Con las declaraciones de Mons. Francisco César García Magán —secretario general de la Conferencia Episcopal Española— del pasado jueves, ya quedaba claro que el acuerdo para la «resignificación» del Valle estaba firmado solamente por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo. Ya conocíamos el contenido del acuerdo. Pero la difusión íntegra de la correspondencia entre ambas partes aporta un elemento decisivo: no solo confirma la existencia del pacto, sino que detalla su gestación y evidencia la secuencia exacta de los hechos.
Los documentos, fechados el 4 y 5 de marzo de 2025, publicados por El Debate, no solo confirman la existencia del acuerdo, sino que detallan sus términos y evidencian la secuencia exacta de los hechos.

El Gobierno define el marco de intervención
El proceso arranca con la carta que Félix Bolaños envía el 4 de marzo al cardenal Cobo. En ella, el ministro presenta la resignificación del Valle como un objetivo compartido con la Iglesia y deja ya fijadas las líneas fundamentales del acuerdo.
Bolaños afirma que ambas partes han coincidido en “la necesidad […] de mantener el culto en el Altar de la Basílica y un acceso diferenciado”, introduciendo así la idea de delimitar físicamente el espacio litúrgico dentro del conjunto.
El documento adjunto, revelado también por El Debate, concreta aún más ese planteamiento al señalar que “en el interior de la Basílica se conservará como espacio destinado al culto la zona que ocupa el Altar y las bancadas adyacentes”. Acto seguido, establece que “el resto de los espacios del interior de la Basílica […] no están destinados al culto y podrán ser objeto de intervenciones de naturaleza artística y museográfica”.
Cobo acepta el planteamiento del Gobierno
La respuesta del cardenal José Cobo llega apenas veinticuatro horas después. Según la documentación publicada, el arzobispo de Madrid no introduce reservas de fondo, sino que asume el marco planteado y se muestra dispuesto a colaborar.
En su carta, Cobo asegura: “Cuenten con nuestra colaboración y con el deseo de contribuir en este proceso con los valores del diálogo, el respeto, la cultura del encuentro, la convivencia y la paz”. No se trata de una respuesta ambigua, sino de una aceptación explícita del proceso en marcha.
Además, el cardenal reconoce que los elementos religiosos del Valle se integrarán dentro de ese mismo marco al afirmar que “hemos entendido que la presencia de los elementos religiosos en el Valle puede incorporarse a este proceso”. La interlocución queda así plenamente asumida.
La referencia a la Santa Sede: un respaldo que no aparece
En el mismo texto, Cobo introduce una afirmación que resulta determinante para entender la controversia posterior. El arzobispo sostiene que todo el proceso se ha desarrollado “bajo la coordinación de la Santa Sede”.
Sin embargo, este punto choca con lo que se ha sabido después. La Conferencia Episcopal Española ha sido clara al afirmar que el Vaticano no ha sido parte firmante del acuerdo. Es decir, la referencia a Roma no se traduce en ningún aval jurídico ni institucional.
La distancia entre ambas afirmaciones genera una contradicción difícil de sostener: se invoca una coordinación que no tiene reflejo en la firma ni en un respaldo formal.
Una responsabilidad que ya no es difusa
Con la evidencia sobre la mesa, el foco se desplaza hacia la actuación concreta de quien asumió la interlocución.
Las cartas muestran que el cardenal José Cobo aceptó el marco de resignificación y lo hizo sin un respaldo explícito de la Santa Sede. Repasados los hechos, la conclusión se impone por sí sola: la firma está, el acuerdo también, pero el aval invocado no aparece. Y en ausencia de ese respaldo, la posición de quien firmó queda inevitablemente expuesta.