¿Puede el Estado decidir qué hijos tienen derecho a existir?

¿Puede el Estado decidir qué hijos tienen derecho a existir?

 «¿Puede el Estado decidir que tu tercer hijo no tiene derecho a existir?» La pregunta que cinco millones de lectores ya han leído en forma de novela 

Homo Legens publica el tercer volumen de Los niños ocultos, la serie de Margaret Peterson Haddix que imagina un Estado donde tener un tercer hijo es delito. Una novela rápida, breve, escrita para que los adolescentes que no leen, no quieran soltarla — y que los padres terminan robándoles para acabarla en una noche.

Hay libros que se venden por la trama. Otros, por el autor. Y hay un tercer tipo, mucho más raro, que se vende por algo que parece anacrónico decir: porque proponen un combate moral en el que el lector tiene que tomar partido.

A esa tercera categoría pertenece la saga de Los niños ocultos de Margaret Peterson Haddix, de la que Homo Legens acaba de publicar el tercer volumen, Entre los traicionados. Más de cinco millones de copias vendidas en el mundo. Lista del New York Times. Un fenómeno comparable, en su nicho, a Los juegos del hambre o El juego de Ender. Pero con una diferencia: aquí los héroes no se rebelan por épica, sino por algo mucho más esencial. Por la sospecha de que hay vidas que merecen existir, aunque la ley diga lo contrario.

Una premisa que no es ciencia ficción

El universo de la saga es sencillo y, por eso mismo, terrible. El Gobierno ha decretado que ninguna familia puede tener más de dos hijos. Los terceros —llamados oficialmente los escondidos, oficiosamente los parias— existen fuera de la ley: sin identidad, sin partida de nacimiento, sin derecho a salir a la calle. La Policía de Población se encarga de cazarlos. Sus padres viven con el miedo permanente de que un vecino los delate.

No hace falta explicar a un lector católico por qué esta premisa, escrita por una autora estadounidense en 1998, no es exactamente ciencia ficción. Mientras Europa entera se desangra demográficamente y discute con seriedad de adulto cuántos hijos puede permitirse una familia, Haddix tuvo el acierto narrativo de imaginar la versión inversa del problema: ¿qué ocurre cuando un Estado, en lugar de favorecer la natalidad, decide restringirla desde arriba? La pregunta no es exótica. La hizo Malthus. La hicieron las políticas chinas durante cuatro décadas. La hace, con otro nombre, todo aquel que mira a una familia con cuatro hijos como si fuera una rareza ecológica.

Luke, Mark, Matthew: una pista que el lector católico no debería pasar por alto

En los dos primeros volúmenes de la saga —Entre los escondidos y Entre los impostores, ambos disponibles ya en Homo Legens— el protagonista es un niño llamado Luke. Tiene dos hermanos mayores: Mark y Matthew. En español, Lucas, Marcos y Mateo. Tres de los cuatro evangelistas. En una novela sobre niños condenados a no existir.

No nos consta que Haddix sea católica. En cambio, es obvio que es una autora demasiado consciente de lo que escribe como para que esos nombres sean casuales. Los tres evangelistas sinópticos —los que cuentan, una y otra vez, la historia de un niño cuyo nacimiento intentó suprimir un decreto imperial— comparten apellido en una saga sobre niños cuyo nacimiento ha sido suprimido por decreto. Quien quiera leer ahí solo una coincidencia es libre de hacerlo. Quien lea otra cosa, también.

La búsqueda de la verdad como columna vertebral

Entre los traicionados abre con su nueva protagonista, Nina, encadenada a la pared de una celda de hormigón. Es una tercera hija. La han delatado. Le ofrecen un trato: si consigue que otros tres prisioneros confiesen ser también niños ocultos, vivirá. Si se niega, morirá.

Cuando le presentan a sus tres compañeros de celda, descubre que son tres niños. El mayor tiene diez años. La pequeña, seis. Niños sucios, hambrientos, asustados.

Lo que pasa a continuación es una de las representaciones más honestas de un dilema moral que se ha escrito en literatura juvenil en los últimos veinte años. Nina no es una heroína. Está aterrada. Quiere vivir. Pondera durante páginas la posibilidad de mentir, de delatarlos, de salvarse. Lo que le impide hacerlo no es una doctrina abstracta sino algo mucho más concreto: ha mirado a la cara a la niña de seis años. Y, mirándola, ya no puede.

