“Los presos venían a trabajar al Valle de los Caídos porque aquí vivían mejor”

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Valle caidosPublicamos un extracto de la entrevista publicada por el Diario El Prisma a Santiago Cantera, Prior de la Abadía del Valle de los Caídos. ¿Cómo empieza la historia del Valle de los Caídos? La fundación del Valle de los Caídos tiene lugar en el año 1958. Hacia el final de la guerra se va pergeñando la idea, parece que Franco en los años de la guerra tiene la idea de construir el monumento y sale un decreto. El primer documento conocido es un decreto de 1 de abril de 1940, un año después de finalizar la guerra, en el que se alude a otro del que no tenemos constancia. En este ya se decide construir un monumento en la Sierra de Guadarrama a la memoria de los caídos. Con los años esto se va a ir perfilando cada vez más y los demás documentos son de 1957, cuando ya se crea la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. ¿Con qué idea se construye este monumento? La idea que se va afianzando cada vez más está orientada a la reconciliación nacional entre los dos bandos enfrentados en la guerra y con una triple dimensión. ¿La primera diimensión? La presencia de una comunidad religiosa que atienda espiritualmente el monumento, -inicialmente no se pensaba ni en los benedictinos, ni tan siquiera en frailes, sino en una comunidad religiosa quizá más de dimensión social y apostólica pero al final vinimos los benedictinos para dar mayor realce a la liturgia (benedictinos de Silos)- y la misión de esta comunidad es también orar por la paz en España y por las almas de todos los que murieron en la guerra y que están sepultados aquí. ¿La segunda? La segunda dimensión es la del hermanamiento, un hermanamiento entre los caídos de uno y otro bando trayendo los restos de ellos aquí, con un registro de cerca de 34.000, aunque muy posiblemente la cifra real se pudiera elevar incluso a 50 o 60.000, por la dificultad de contabilización de las fosas comunes entre otras causas. ¿Y por último? En la tercera dimensión, puesto que en el origen de la guerra en parte hay unas causas de tipo económico, social, laboral, diferencias hirientes, etc. y para que una cosa así no se volviera a producir, se decidió crear un Centro de Estudios Sociales inspirado en la Doctrina Social de la Iglesia que estudiase la realidad social y económica española fundamentalmente para promocionar un futuro de paz y de justicia social en España. ¿Y cuándo llegó la comunidad a la abadía? La comunidad viene en julio del 58, en abril del 59 tiene lugar la inauguración oficial y en junio del 60 la basílica es consagrada como tal por disposición del papa san Juan XXIII por medio del cardenal Gaetano Cicognani. Pío XII había tenido una intervención en la que elevaba el monasterio a la dignidad de abadía de forma inmediata a la fundación, lo cual es un caso único en el siglo XX. Aquí hay dos intervenciones pontificias de inicio, lo cual hace que el Valle de los Caídos entre en lo que es el derecho pontificio. Hay muchas historias que giran en torno a la construcción del Valle de los Caídos, ¿puede hablarnos un poco de cómo fue? Se fue construyendo en dos fases fundamentalmente, correspondientes a dos arquitectos, obra continua pero con dos arquitectos: Pedro Muguruza hasta el año 1950 y luego desde el 50 hasta el 58 le sustituye su discípulo Diego Méndez, por enfermedad de Muguruza que moría en el 52. Para el tema de los presos, os podría servir mucho más si os pusiérais en contacto con el autor de una tesis doctoral que ahora mismo está en vías de publicación, en el CEU a cargo de Alberto Bárcena. Su formación es de Derecho pero se ha dedicado cada vez más a la Historia y elaboró una tesis sobre la redención de penas en el Valle de los Caídos. Es cierto que buena parte de los trabajadores que estuvieron en el Valle de los Caídos hasta el 50, después ya no, habían sido presos, procedentes del bando republicano en la guerra, aunque no eran propiamente presos políticos, sino que las causas, las motivaciones habían sido en buena parte, por temas de delitos de sangre cuando la contienda. ¿Qué más puede decirnos de lo que aparece en esta tesis doctoral? El trabajo penitenciario es algo que sobre todo hacia el último tercio del siglo XIX va a tomar una variante especial que es la reducción de penas por el trabajo. Todo el pensamiento político penitenciario europeo y norteamericano del último tercio del