Fallece a los 100 años el padre Junco, primer sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

Fallece a los 100 años el padre Junco, primer sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

La Iglesia en Cádiz y el Campo de Gibraltar despide al padre Juan José del Junco Domenech, fallecido este sábado a los 100 años de edad tras una vida sacerdotal excepcional que se prolongó durante 76 años.

Prelado de Honor de Su Santidad, Hijo Adoptivo de La Línea de la Concepción y primer sacerdote diocesano incorporado a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, el padre Junco deja tras de sí una huella profunda en varias generaciones de fieles que encontraron en él a un pastor cercano, un confesor incansable y una referencia espiritual constante.

El santuario de la Inmaculada Concepción, templo al que dedicó más de cuatro décadas de ministerio, acogió este domingo un multitudinario responso presidido por monseñor Ramón Valdivia, administrador apostólico de la diócesis de Cádiz y Ceuta. La asistencia desbordó las previsiones. Sacerdotes de todo el arciprestazgo, autoridades civiles, familiares y numerosos vecinos quisieron acompañar a quien durante décadas formó parte inseparable de la vida religiosa y social de la ciudad. Al término de la ceremonia, el féretro fue despedido con una larga ovación, expresión espontánea del cariño que despertaba entre los linenses.

Nacido en Tenerife el 4 de marzo de 1926, Juan José del Junco fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1950 en Cádiz con apenas 24 años. Poco después fue destinado a la parroquia del Sagrado Corazón de La Línea, iniciando una vinculación con la ciudad que se prolongaría durante toda su vida. En 1958 pasó a servir en la parroquia y santuario de la Inmaculada Concepción, donde desarrolló la mayor parte de su ministerio y ejerció durante veinte años como arcipreste.

Su labor pastoral trascendió ampliamente el ámbito parroquial. Fue profesor de Religión en el antiguo Instituto Diego Salinas, impulsó la tradicional romería de la Inmaculada, promovió importantes mejoras en el santuario y acompañó espiritualmente a miles de familias a lo largo de varias generaciones. No pocos vecinos recibieron de sus manos el bautismo, el matrimonio o el último adiós a sus seres queridos.

En mayo de 1952 se incorporó a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, convirtiéndose en el primer sacerdote secular en formar parte de esta institución vinculada al Opus Dei, dedicada a fomentar la santidad y la formación espiritual del clero diocesano. A lo largo de su vida ejerció una intensa labor de dirección espiritual tanto de sacerdotes como de laicos.

El padre Junco conoció personalmente a san Josemaría Escrivá y mantuvo una estrecha relación con algunos de los primeros miembros del Opus Dei. En 1972 fue presentado al fundador de la Obra por el sacerdote José Luis Múzquiz, uno de los tres primeros sacerdotes de la institución y actualmente en proceso de beatificación. Según recuerdan testimonios recogidos por el Opus Dei, san Josemaría tuvo con él un gesto de especial afecto en un momento en que sufría una dolencia de garganta que dificultaba su predicación. Durante años también recibió en La Línea las visitas del propio Múzquiz, impulsor de la expansión del Opus Dei en Estados Unidos.

Su profunda devoción mariana constituyó otro de los rasgos característicos de su espiritualidad. Impulsó la construcción de una ermita dedicada a la Virgen de Fátima, donde celebró la Santa Misa cada día 13 de mes durante muchos años. Incluso cuando la edad y la enfermedad limitaron su movilidad, continuó dedicando largas horas a la oración, la confesión y la atención espiritual de quienes acudían a él.

Aunque formalmente se jubiló en 2001, nunca abandonó el ministerio. El obispo le autorizó a celebrar la Eucaristía en su domicilio y a custodiar el Santísimo Sacramento. Hasta una edad extraordinariamente avanzada siguió ejerciendo como confesor y director espiritual. De hecho, continuó celebrando la Santa Misa incluso después de cumplir cien años, convirtiéndose en un ejemplo singular de fidelidad sacerdotal hasta el final de sus días.

Los reconocimientos públicos acompañaron sus últimos años. El Ayuntamiento de La Línea le concedió el título de Hijo Adoptivo de la ciudad y una calle próxima al santuario lleva su nombre. En 2018 la Santa Sede quiso distinguir su trayectoria otorgándole el título de Prelado de Honor de Su Santidad.

La muerte del padre Junco supone la desaparición de una de las figuras sacerdotales más queridas y respetadas del Campo de Gibraltar. Su larga permanencia en una misma comunidad, su disponibilidad constante para los fieles y su perseverancia en el ministerio hasta el final han convertido su vida en un testimonio particularmente elocuente en una época marcada por la escasez de vocaciones y la creciente fragilidad de muchas comunidades parroquiales. Con él desaparece una generación de sacerdotes para quienes el servicio pastoral no conocía jubilación ni fecha de caducidad.

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