A lo largo del libro, Nina se enfrenta a un tipo de pregunta que casi ninguna novela juvenil de éxito contemporánea se atreve a formular: ¿es posible distinguir la verdad de la mentira cuando todos los que te rodean tienen incentivos para mentirte? ¿Hasta qué punto puede uno fiarse de su propia memoria, de su propio juicio, cuando el sistema entero está construido sobre la falsedad? La respuesta de Haddix es difícil y, en última instancia, esperanzadora: la verdad existe, y se reconoce porque sigue costando cuando lo fácil sería negarla.

El sacrificio y la negativa a vivir con rencor

Hacia el final de la novela, Nina descubre que el chico que la traicionó —el chico al que amaba— quizá no era del todo malo. Que quizá, a su modo retorcido, intentó salvarla. Y luego descubre algo peor: que sigue vivo y trabajando para la Policía de Población.

La conversación final del libro es de una madurez moral que el lector adulto no espera encontrar en una novela escrita para adolescentes. Nina podría refugiarse en el rencor —tendría motivos. Podría refugiarse en el perdón fácil que ignora el mal hecho —tendría tentación. Hace algo distinto: decide que no quiere vivir en la amargura y que, sin embargo, no puede mirar hacia otro lado mientras el mal continúa. «No quiero vivir con rencor. Pero quiero ayudar… ¿qué puedo hacer para asegurarme de que el proyecto de Jason fracase?»

En esa frase está todo. La aceptación de que el mal es real. La negativa a dejar que ese mal envenene el alma de quien lo padeció. Y, sobre todo, la decisión de combatirlo activamente. Si alguien encuentra una mejor síntesis para una novela juvenil de doscientas páginas, que nos la presente.

Hacer lo correcto contra los valores de la sociedad

Al final del libro Nina recuerda los cuentos que le contaron de niña su abuela y sus tías —todos ellos, dice, «hablaban de gente que se mantenía fiel a lo correcto frente a la adversidad». Y descubre que durante años se había quedado con la parte equivocada de las historias: había creído que su papel era esperar como princesa a que un príncipe la salvara. Ahora entiende que el papel era otro. Que su papel era resistir.

Ese es, en última instancia, el tema de toda la saga: la posibilidad de hacer lo correcto cuando hacer lo correcto está prohibido por la sociedad. La posibilidad de proteger una vida que la ley considera ilegal. La posibilidad de afirmar que un niño tiene derecho a existir aunque el Estado opine lo contrario. La posibilidad —antigua, cristiana, intemporal— de ser fiel a la verdad cuando ser fiel a la verdad cuesta caro.

Por qué incluso el adolescente que no lee no quiere soltarlo

Una virtud editorial que conviene subrayar: Haddix sabe escribir para adolescentes que no leen. Capítulos cortos —algunos de tres páginas. Frases breves. Ritmo de novela negra. Ningún capítulo termina sin un anzuelo que obliga a empezar el siguiente. Las ciento cincuenta y ocho páginas de Entre los traicionados se leen en una tarde, dos como mucho. Profesores y padres lo confirman: estos libros funcionan con el lector reticente, con el chico que no termina ningún libro, con la adolescente que se queda dormida con cualquier novela.

Pero quien crea que esa accesibilidad implica superficialidad no ha leído a Haddix. Lo que hace en estas páginas —exponer dilemas morales reales en prosa rápida y directa— es exactamente lo que hicieron Suzanne Collins en Los juegos del hambre y Orson Scott Card en El juego de Ender. Y por eso, exactamente igual que ocurrió con esas dos sagas, los padres que regalan estos libros a sus hijos terminan robándoselos a las dos noches para enterarse de cómo sigue. Más de un lector adulto ha entrado en Entre los escondidos pensando que era literatura juvenil y ha salido siete libros después convertido en un adicto de la serie.

Entre los traicionados (Margaret Peterson Haddix, Bibliotheca Homo Legens, 2026) está disponible en homolegens.com y en librerías. Los dos volúmenes anteriores de la saga, Entre los escondidos y Entre los impostores, también disponibles.

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