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El Papa vuelve a arremeter contra el nacionalismo en su mensaje ante la ONU

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Dos caminos se abren ante la humanidad, ha dicho Su Santidad en un mensaje dirigido a la Asamblea General de las Naciones Unidas: “el que conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo” o “el que da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales”.

El bien y el mal, en suma: no hay mucha novedad en esto, ni es un dilema que deje de afectar no solo a la humanidad hoy, sino a la humanidad siempre y a cada hombre en cada momento. Lo curioso es que el Santo Padre asocie “una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana” con el multilateralismo, más conocido como globalismo, mientras que equipara “las actitudes de autosuficiencia” que dejan “afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales”, como si por una misteriosa alquimia política fuera imposible la generosidad en un Estado soberano o la mezquindad en un gobierno mundial.

Señala Francisco en su mensaje que este 75 aniversario de la ONU “es una oportunidad para reiterar el deseo de la Santa Sede de que esta Organización sea un verdadero signo e instrumento de unidad entre los Estados y de servicio a la entera familia humana”. No una familia demasiado numerosa, habría que añadir, si se cumple la agenda desacaradamente malthusiana del organismo internacional.

Añade el Papa que la pandemia de Covid-19 “ha llevado a la pérdida de muchas vidas” -800.000, de un total de más de 7.500 millones-, pero también está “cambiando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y exponiendo nuestra fragilidad como criaturas”.

La pandemia -señala- nos llama a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección […]: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es”, un momento oportuno para “la conversión” repensando “nuestra forma de vida” y “nuestros sistemas económicos y sociales”, pero también es una oportunidad para una “retirada defensiva” con características individualistas y elitistas.

Uno pensaría que una pandemia tan grave como la que se supone sería también ocasión para una conversión centrada en nuestro destino eterno, que nos hiciera pensar no solo en ‘nuestra fragilidad’, sino directamente en nuestra muerte insoslayable y en lo que nos espera más allá. Sería algo esperable en un líder religioso, quizá.

Insiste Su Santidad en que “la pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro”. No sé bien en qué momento han faltado pruebas de que no podemos vivir “sin el otro”, pero nos sorprende que esta necesidad evidente la haya puesto de relieve una epidemia en la que, como todo el mundo sabe, el otro se convierte a menudo más en una amenaza que en alguien sin el que no podemos vivir.

Les ofrecemos el mensaje completo del Santo Padre a la ONU, publicado en español por la Oficina de Prensa de la Santa Sede:

Señor presidente:

¡La paz esté con Ustedes!

Saludo cordialmente a Usted, Señor presidente, y a todas las Delegaciones que participan en esta significativa septuagésima quinta Asamblea General de las Naciones Unidas. En particular, extiendo mis saludos al Secretario General, Sr. António Guterres, a los Jefes de Estado y de Gobierno participantes, y a todos aquellos que están siguiendo el Debate General.

El Septuagésimo quinto aniversario de la ONU es una oportunidad para reiterar el deseo de la Santa Sede de que esta Organización sea un verdadero signo e instrumento de unidad entre los Estados y de servicio a la entera familia humana[1].

Actualmente, nuestro mundo se ve afectado por la pandemia del COVID-19, que ha llevado a la pérdida de muchas vidas. Esta crisis está cambiando nuestra forma de vida, cuestionando nuestros sistemas económicos, sanitarios y sociales, y exponiendo nuestra fragilidad como criaturas.

La pandemia nos llama, de hecho, «a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección […]: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es»[2]. Puede representar una oportunidad real para la conversión, la transformación, para repensar nuestra forma de vida y nuestros sistemas económicos y sociales, que están ampliando las distancias entre pobres y ricos, a raíz de una injusta repartición de los recursos. Pero también puede ser una posibilidad para una “retirada defensiva” con características individualistas y elitistas.

Nos enfrentamos, pues, a la elección entre uno de los dos caminos posibles: uno conduce al fortalecimiento del multilateralismo, expresión de una renovada corresponsabilidad mundial, de una solidaridad fundamentada en la justicia y en el cumplimiento de la paz y de la unidad de la familia humana, proyecto de Dios sobre el mundo; el otro, da preferencia a las actitudes de autosuficiencia, nacionalismo, proteccionismo, individualismo y aislamiento, dejando afuera los más pobres, los más vulnerables, los habitantes de las periferias existenciales. Y ciertamente será perjudicial para la entera comunidad, causando autolesiones a todos. Y esto no debe prevalecer.

