Tras discusiones y deliberaciones y el regreso del arzobispo Aguiar de Roma, se da la designación del nuevo rector de Basílica de Guadalupe, el canónigo exorcista Daniel Villalobos Ortiz como nuevo rector de la Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe lo que adquiere un significado particular cuando se observa el procedimiento seguido. Según el marco canónico aplicable y las prácticas habituales en este santuario, Carlos Aguiar Retes realizó el nombramiento a partir de una terna de candidatos presentada por el propio Cabildo. Esta circunstancia deja fuera, al menos en esta ocasión, a posibles aspirantes externos que contaban con el respaldo o la preferencia del arzobispo primado.
La elección de un canónigo que ya forma parte del cabildo y que conoce de primera mano tanto los problemas estructurales como las tensiones internas recientes constituye, por tanto, una decisión cargada de implicaciones políticas e institucionales.
La salida del canónigo Efraín Hernández Díaz, tras los graves señalamientos de malversación, opacidad financiera y manejo irregular de recursos que formulara el propio cabildo, dejó a la Basílica en una situación de fragilidad institucional y de erosión de credibilidad pública. La controvertida restitución del anterior rector en mayo de 2026, realizada de manera unilateral y sin el beneplácito explícito de la nunciatura y de la Conferencia del Episcopado Mexicano en ese momento, profundizó las fracturas internas y generó un clima de desconfianza que ahora el nuevo rector deberá enfrentar desde el primer día.
Villalobos Ortiz, nacido en 1968 y ordenado en 1998 por la imposición de manos del cardenal Norberto Rivera Carrera, llega al cargo con una trayectoria pastoral extensa. Su paso por diversas parroquias de la arquidiócesis, su servicio como Vicario Episcopal y, especialmente, su reciente incorporación al Cabildo como canónigo (2024) y como canónigo exorcista le otorgan un conocimiento directo de los mecanismos de gobierno del santuario y de las heridas abiertas en los últimos meses. Esta condición puede facilitar una renovación real de las estructuras administrativas, de control de recursos y de acceso al camarín de la tilma; sin embargo, también lo coloca bajo una observación pública e interna particularmente exigente, sobre todo, para saber cómo ha de responder su antecesor especialmente por haberse dado una investigación canónica previa.
El cabildo que lo propuso en la terna espera, razonablemente, que el nuevo rector impulse cambios concretos en la gobernanza del santuario, mayor transparencia en el manejo de las cuantiosas ofrendas, revisión de contratos y procesos de contratación, restablecimiento de los mecanismos colegiados de decisión y una pastoral más acorde con la dignidad del principal centro de peregrinación mariana del continente. Cualquier percepción de continuidad con los vicios de gestión anteriores, o de excesiva deferencia hacia el arzobispo que finalmente lo nombró, será interpretada de inmediato como un fracaso de la apuesta por la renovación interna.
Villalobos Ortiz asume, pues, una responsabilidad doble, por un lado, sanar las relaciones deterioradas entre el cabildo y la autoridad arquidiocesana; por otro, demostrar con medidas verificables que la designación de un canónigo del propio cabildo no fue una maniobra de cierre de filas, sino el inicio de una etapa distinta. La lupa pública y la de los propios canónigos que denunciaron las irregularidades, estará puesta sobre cada decisión administrativa, cada nombramiento y cada comunicado que emita en las próximas semanas y meses.
La Basílica de Guadalupe no puede permitirse otro episodio de opacidad o de confrontación interna. La credibilidad del santuario, ya golpeada, depende en buena medida de que el nuevo rector logre traducir la confianza que el cabildo depositó en él en reformas estructurales tangibles y no solo en un cambio de nombres. El éxito o el fracaso de esta transición no se medirá por comparsas, sino por la capacidad real de restaurar la confianza en la gestión del santuario que deja millonarios recursos de los peregrinos y fieles de México y el mundo entero.