Vamos mediando junio, el tiempo vuela, el viaje a España ha terminado con buena nota, y el Papa León XIV ha pasado la prueba de su primer viaje internacional complicado. Un lunes tranquilo en Roma, se nota la resaca después de los intensos días informativos del viaje a España.
No eran pocas la voces que desaconsejan el viaje papal en este momento y con argumentos muy serios. La situación política en España está rodeada de una corrupción sin fondo, con un gobierno sumido en procesos judiciales que se enredan por momentos, una maraña de personajes a los que el Papa León necesariamente tenía que saludar con una sonrisa. Nunca hemos dudado de la buena respuesta del pueblo fiel, que sigue siendo fiel incluso a pasar de ser maltratado insistentemente con pastores más que mejorables y esto se debe en gran parte a las decisiones vaticanas. Gracias a Dios, la presencia de la conferencia episcopal ha pasado desapercibida. La parte oficial en madrid, sobre todo en el congreso, marcó el nivel de viaje. Su presencia en Barcelona se sabía que se intentaría utilizar para ponerlo del lado de las trasnochadas tesis separatistas catalanas. En canarias, la ‘migración’, es caballo de batalla en toda Europa y es un punto en el que se jugaba, para entendernos, la salida o permanencia en el grupo de Sao Paulo. No es fácil saber si hemos salido del todo, seguro que no, pero desde luego parece que dentro del todo ya no estamos, que ya es algo.
En el ángelus de ayer recuerdo del viaje a España, interesante por los que nombra y por los que prefiere olvidar: «En primer lugar, expreso mi gratitud al Señor por el Viaje Apostólico que me ha permitido realizar en España. Agradezco al pueblo español, que me ha acogido con gran entusiasmo y devoción; y, de manera especial, a Su Majestad el Rey. Mi agradecimiento afectuoso va igualmente a los obispos, a las comunidades que he visitado y a toda la Iglesia que está en España. ¡Que Dios bendiga siempre a España!
El despilfarro de la Sagrada Familia.
La majestuosa basílica de la Sagrada Familia en Barcelona es un proyecto antiguo y muy costoso. Cuál es su valor actual. ¿No podrían haberse utilizado de otra manera los fondos destinados a su construcción, considerando que las obras comenzaron en 1882? ¿Cuál es su valor espiritual en una ciudad europea moderna como Barcelona, que experimenta un alejamiento de la fe?. ¿Qué espacio ocupa aún lo sagrado en nuestras ciudades? ¿Sigue teniendo sentido construir una gran basílica en un momento en que muchos creen que los recursos deberían destinarse exclusivamente a fines sociales y de bienestar?
La Sagrada Familia no es simplemente de un edificio religioso. Se trata de una obra única, una obra maestra arquitectónica sin parangón, nacida del genio de un hombre extraordinario: Antoni Gaudí. Gran exponente del modernismo, Gaudí legó a Barcelona obras tan célebres como el Parque Güell, la Casa Batlló y la Casa Milà, reconocidas hoy como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La Sagrada Familia, sin embargo, representa algo aún mayor. No es solo una obra de arte, sino una profesión de fe grabada en piedra. Cada fachada, cada columna, cada torre narra un pasaje del Evangelio. Al entrar en su interior, uno se siente como en un bosque de luz, donde la arquitectura atrae naturalmente la mirada hacia arriba, hacia el cielo.
Una civilización no solo vive de pan, sino también de significados, símbolos y belleza. Las catedrales, las basílicas, las grandes obras de arte que admiramos hoy nacieron a menudo gracias al sacrificio y la generosidad de generaciones enteras. Nadie diría hoy que la Capilla Sixtina o nuestras catedrales fueron inversiones inútiles o excesivamente costosas. La belleza auténtica no le quita nada al ser humano: le restituye una parte esencial de su humanidad y trascendencia. En una Europa marcada por la pérdida del sentido de lo sagrado y el alejamiento de la práctica religiosa, especialmente entre las generaciones más jóvenes, la Sagrada Familia continúa cumpliendo una misión silenciosa pero poderosa. A través de su extraordinaria belleza artística y arquitectónica, da testimonio de la existencia de un pueblo que aún busca a Dios, lo celebra y lo venera.
Millones de visitantes entran cada año a la basílica como simples turistas y se marchan con preguntas mucho más profundas, porque el arte aún tiene el poder de conmover el corazón. El arte, cuando es auténtico, nos introduce al misterio. La belleza no impone la fe, sino que abre un destello de esperanza hacia el Infinito. La basílica se convierte así en un signo visible de lo invisible, un lugar donde la humanidad contemporánea aún puede percibir la presencia de Dios que acompaña a su pueblo, planta su tienda entre sus hogares y los cubre con su sombra, como relatan las Sagradas Escrituras.
Cuando le preguntaron por qué la construcción avanzaba tan lentamente, Gaudí respondió con una frase ya famosa: «Mi cliente no tiene prisa». «Dios tiene todo el tiempo del mundo». Quizás este sea el secreto de la Sagrada Familia. En un mundo dominado por el frenesí, la eficiencia y la inmediatez, nos recuerda que hay realidades que requieren tiempo, contemplación y esperanza. Descrito por muchos como un «místico laico», Gaudí dejó un monumento a la fe en el corazón de Barcelona. Una visita a la Sagrada Familia no es solo una experiencia cultural, representa también una experiencia interior y espiritual. Es un testimonio de cómo la belleza aún puede elevar el espíritu más allá de lo material. Cuando nuestros mayores empezaban un gran proyecto siempre lo hacían para gloria de Dios y confusión de herejes, en la Sagrada Familia parece que se han conseguido ambos objetivos.
La pendiente gestión de los abusos.
Ha llegado el momento de que León XIV aborde el tema de los abusos. Tras su viaje a España, durante el cual el Papa se reunió durante aproximadamente una hora con un grupo de supervivientes de la violencia clerical, ayer se publicaron los Estatutos actualizados de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores. Esta actualización, con carácter experimental por un período de tres años, fue aprobada por Robert Francis Prevost el 20 de mayo en audiencia con Parolin. Este nuevo Rescripto confirma el deseo del Papa canonista de simplificar el marco normativo, a menudo confuso, heredado de su pontificado anterior, la enésima ‘corrección’ del desastre legislativo del Papa Francisco.
La Comisión Pontificia para la Protección de Menores fue establecida en 2014 por Francisco con la tarea de «proponer las iniciativas más apropiadas para la protección de menores y adultos vulnerables». En abril de 2015, se aprobó su Estatuto (nuevamente a modo de prueba durante tres años), reconociéndola como una «institución autónoma vinculada a la Santa Sede». En 2022 cambia sin cambiar y la reforma de la Curia estableció, en el primer párrafo del artículo 78 del Praedicate Evangelium, que la comisión se creara dentro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En vista de ello, se consideró necesaria una revisión del Estatuto, y de hecho el nuevo texto incorpora la fórmula «creada dentro del Dicasterio».
León XIV sintió la necesidad de aclarar las ambigüedades legales y las responsabilidades respectivas de ambos organismos. Dirigiéndose a los participantes en la asamblea plenaria de la comisión, el Papa les recordó que la prevención era su responsabilidad, mientras que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe debía ejercer una «disciplina vigilante». Asimismo, los exhortó a entablar un «diálogo con los dicasterios», teniendo presente que estos forman parte de la Curia Romana y están integrados en un Dicasterio.
El nuevo Estatuto mantiene intacta la relación consultiva directa de la comisión con el Papa a través de su presidente, si bien la presentación del informe anual incluye la frase «tras una consulta informativa con la Secretaría de Estado», ausente en 2015. Esto también supone un ajuste al Praedicate Evangelium, que reconoce una misión específica para la Secretaría de Estado. El Rescripto parece confirmar la intención de León XIV de dejar de lado los prejuicios anti curiales de su predecesor. A pesar de estos complicados equilibrios, la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, en los últimos años ha «salvado» la reputación de la Santa Sede en varias ocasiones en el caso de Marko Rupnik.
La jornada de los pobres.
Mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, firmado ayer, 13 de junio de 2026 —en memoria de San Antonio de Padua—, toma como hilo conductor el versículo del Salmo 14: «El Señor es el refugio de los pobres». A partir de esta palabra, el Pontífice extrae un criterio para juzgar la existencia cristiana, considerando la condición de los pobres no como un problema social más, sino como un espacio teológico donde se revela el rostro mismo de Dios. El texto se divide en cinco partes. León XIV comienza con un diagnóstico : la pérdida del sentido de la trascendencia ya no se manifiesta tanto como una negación teórica de la existencia de Dios, sino como indiferencia a su misericordia en la construcción de la justicia, con una «lógica de abuso y rechazo» que recae ante todo sobre los más vulnerables. A continuación, encontramos un pasaje sorprendentemente oportuno: el clamor de los pobres se ve sofocado hoy con técnicas cada vez más sutiles, y el entorno digital «radicaliza el prejuicio» contra ellos, espesando el velo de la indiferencia.
El núcleo cristológico del mensaje identifica a Jesús como el refugio hecho visible : en la encarnación, Dios desciende «hasta lo más bajo», compartiendo la pobreza humana incluso hasta la cruz. El Papa articula una serie de preguntas de examen de conciencia: ¿llegamos a donde están los pobres? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura?. La sección final aparece San Agustín, con su comentario sobre la parábola del rico y el pobre Lázaro: Dios oculta el nombre del rico y revela el del pobre y el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Concluye encomendándose a la Virgen María, la del Magníficat que ve a los ricos despedidos con las manos vacías, pidiéndole que interceda por un mundo «herido por la arrogancia».
No salimos de sorpresas en Alemania.
Stefan Diefenbach, un ex sacerdote secularizado tras 25 años de vida religiosa y actualmente unido en una unión civil con una pareja del mismo sexo, fue el autor principal del documento «Segen gibt der Liebe Kraft» (« La bendición fortalece el amor »), publicado el 4 de abril de 2025 por un organismo conjunto de la Conferencia Episcopal Alemana (DBK) y el Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK).
En una entrevista de fecha 22 de mayo, de la que ha hemos hecho referencia, al sitio web katholisch.de , Diefenbach afirmó que, antes de la publicación, hubo contactos y consultas entre las autoridades alemanas y el Vaticano, en particular con el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández. Esta versión contradice la afirmación de Fernández de que no hubo un acuerdo detallado ni la aprobación del Vaticano sobre el texto.
Cuando se le preguntó directamente sobre la postura de Fernández, Diefenbach enfatizó repetidamente que no existían acuerdos detallados con la Iglesia en Alemania y ciertamente no había aprobación del Vaticano para el texto. Pero sostiene que «esto también es probablemente una cuestión de interpretación». Diefenbach reconoció que, tras estas críticas, el texto fue «revisado completamente una vez más», y afirmó estar sorprendido por la vehemencia de las reacciones, cuestionando si los críticos habían leído atentamente el documento o si la traducción era correcta. Describió el intento del texto como «cuadrar el círculo», tratando de conciliar las resoluciones del Camino Sinodal Alemán con las limitaciones impuestas por Roma. El documento fue criticado tanto por el Papa León XIV (23 de abril de 2026) como por Fernández (6 de mayo de 2026), quienes argumentaron que las prácticas alemanas van «más allá» de lo previsto en la Fiducia Supplicans.
«A quien te pida, dale; y no rehúyas al que quiera de ti algo prestado».
Buena lectura.