La pandemia ha puesto de relieve la urgente necesidad de promover la salud pública y de realizar el derecho de toda persona a la atención médica básica[3]. Por tanto, renuevo el llamado a los responsables políticos y al sector privado a que tomen las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas contra el COVID-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para atender a los enfermos. Y si hay que privilegiar a alguien, que ése sea el más pobre, el más vulnerable, aquel que normalmente queda discriminado por no tener poder ni recursos económicos.

La crisis actual también nos ha demostrado que la solidaridad no puede ser una palabra o una promesa vacía. Además, nos muestra la importancia de evitar la tentación de superar nuestros límites naturales. «La libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral»[4]. También deberíamos tener en cuenta todos estos aspectos en los debates sobre el complejo tema de la inteligencia artificial (IA).

Teniendo esto presente, pienso también en los efectos sobre el trabajo, sector desestabilizado por un mercado laboral cada vez más impulsado por la incertidumbre y la “robotización” generalizada. Es particularmente necesario encontrar nuevas formas de trabajo que sean realmente capaces de satisfacer el potencial humano y que afirmen a la vez nuestra dignidad. Para garantizar un trabajo digno hay que cambiar el paradigma económico dominante que sólo busca ampliar las ganancias de las empresas. El ofrecimiento de trabajo a más personas tendría que ser uno de los principales objetivos de cada empresario, uno de los criterios de éxito de la actividad productiva. El progreso tecnológico es útil y necesario siempre que sirva para hacer que el trabajo de las personas sea más digno, más seguro, menos pesado y agobiante.

Y todo esto requiere un cambio de dirección, y para esto ya tenemos los recursos y tenemos los medios culturales, tecnológicos y tenemos la conciencia social. Sin embargo, este cambio necesita un marco ético más fuerte, capaz de superar la «tan difundida e inconscientemente consolidada “cultura del descarte”»[5].

En el origen de esta cultura del descarte existe una gran falta de respeto por la dignidad humana, una promoción ideológica con visiones reduccionistas de la persona, una negación de la universalidad de sus derechos fundamentales, y un deseo de poder y de control absolutos que domina la sociedad moderna de hoy. Digámoslo por su nombre: esto también es un atentado contra la humanidad.

De hecho, es doloroso ver cuántos derechos fundamentales continúan siendo violados con impunidad. La lista de estas violaciones es muy larga y nos hace llegar la terrible imagen de una humanidad violada, herida, privada de dignidad, de libertad y de la posibilidad de desarrollo. En esta imagen, también los creyentes religiosos continúan sufriendo todo tipo de persecuciones, incluyendo el genocidio debido a sus creencias. También, entre los creyentes religiosos, somos víctimas los cristianos: cuántos sufren alrededor del mundo, a veces obligados a huir de sus tierras ancestrales, aislados de su rica historia y de su cultura.

También debemos admitir que las crisis humanitarias se han convertido en el statu quo, donde los derechos a la vida, a la libertad y a la seguridad personales no están garantizados. De hecho, los conflictos en todo el mundo muestran que el uso de armas explosivas, sobretodo en áreas pobladas, tiene un impacto humanitario dramático a largo plazo. En este sentido, las armas convencionales se están volviendo cada vez menos “convencionales” y cada vez más “armas de destrucción masiva”, arruinando ciudades, escuelas, hospitales, sitios religiosos, e infraestructuras y servicios básicos para la población.

Además, muchos se ven obligados a abandonar sus hogares. Con frecuencia, los refugiados, los migrantes y los desplazados internos en los países de origen, tránsito y destino, sufren abandonados, sin oportunidad de mejorar su situación en la vida o en la de su familia. Peor aún, miles son interceptados en el mar y devueltos a la fuerza a campos de detención donde enfrentan torturas y abusos. Muchos son víctimas de la trata, la esclavitud sexual o el trabajo forzado, explotados en labores degradantes, sin un salario justo. ¡Esto que es intolerable, sin embargo, es hoy una realidad que muchos ignoran intencionalmente!

Los tantos esfuerzos internacionales importantes para responder a estas crisis comienzan con una gran promesa, entre ellos los dos Pactos Mundiales sobre Refugiados y para la Migración, pero muchos carecen del apoyo político necesario para tener éxito. Otros fracasan porque los Estados individuales eluden sus responsabilidades y compromisos. Sin embargo, la crisis actual es una oportunidad: es una oportunidad para la ONU, es una oportunidad de generar una sociedad más fraterna y compasiva.

Esto incluye reconsiderar el papel de las instituciones económicas y financieras, como las de Bretton-Woods, que deben responder al rápido aumento de la desigualdad entre los súper ricos y los permanentemente pobres. Un modelo económico que promueva la subsidiariedad, respalde el desarrollo económico a nivel local e invierta en educación e infraestructura que beneficie a las comunidades locales, proporcionará las bases para el mismo éxito económico y a la vez, para renovación de la comunidad y la nación en general. Y aquí renuevo mi llamado para que «considerando las circunstancias […] se afronten — por parte de todos los Países — las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres»[6].

La comunidad internacional tiene que esforzarse para terminar con las injusticias económicas. «Cuando los organismos multilaterales de crédito asesoren a las diferentes naciones, resulta importante tener en cuenta los conceptos elevados de la justicia fiscal, los presupuestos públicos responsables en su endeudamiento y, sobre todo, la promoción efectiva y protagónica de los más pobres en el entramado social»[7]. Tenemos la responsabilidad de proporcionar asistencia para el desarrollo a las naciones empobrecidas y alivio de la deuda para las naciones muy endeudadas[8].

«Una nueva ética supone ser conscientes de la necesidad de que todos se comprometan a trabajar juntos para cerrar las guaridas fiscales, evitar las evasiones y el lavado de dinero que le roban a la sociedad, como también para decir a las naciones la importancia de defender la justicia y el bien común sobre los intereses de las empresas y multinacionales más poderosas»[9]. Este es el tiempo propicio para renovar la arquitectura financiera internacional[10].

Señor presidente:

Recuerdo la ocasión que tuve hace cinco años de dirigirme a la Asamblea General en su septuagésimo aniversario. Mi visita tuvo lugar en un período de un multilateralismo verdaderamente dinámico, un momento prometedor y de gran esperanza, inmediatamente anterior a la adopción de la Agenda 2030. Algunos meses después, también se adoptó el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

Sin embargo, debemos admitir honestamente que, si bien se han logrado algunos progresos, la poca capacidad de la comunidad internacional para cumplir sus promesas de hace cinco años me lleva a reiterar que «hemos de evitar toda tentación de caer en un nominalismo declaracionista con efecto tranquilizador en las conciencias. Debemos cuidar que nuestras instituciones sean realmente efectivas en la lucha contra todos estos flagelos»[11].

Pienso también en la peligrosa situación en la Amazonía y sus poblaciones indígenas. Ello nos recuerda que la crisis ambiental está indisolublemente ligada a una crisis social y que el cuidado del medio ambiente exige una aproximación integral para combatir la pobreza y combatir la exclusión[12].

Ciertamente es un paso positivo que la sensibilidad ecológica integral y el deseo de acción hayan crecido. «No debemos cargar a las próximas generaciones con los problemas causados por las anteriores. […] Debemos preguntarnos seriamente si existe —entre nosotros— la voluntad política […] para mitigar los efectos negativos del cambio climático, así como para ayudar a las poblaciones más pobres y vulnerables que son las más afectadas»[13].

La Santa Sede seguirá desempeñando su papel. Como una señal concreta de cuidar nuestra casa común, recientemente ratifiqué la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal[14].

Señor presidente:

No podemos dejar de notar las devastadoras consecuencias de la crisis del Covid-19 en los niños, comprendiendo los menores migrantes y refugiados no acompañados. La violencia contra los niños, incluido el horrible flagelo del abuso infantil y de la pornografía, también ha aumentado dramáticamente.

