Este 1 de noviembre de 2026, en la Solemnidad de Todos los Santos, la diócesis de Culiacán publicó una carta-circular firmada por el obispo Jesús José Herrera Quiñónez por la que actualiza la situación del padre Clemente Morales Topete, párroco de Cristo Resucitado y lanza un llamado explícito a la justicia y la paz en medio de la violencia que azota a Sinaloa. Ese mismo comunicado fue difundido en las redes sociales de la Conferencia del Episcopado Mexicano.
La crónica de hechos se dio apenas unos días atrás cuando el sacerdote fue reportado como desaparecido desde la tarde del sábado 24 de octubre. La diócesis hizo pública la información disponible, se sumó a la ficha de búsqueda del Gobierno de Sinaloa e informó a la Conferencia del Episcopado Mexicano que invitó a la oración y a la colaboración. El martes 27 de octubre, Clemente Morales regresó por sus propios medios, conduciendo su camioneta a la casa parroquial; aunque en un principio no se dio cuenta de las condiciones de salud, en este carta circular, la diócesis reveló que el sacerdote llegó en un estado “lamentable”, con evidentes muestras de la violencia sufrida. Fue atendido de inmediato por miembros de su comunidad, sacerdotes, un médico y autoridades.
Tras el regreso, fue trasladado a una clínica para atención médica especializada. Presentaba múltiples golpes y quemaduras en distintas partes del cuerpo. Aunque las lesiones no ponían en peligro inmediato su vida, sí requerían cuidado y seguimiento. La experiencia dejó también afectaciones psicológicas y emocionales derivadas de las amenazas recibidas. Actualmente permanece bajo observación médica; su evolución es favorable, pero la recuperación exigirá tiempo, cuidados y acompañamiento integral. La diócesis subraya que la recuperación de quien ha sufrido violencia requiere respeto, comprensión, cercanía y un entorno que permita recobrar tranquilidad y confianza.
Sobre las circunstancias de los hechos, la circular confirma, con responsabilidad y sin adelantar conclusiones que pudieran comprometer las investigaciones abiertas, que el sacerdote “fue levantado por un grupo de personas desconocidas y trasladado a un lugar desconocido, fue golpeado y le provocaron incluso quemaduras graves en su cuerpo, pidiéndole información que él no conocía y por lo cual no podía ofrecer, fue retenido durante tres días en los cuales recibió amenazas de muerte reiteradamente, hasta que lo liberaron el pasado martes”.
La carta expresa gratitud por la solidaridad, la oración y el acompañamiento de comunidades, instituciones y medios. Al mismo tiempo, sitúa el dolor del P. Clemente en el de tantas familias que esperan noticias de personas desaparecidas. “Como Iglesia, somos parte del Cuerpo de Cristo. Por eso, el dolor de quienes sufren no nos es ajeno.” Reprueba, rechaza y condena las acciones que atentan contra la vida y la integridad física y moral, incluidas las torturas físicas y psicológicas y las detenciones arbitrarias, citando la Constitución pastoral Gaudium et spes (n. 27). Ninguna circunstancia justifica el maltrato, las amenazas, las agresiones ni la desaparición de un ser humano.
El obispo dirige un llamado firme a quienes generan violencia: “por compasión, ¡Deténganse! Ninguna vida humana es desechable. Ninguna familia merece vivir bajo la amenaza, el miedo o la incertidumbre.” Recuerda que la misericordia divina no significa indiferencia ante el mal ni elimina la responsabilidad por los propios actos. Se ora por la conversión de quienes hacen el mal, pero esa oración no implica aprobación ni justificación de sus acciones.
A las autoridades municipales, estatales y federales se les agradece el esfuerzo realizado para que el sacerdote volviera con vida, y se insiste en continuar el trabajo coordinado para esclarecer los hechos, identificar a los responsables y garantizar que respondan ante la justicia. Sin embargo, se expresa preocupación porque, después de más de dos años de esta situación, con el sufrimiento de familias, desapariciones, privaciones ilegales de la libertad, muertes violentas y, en los últimos meses, feminicidios, lo realizado no ha sido suficiente para devolver la tranquilidad. “No bastan los discursos ni los datos estadísticos cuando las familias continúan sufriendo y las personas siguen viviendo con temor.” Se exhorta a fortalecer prevención, seguridad, búsqueda de desaparecidos, procuración de justicia y atención integral a las víctimas. La paz es responsabilidad compartida, pero las autoridades tienen una responsabilidad particular e irrenunciable.
A la sociedad sinaloense se le pide mantener la solidaridad y el respeto hacia las víctimas y sus familias. Preocupa que, además del sufrimiento físico, algunas enfrenten señalamientos, burlas y juicios precipitados en redes sociales. Se invita a la prudencia: una opinión personal no constituye por sí misma una verdad, y antes de compartir información conviene preguntarse si es verdadera, si ayuda a esclarecer los hechos y si respeta la dignidad de las personas. El Evangelio llama a reconocer en el otro a un hermano, no a un objeto de sospecha o condena.
Finalmente, el obispo reitera que la sociedad no puede resignarse a vivir bajo el temor ni permitir que la violencia determine las relaciones. “Queremos la paz y debemos buscarla juntos.” Recuerda las palabras del Papa Francisco, citadas por el nuncio apostólico Mons. Joseph Spiteri durante su visita pastoral: “la paz social es un trabajo, artesanal”. Invita a familias, instituciones educativas, organizaciones civiles, empresarios, medios, comunidades religiosas y personas de buena voluntad a construir caminos de encuentro, reconciliación y respeto a la vida. Confía en Jesucristo, “nuestra paz”, y pide la intercesión de Nuestra Señora del Rosario, patrona de la catedral y de la Iglesia diocesana, por Culiacán y todo Sinaloa, especialmente por las familias que buscan a sus seres queridos y por la conversión de quienes han elegido el camino de la violencia.
El documento cierra con el compromiso concreto de trabajar por la verdad, la justicia y la paz y con la petición de gracia para ser “artesanos de paz y testigos de esperanza”.
La carta-circular del obispo de Culiacán puede ser descargada en el siguiente enlace: