que trabajan en diversos ámbitos, con una variedad de competencias, experiencias y visiones. Y, a pesar de esta diversidad, todos están profundamente comprometidos con la transformación ecológica, social y económica del mundo.
Ante la tentación de construir la «torre de Babel», que representa la idolatría del beneficio a costa de los más vulnerables y aumenta el riesgo de deshumanización, estamos llamados a contribuir a la construcción de la Nueva Jerusalén, la civilización del amor, en la que el amor sea el único principio rector de la vida económica, política y cultural.
«La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que levantan un dique frente a la deshumanización. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su propio ámbito, podemos colaborar en su construcción» (Magnifica humanitas, n. 213).
Esto es precisamente lo que han hecho en el magnífico escenario de los Jardines Pontificios del Borgo Laudato Si’, permitiendo que la belleza de la creación —y del Creador— les inspirara a conjugar el conocimiento local con la responsabilidad global y a impulsar un proceso destinado a forjar un liderazgo valiente, tan necesario hoy.
Gracias por su apertura y disponibilidad para participar en este proceso, que volverá a reunirles en otros contextos importantes y que abre caminos para nuevos avances.
Que el Señor bendiga sus esfuerzos y les conceda la gracia de ser humildes constructores de la Nueva Jerusalén, la ciudad de Dios, que ofrece agua viva a los sedientos y brinda cuidado, reconocimiento, palabras amables y manos capaces de ternura a cada ser humano.
Gracias.