Además, millones de niños no pueden regresar a la escuela. En muchas partes del mundo esta situación amenaza un aumento del trabajo infantil, la explotación, el maltratado y la desnutrición. Desafortunadamente, los países y las instituciones internacionales también están promoviendo el aborto como uno de los denominados “servicios esenciales” en la respuesta humanitaria. Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido.

Imploro, pues, a las autoridades civiles que presten especial atención a los niños a quienes se les niegan sus derechos y dignidad fundamentales, en particular, su derecho a la vida y a la educación. No puedo evitar recordar el apelo de la joven valiente Malala Yousafzai, quien hace cinco años en la Asamblea General nos recordó que “un niño, un maestro, un libro y un bolígrafo pueden cambiar el mundo”.

Los primeros educadores del niño son su mamá y su papá, la familia que la Declaración Universal de los Derechos Humanos describe como «el elemento natural y fundamental de la sociedad».[15] Con demasiada frecuencia, la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable y terminan por provocar en muchos de sus miembros, especialmente en los más indefensos —niños y ancianos—un sentido de desarraigo y orfandad. La desintegración de la familia se hace eco en la fragmentación social que impide el compromiso para enfrentar enemigos comunes. Es hora de reevaluar y volver a comprometernos con nuestros objetivos.

Y uno de esos objetivos es la promoción de la mujer. Este año se cumple el vigésimo quinto aniversario de la Conferencia de Beijing sobre la Mujer. En todos los niveles de la sociedad las mujeres están jugando un papel importante, con su contribución única, tomando las riendas con gran coraje en servicio del bien común. Sin embargo, muchas mujeres quedan rezagadas: víctimas de la esclavitud, la trata, la violencia, la explotación y los tratos degradantes. A ellas y a aquellas que viven separadas de sus familias, les expreso mi fraternal cercanía a la vez que reitero una mayor decisión y compromiso en la lucha contra estas prácticas perversas que denigran no sólo a las mujeres sino a toda la humanidad que, con su silencio y no actuación efectiva, se hace cómplice.

Señor Presidente:

Debemos preguntarnos si las principales amenazas a la paz y a la seguridad como, la pobreza, las epidemias y el terrorismo, entre otras, pueden ser enfrentadas efectivamente cuando la carrera armamentista, incluyendo las armas nucleares, continúa desperdiciando recursos preciosos que sería mejor utilizar en beneficio del desarrollo integral de los pueblos y para proteger el medio ambiente natural.

Es necesario romper el clima de desconfianza existente. Estamos presenciando una erosión del multilateralismo que resulta todavía más grave a la luz de nuevas formas de tecnología militar,[16], como son los sistemas letales de armas autónomas (LAWS), que están alterando irreversiblemente la naturaleza de la guerra, separándola aún más de la acción humana.

Hay que desmantelar las lógicas perversas que atribuyen a la posesión de armas la seguridad personal y social. Tales lógicas sólo sirven para incrementar las ganancias de la industria bélica, alimentando un clima de desconfianza y de temor entre las personas y los pueblos.

Y en particular, “la disuasión nuclear” fomenta un espíritu de miedo basado en la amenaza de la aniquilación mutua, que termina envenenando las relaciones entre los pueblos y obstruyendo el diálogo[17]. Por eso, es tan importante apoyar los principales instrumentos legales internacionales de desarme nuclear, no proliferación y prohibición. La Santa Sede espera que la próxima Conferencia de Revisión del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) resulte en acciones concretas conformes con nuestra intención conjunta «de lograr lo antes posible la cesación de la carrera de armamentos nucleares y de emprender medidas eficaces encaminadas al desarme nuclear»[18].

Además, nuestro mundo en conflicto necesita que la ONU se convierta en un taller para la paz cada vez más eficaz, lo cual requiere que los miembros del Consejo de Seguridad, especialmente los Permanentes, actúen con mayor unidad y determinación. En este sentido, la reciente adopción del alto al fuego global durante la presente crisis, es una medida muy noble, que exige la buena voluntad de todos para su implementación continuada. Y también reitero la importancia de disminuir las sanciones internacionales que dificultan que los Estados brinden el apoyo adecuado a sus poblaciones.

