En marzo de 2026, Alba Sally Sue Hernández García, de 48 años, alcanzó un hito histórico para el anglicanismo latinoamericano al proclamar triunfalmente el evangelio en español durante la entronización de Sarah Mullally, la primera arzobispa de Canterbury. La imagen recorrió el mundo, la reverenda mexicana, primera al frente de la diócesis anglicana de México desde 2022 y primada de la comunión anglicana de México; sin embargo, mientras los flashes internacionales celebraban inclusión y diversidad, en México una tormenta interna azota una crisis de poder, irregularidades canónicas y un sospechoso intervencionismo estatal que parece pavimentar el accidentado camino que llevó al poder a la “reverendísima” Sally Sue.
En el más reciente episodio de Bajo Llave, los periodistas Juan Pablo Reyes, Lilian Reyes, Maru Jiménez y Felipe Monroy diseccionan con rigor periodístico la pugna que enfrenta a la iglesia anglicana de México, una provincia autónoma de la Comunión Anglicana con solo cinco diócesis, México, Cuernavaca, Norte, Occidente y Sureste y una presencia modesta de fieles que parece pulverizarse. Su análisis no deja lugar a dudas, la elección de Sally Sue como primada en el Sínodo General del 21 de marzo de 2026 estuvo marcada por vicios graves que, para dos de los cinco obispos diocesanos, la invalidarían por completo.
De acuerdo con los analistas, las delegaciones de Occidente y Sureste fueron literalmente “encerradas” y privadas de su derecho a voto, tal como lo establecen los estatutos del anglicanismo. En medio de ese clima de exclusión, los tres obispos restantes, Sally Sue, entonces obispa de México, Enrique Treviño Cruz, de Cuernavaca y ex primado, y Óscar Gerardo Pulido García, de la diócesis del Norte, proclamaron la elección y declararon vacantes las sedes de Occidente y Sureste. Los obispos Ricardo Joel Gómez Osnaya y Julio César Martín Trejo fueron defenestrados. Para los periodistas, este no fue un mero desacuerdo teológico, fue un golpe que violó el espíritu sinodal de la tradición anglicana donde laicos, clérigos y obispos deliberan conjuntamente.
El conflicto escaló a los tribunales federales y puso en evidencia el papel controversial de la Secretaría de Gobernación. Lilian Reyes fue tajante: “O sea, ella misma está validando, a pesar de que hay una investigación todavía en curso, todavía está validando a una parte de esta iglesia y que eso también es grave”. Los dos obispos destituidos fueron borrados de inmediato del Registro de Ministros de Culto tras una queja presentada por el grupo de Treviño y Sally Sue. Curiosamente, meses antes Gómez y Martín habían presentado sus propias quejas contra Treviño, pero Gobernación hizo caso omiso. La directora de Asuntos Religiosos, Clara Luz Flores, incluso sostuvo reuniones públicas con la nueva primada y las difundió en redes, validando de facto el favor a una de las partes mientras el litigio seguía abierto.
Los obispos Gómez y Martín interpusieron un amparo contra la omisión y la baja registral. Juan Pablo Reyes detalló el tortuoso camino: el juez federal inicialmente les dio la razón, pero luego les negó “personalidad jurídica” argumentando que, al no estar reconocidos como obispos por la iglesia anglicana ante Gobernación, carecían de interés legítimo. El Tribunal Colegiado confirmó la decisión. El caso amenaza con llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación en un terreno inédito, ¿puede el Estado mexicano decidir quién es obispo legítimo de una iglesia autónoma?
Detrás de la disputa canónica yace, según Bajo Llave, una lucha por el control financiero. Felipe Monroy recordó que en 2019 la iglesia inició un proceso de autonomía financiera, dejando atrás la dependencia de misiones británicas y estadounidenses. Las diócesis de Occidente y Sureste, bajo Gómez y Martín, manejaban propiedades, templos e inmuebles registrados ante notarios y bancos. La destitución les quitó la firma legal y el acceso a cuentas. “El verdadero problema es el dinero”, coinciden los conductores. Las acusaciones de “ladrones” y “prófugos” que circulan en comunicados y redes sociales nunca han sido acompañadas de denuncias penales formales ni órdenes de aprehensión.
Maru Jiménez aportó el contexto inicial de las irregularidades del sínodo, mientras Felipe Monroy y Juan Pablo Reyes subrayaron un punto clave: la la iglesia anglicana de México es una de las iglesias cristianas donde los laicos tienen peso real en la toma de decisiones. El sínodo es deliberativo. Por eso, argumentan, excluir delegaciones enteras no solo viola estatutos, traiciona el ethos anglicano. Y el Estado, al acelerar la baja registral de dos obispos sin esperar resolución judicial, incurre en un intervencionismo que contraviene la reforma constitucional de 2011.
Lilian Reyes también destacó que “los fieles han estado entregando cartas” y que en redes sociales se multiplica el apoyo a los obispos defenestrados. La directora de Asuntos Religiosos ha manifestado aspiraciones electorales en Nuevo León, estado donde la diócesis del Norte, del obispo Pulido, tiene peso. Treviño, ex primado, busca mediadores mientras anuncia su jubilación. Y los inmuebles, algunos registrados antes de 1992, siguen en disputa.
Los periodistas concluyen con rigor de análisis, si el Poder Judicial federal niega el amparo, como parece probable, Gómez y Martín podrían seguir pastoreando a sus fieles bajo otra denominación en el cisma bajo denominaciones separadas como una nueva “Iglesia Anglicana del Occidente” o “del Sureste” manteniendo fuera de la estructura de la iglesia anglicana oficial mexicana liderada por Sally Sue. Sería la pulverización de la unidad. “Los más perjudicados son los fieles”, repiten los cuatro conductores porque en última instancia, la fe no se administra en juzgados ni en oficinas de Gobernación, se vive en las comunidades.
El caso de Sally Sue Hernández García exhibe una subida de tensión en el débil pulso que hace sobrevivir al anglicanismo en México cuyos líderes buscan suministrar una terapia de choque al agónico paciente. Entre el impulso inclusivo y modernizador que ha impregnado a esa iglesia con el nombramiento de mujeres obispas, por un lado, expone el reverso de la moneda con la necesidad de respetar procedimientos internos transparentes contrastando con su pretendida actualización. La legitimidad no se gana solo con honores internacionales. Se construye o se derrumba en la coherencia de los procesos sinodales y en la equidistancia con el Estado. Mientras los tribunales resuelven, los fieles anglicanos mexicanos esperan algo más simple, que sus pastores dejen de pelear por títulos y privilegios y demuestren lo que, con insistencia quieren aniquilar: Su languideciente comunión.
Aquí el análisis completo de Bajo Llave
https://youtu.be/6KhWqF3rKsc?si=aij_IfkMDIU0sNkv