siglo XIX ve como una posibilidad de reincorporación y de reforma interna del penado el que pueda trabajar para volver a la vida social. En España lo que se va a adoptar es la redención de penas que da unos pasos más allá. ¿En qué consiste la redención de penas? El tiempo de trabajo va a tener una equivalencia en tiempo de condena, una equivalencia favorable para el penado, es decir, un día de trabajo va a ser equivalente a dos de condena, luego se amplía a tres y finalmente se acaba ampliando hasta a seis. Un día de trabajo equivalía prácticamente a una semana de condena, con lo cual una pena de 30 años, que era la conmutación de la pena capital por delitos de sangre, se acababa reduciendo a 5 o 6 años de condena, ¿por qué en gran medida?, bueno en esto hay una idea cristiana de fondo, que promueve sobre todo un jesuita, el P. Pérez del Pulgar, que trata de mover el tema de la redención, de redimir al penado, que el penado se reintegre, se reforme y que se reduzca la pena. Luego hay otro factor que es de tipo práctico, en cierta manera, que es que, al final de la guerra, el nuevo Estado Español se encuentra una cantidad inmensa de presidiarios en las cárceles por causas de la guerra, entonces se plantea si dar un indulto general o una amnistía a todos, pero si ha habido delitos de sangre, no parece lógico de momento, entonces lo que se hace es optar por esta vía y en muy poco tiempo las cárceles españolas se van vaciando. ¿Esto solo se hace al finalizar la guerra? En el bando republicano había existido también esto, el trabajo de los presos, pero no la redención de penas, además la redención de penas conlleva también que el penado está cobrando un salario, se establece por ley que el salario que cobra el penado tiene que ser igual al de un trabajador libre del ramo y en el lugar donde trabaja. ¿Y cuáles eran las condiciones aquí en el Valle? Aquí en el Valle estaban bastante bien pagados; venir a trabajar a un destacamento de trabajo era una opción libre, además en ese momento en el derecho penitenciario no existía el concepto trabajos forzados que existe por ejemplo en la Francia de De Gaulle y en otros países de la época. Es verdad que existe la obligatoriedad del trabajo pero luego por otra parte es voluntario el decidir dónde y cómo se hace. Todos los que vinieron al Valle de los Caídos vinieron pidiéndolo porque habían oído que las condiciones eran muy buenas pero cuando llegaban aquí todavía eran mejores de lo que esperaban. La mayor parte vinieron de la prisión de Ocaña. Los presos llegaban aquí y entonces… Entraban en un régimen, que se llamaba de mínima vigilancia y puerta abierta prácticamente, que consistía en que por todo el recinto del Valle se podían manejar con toda libertad, solo con permisos verbales y habia un pequeño destacamento de la Guardia Civil custodiando el recinto. En el interior había tres poblados correspondientes a tres empresas que tenían a todos los presos: Molán, San Román (eran las dos en que en mejores condiciones estaban) y Banús, que fue la primera que lo solicitó, donde sí había ciertas condiciones peores. En cada uno de estos destacamentos había solo 2 funcionarios de prisiones, no había ni rejas, al principio llevaban uniforme, luego ya no, tenían trato normal con los trabajadores libres y luego las raciones de comida que se conocen eran muy ricas en calorías, más ricas que en la mayoría de prisiones, incluso sabemos por testimonios de personas, que venían aquí por razones comerciales, que se encontraban con que aquí se comía carne de vacuno de Peguerinos –que no se comía ni en Peguerinos-, que es un pueblo del otro lado de la Sierra. ¿Qué pasaba cuando terminaban sus trabajos? Al final de la estancia, muchos continuaron trabajando aquí y a otros se les dieron viviendas de protección oficial, viviendas sociales, del Ministerio de la Vivienda, en tres barriadas de Madrid: Fuencarral, San Blas y Pan Bendito. Otra de las cuestiones que más han llamado la atención es el tema de las familias que venían a veranear aquí, familias de los presos, lo más opuesto a la imagen de lo que es un campo de concentración nazi o un gulag soviético. Venían aquí porque además decían que el clima era muy saludable, las familias venían, se establecían aquí en viviendas y llegó un momento en que las autoridades del Valle informaron a instancias superiores de que esto se estaba conviertiendo en una colonia de veraneo.  

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