Señor presidente:

De una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores. Por ello, en esta coyuntura crítica, nuestro deber es repensar el futuro de nuestra casa común y proyecto común. Es una tarea compleja, que requiere honestidad y coherencia en el diálogo, a fin de mejorar el multilateralismo y la cooperación entre los Estados. Esta crisis subraya aún más los límites de nuestra autosuficiencia y común fragilidad y nos plantea explicitarnos claramente cómo queremos salir: mejores o peores. Porque repito, de una crisis no se sale igual: o salimos mejores o salimos peores.

La pandemia nos ha mostrado que no podemos vivir sin el otro, o peor aún, uno contra el otro. Las Naciones Unidas fueron creadas para unir a las naciones, para acercarlas, como un puente entre los pueblos;usémoslo para transformar el desafío que enfrentamos en una oportunidad para construir juntos, una vez más, el futuro que queremos.

¡Y que Dios nos bendiga a todos!

Gracias Señor Presidente.

 


[1] Discurso a la Asamblea General de la ONU, 25 de septiembre de 2015; Benedicto XVI, Discurso a la Asamblea General de la ONU, 18 de abril de 2008.

[2] Meditación durante el momento extraordinario de oración en tiempo de epidemia, 27 de marzo de 2020.

[3] Cfr Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 25.1.

[4] Carta Encíclica Laudato si’, 112.

[5] Discurso a la Asamblea General de la ONU, 25 de septiembre de 2015.

[6] Mensaje Urbi et Orbi, 12 de abril de 2020.

[7] Discurso a los Participantes en el Seminario “Nuevas formas de solidaridad”, 5 de febrero de 2020.

[8] Cfr ibíd.

[9] Ibíd.

[10] Cfr ibíd.

[11] Discurso a la Asamblea General de la ONU, 25 de septiembre de 2015.

[12] Cfr Carta Encíclica Laudato si’, 139.

[13] Mensaje a los participantes en el XXV período de sesiones de la Conferencia de los Estados Parte en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, 1 de diciembre de 2019.

[14] Cfr Mensaje a la XXXI Reunión de las Partes del Protocolo de Montreal, 7 de noviembre de 2019.

[15] Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 16.3.

[16] Cfr Discurso sobre las Armas Nucleares, Parque del epicentro de la bomba atómica, Nagasaki, 24 de noviembre de 2019.

[17] Cfr ibíd.

[18] Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, Preámbulo.

49 comentarios en “El Papa vuelve a arremeter contra el nacionalismo en su mensaje ante la ONU
  1. esteban, tu manipulación es de alguien que no ignora, sino que falsea aviesamente la verdad, como Specola. El multilateralismo no es globalización. El gobierno mundial ya fue defendido con resultados catastróficos, de lso que nunca se arrepintió formalmente, por el Papado, con su idea imperial, que tiene variados defensores medievales, como Dante. La condena del nacionalismo es constante en la Doctrina Social de la Iglesia y, por tanto en el Catecismo. Los nacionalismos han venido de la mano de las revoluciones: americana, francesa, … No se en qué parte de las Sagrada Escritura o de la Tradición o del Magisterio se encuentra la base para “sacralizar” las fronteras y las formas de gobierno que hacen del egoísmo intransigente el fundamento de la acción política, porque ni el fascismo ni los demás radicalismos encuentran acomodo en la fe cristiana.

        1. Le voy a poner un ejemplo: si el vaticano adopta una religión distinta a la que tiene, deja de ser El Vaticano, puesto que vaticano y catolicismo son “sinónimos”. La identidad del Vaticano es mantener el mensaje de Cristo. Pero si el vaticano deja de ser católico ha perdido su identidad

          1. un ejemplo que le sirve para echar su bilis, pero que nada explica sobre cuál es la “identidad” de las naciones. Sobre toodo porque realmente el Vaticano es uno de los pocos estados con identidad indiscutible: es un instrumento jurídico y político que creó la Iglesia Católica, concretamente su cabeza, el Papa, para dotarse de una protección y de unos medios para relacionarse con los estados en el mundo. Decir que “vaticano y catolicismo” son sinónimos es como decir que “el cura de mi pueblo y el cristianismo” son sinónimos. Términos imprecisos, confusos, muy propios de los faná ticos que escriben por aquí.

    1. Casali, los rollos y palabrejas que sueltas no tienen el mínimo que haría falta para llegar a cualquier corazón, o decir por lo menos decir algo. Debes cambiar y esforzarte en lograr subir de tercera división a segunda B.

    2. Casali, exaltar el globalismo es tan malo como exaltar el nacionalismo. Asi lo establece el Evangelio que no reconoce más Dios que a Jesucristo, no reconoce otro gobierno mundial que el que tiene el Rey de Reyes, el Creador de todas las cosas.

      1. esa teología política ya me suena: ¿eres testigo de Jehová o evangélico? En esas sectas no sois capaces de aceptar una realidad que desde los primeros cristianos sí contaron con ella: el dualismo entre realidad y gobierno temporal; y realidad y gobierno espiritual. No es nada oportuna la respuesta, porque, sin negar la soberanía universal de Jesucristo, hasta su venida final, en la práctica: ¿qué hacemos con los millones de personas que no aceptan esa soberanía? ¿Deben desaparecer todas las estructuras políticas y administrativas en el mundo, dado que Uno sólo es el Señor? Ya te digo que esa respuesta tuya tiene resabios de secta fun da mentalista.

  2. ¿ Porqué no empieza, de una vez, dando ejemplo y acabando con el nacionalismo vaticano, que le protege de ser juzgado por encubrimiento de los varios macarris y zanchettas ?

  3. ¡Dios mío! Cómo se pueden decir tantos diaparates. Si fuera una persona del montón ya me horrorizaría, siendo un sacerdote pues más, pero ¿siendo el…Papa? Igualar “nacionalismo” (que nos suena a reivindicador y separatista) con patriotismo, el sano amor a la Patria, que TODOS los Papas han defendido… Bueno – horror total

    1. el nacionalismo es un patriotismo con cáncer. No es admisible en la doctrina católica equiparar bienes secundarios, ordenaciones temporales y discutibles de la vida humana, como la patria, con las verdades absolutas y exigencias evangélicas.

      1. O sea, el judaísmo es un cáncer. Jesús nunca condeno el judaísmo y les dijo olvidaros y aceptar la dominación romana. Cristo nunca condeno la existencia de distintos estados

        1. El judaísmo es una religión. El nacionalismo judío, y más todavía el sionismo, su versión radical, más ideológica, del siglo XIX, es un cáncer muy destructivo.
          Por otra parte tu respuesta es incoherente: yo no he dicho que los estados y las naciones sean “malos”; sino que son construcciones humanas, accidentales, lo que no impide que puedan ser útiles en unos momentos u otros. También el feudalismo fue útil para mantener a la sociedad europea occidental en la alta Edad Media.

    2. Pero en qué momento ha dicho que no hay que respetar proteger la Patria?, yo desde luego no lo leo en ningún sitio-
      Dice que ante problemas comunes la respuesta debe ser común, no que cada Estado no tenga el derecho (y el deber, creo yo) de defender su idiosincrasia.

      1. pero Carlos Daniel, ¿te piensas que esta pandilla de fa náti cos ha leído el texto? Basta con que aparezca el nombre de Su Santidad para que empiecen a insultar y escandalizarse. Claro que el Papa Francisco no es “globalista”. No niego que a veces diga cosas muy opinables, pero en este tema siempre mantiene una postura que para gente normal y recta es poco discutible: defiende la necesidad de actuar de modo solidario entre las naciones y, como hicieron los papas anteriores, y muy especialmente S. Pablo VI, S. Juan Pablo II y Benedicto XVI, promueve que una organización que existe, con grandes problemas, como es la ONU, pueda, al menos, servir como medio para hacer algún bien.

  4. Menos mal que siempre se cumple lo que la hermosa Virgen inmaculada dijo: ” desbarata los proyectos de los soberbios, y derroca a los poderosos”.
    También en nuestra época se cumplirá. No sé si todos lo veremos con nuestros ojos mortales, pero ocurrirá.

  5. No no nos hagamos ilusiones. Ni las guerras, ni las naciones, ni las regiones, ni las razas, ni las diversas creencias y religiones, ni la propiedad privada, ni las enfermedades, ni las inundaciones, ni los huracanes, ni los rayos caidos de arriba, ni los ladrones, ni los dictadores, etc. etc. se terminaran. Todo estara presente de un modo u otro. Solo en el cielo con Dios estaremos felices y seguros, si vivimos los diez mandamientos.

  6. Hablemos del nacionalismo del Estado de la Santa Sede, su gobierno, Constitución y leyes, su control hermético de fronteras, pasaportes y población, su presencia en todos los Estados y Organizaciones Internacionales…

  7. Una vez más Francisco se equivoca. Un Estado soberano que aplica un proteccionismo de sus rectos valores, es preferible al globalismo que expande el error por doquier. Además, el cuarto mandamiento de la ley de Dios es fundamento del patriotismo que constituye un valor intrínseco.
    Y no debemos olvidar que cuando Francisco habla a la ONU, debería hacerlo con actitud profética, denunciando el pecado. Si fuera un buen pastor, en ese discurso habría condenado de forma explícita el aborto y la ideología de género que están siendo promocionados por la ONU..

    1. Eso supone partir de una premisa previa, como es que el globalismo expande los errores, no digo que no expanda errores pero tambi´
      en el nacionalismo u el patriotismo exacerbados lo hacen.
      Por favor, hay que intentar ser más ecuánimes, para no criticar in toto lo que opina aquí el Santo Padre, lisa y llanamente porque no dice con las palabras que a uno le gustaría lo que a uno le gustaría.
      Un valor intrínseco el patriotismo?, cuál el de cada Estado, pero en qué texto del Evangelio se puede leer eso, y yo que pensaba que Dios pretende de todos ser sus Hijos…no se igual tendría que ir a ese mismo Seminario donde algunos se han educado para verlo de otra manera…

  8. Precisamente soy especialista en bioética, que es una parte de la moral, así que no creo que usted pueda juzgar mis conocimientos en la materia, aunque respeto su derecho a expresar su opinión.
    Y en cuanto a lo de escribir en Infovaticana no creo que sea una pérdida de tiempo, sino una contribución al servicio de la Iglesia, para refutar el error venga de donde venga.

        1. yo también agradezco su presencia combatida directamente por los casalis y demás motes que esconden a personas que vienen aquí a insidiar, mentir, insultar y distorsionar la verdad. Gracias por su presencia y su elegante tenacidad.

    1. bien sabio es, que hasta adoctrina al Papa. El deber de respeto y obediencia a Su Santidad tampoco es que lo llleves hasta el extremo, “bioético”, poruqe se ve que eso no entraba en el temario

      1. Casali, piense que Sta. Catalina de Siena corrigió al Papa cuando consideró que debía hacerlo. Los cristianos podemos disentir respetuosamente de las opiniones y acciones del Papa.

  9. Supongo que vuestra defensa del nacionalismo es integral y por tanto os parece bien el nacionalismo vasco y catalán así como otros movimientos nacionalistas que hay por Europa

    1. A mí concretamente no me parecen igual los nacionalismos basados en el patriotismo y la verdad que los basados en la mentira, en la violencia, en la invención de la historia como esos que usted cita.

      1. Pero si tienen mucho en común como un odio tremendo a cualquiera que se atreve a poner en duda el nacionalismo que por lo general está lleno de eslóganes patrióticos y vacío de contenido social que es lo que engrandece a un país.

    2. Lo primero es diferenciar entre el amor a la patria y el nacionalismo. Lo malo de nuestra época es que desde lugares de poder se usan palabras que abarcan demasiados significados, y así cuela todo. Cuando no se es preciso al comunicarse, y eso es lo que se pretende, se dice blanco, cuando en realidad se piensa negro. Y gracias a los bajísimos níveles de nuestra educación estatal, todo el mundo asiente.

  10. Francisco debería esforzarse más en aclarar que el camino que señaló como justo se aparta del todo del globalismo que vemos afianzarse más cada día en la ONU y en otros organismos internacionales: un globalismo que apuesta por el aborto como medio de control demográfico, la ideología de género y la eutanasia (ademas de los objetivos propios de mermar soberanía a las naciones…). La cooperación entre las naciones para afrontar problemas graves comunes es necesaria del todo, pero hay que marcar límites a los medios que pueden emplearse

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