León XIV y Estados Unidos, Lopez Romero: ¿un caso aislado?, espías en el Vaticano, la validez de los sacramentos, la confusión de los fieles, la Misa en latín, la «trompeta de Jericó», tensiones sin resolver.

León XIV y Estados Unidos, Lopez Romero: ¿un caso aislado?, espías en el Vaticano, la validez de los sacramentos, la confusión de los fieles, la Misa en latín, la «trompeta de Jericó», tensiones sin resolver.
Es verano, en Roma y alrededores seguimos con  los insoportables calores y el Papa León se ha refugiado en sus villas de verano, siguiendo la sabia estela de sus predecesores más sabios. Hoy no tenemos noticias sobre actividades o intervenciones del Papa, pero si continuas reflexiones de lo que estamos viviendo. La sombra de Econe es alargada y no tenemos duda en que estará haciendo pensar, y no poco, al Papa León en medio de sus merecidos descansos. Un cisma  y unas excomuniones no son cómodas nunca y mucho menos si queremos buscar sinceramente la unidad.

León XIV, la independencia estadounidense y el Estado nacional.

El 4 de julio, León XIV aprovechó el doscientos cincuenta aniversario de la fundación de los Estados Unidos de América —su país de origen— para destacar algunas de las posturas de la Santa Sede en el mundo actual. Rechazó la invitación para participar en las celebraciones organizadas y, en su lugar, visitó Lampedusa. Allí, propuso que la Unión Europea adoptara una política de inmigración alternativa a la estadounidense, que, de ser adoptada, devolvería al Viejo Continente un papel de liderazgo político y moral a nivel mundial. Por la noche acepto la invitación a la cena ofrecida por la Embajada de Estados Unidos ante el Vaticano. 

El día anterior, Prevost había pronunciado un discurso de aceptación de la Medalla de la Libertad otorgada por el Centro Nacional de la Constitución de Filadelfia , una institución dedicada a promover la educación en los valores constitucionales de los Estados Unidos. Se centró en el tema fundamental de la fundación de los Estados Unidos: la protección de la dignidad humana mediante la garantía de los derechos fundamentales. Señaló como premisa inevitable el respeto a la vida humana, que, desde la concepción hasta la muerte natural, debe manifestarse obviamente ante todo en la protección de los migrantes y el rechazo a la guerra.

En la carta que León XIV dirigió a todos los estadounidenses el 25 de junio para conmemorar la fundación de la nación, en una referencia a la encíclica Sapientiae christianae , publicada por León XIII en enero de 1890. El documento de su predecesor marcó un punto de inflexión en la postura de la Iglesia precisamente en lo que respecta a la formación de los Estados-nación. León XIII resolvió el conflicto recordando que el Estado-nación formaba parte de la ley natural que el Creador dispuso para organizar la sociedad humana. Sobre la cuestión del ejército, León XIII ofreció una respuesta detallada y compleja. En primer lugar, argumentó que «un buen ciudadano no puede dudar de que debe dar su vida por su país», reconociendo así la organización del servicio militar impuesta por el Estado-nación como una forma de autodefensa. Luego, al especificar que el amor a la patria estaba subordinado al amor a la Iglesia, atribuyó en última instancia a esta última el juicio final sobre la moralidad de las decisiones tomadas con respecto al ejercicio de la violencia militar.

León XIII era coherente con la doctrina de la guerra justa. Esta otorgaba a los gobernantes el poder indiscutible de decidir si iniciar o no hostilidades. Así, la aceptación del Estado-nación se traducía también en la justificación de cualquier guerra que sus líderes decidieran emprender, dejando a la Iglesia únicamente la facultad de emitir juicios morales posteriores. León XIV reitera el texto de su predecesor homónimo para reafirmar que el Estado-nación se rige por el derecho natural, tal como lo interpreta la Iglesia.  La afirmación de la identidad nacional sigue siendo uno de los elementos del desarrollo histórico de la época contemporánea que la Iglesia aplaude. León XIV subraya que encuentra su expresión adecuada dentro del Estado no tanto porque este levante un ejército de masas para defenderla, sino porque promueve esa dignidad humana. 

El cardenal Lopez Romero: ¿un caso aislado?

Firmada el 6 de julio y publicada el 8, la declaración diocesana lleva la firma del cardenal Cristóbal López Romero, arzobispo de Rabat (Marruecos). El cardenal anuncia a sus fieles que Roma ha iniciado una investigación sobre una denuncia de conducta inapropiada hacia mujeres adultas. La agencia France-Presse, según informa La Croix (7 de julio), menciona a cinco denunciantes. Las denuncias, que llegaron a la nunciatura apostólica en abril, están siendo gestionadas por el vicario general, Marc Helfer, quien, respecto a los incidentes, declaró: «No sabemos si se trata realmente de agresiones sexuales, pero nadie está encubriendo nada». El cardenal: «Ya he respondido a mis superiores eclesiásticos, con quienes seguiré cooperando plenamente en la investigación». Asimismo, afirmó que no ha cometido ninguna agresión, acto de violencia ni acoso sexual.

La diócesis, que representa el 1% de la población y que ya ha enfrentado dos acusaciones de abuso clerical (A. Exelmans y Y. Grosjean), ahora lidia con una acusación mucho más grave que involucra a su propio obispo. Todos sabemos que los nombramientos de cardenales del Papa Francisco nacían de impulsos no siempre documentados. Tenemos casos de renuncia una vez nombrado al descubrir que había problemas. La pregunta inevitable es si estamos ante un caso único, o tenemos un sacro colegio muy tocado y con personajes que esperemos que de jubilen cuanto antes. El Cristobal de Rabat será juzgado por un tribunal civil compuesto por musulmanes, será curioso seguir el caso. En mayo de 2027 cumple los 75, se estirará esta situación y se intentará tapar con una discreta aceptación de renuncia. Hablamos de un cardenal con derecho a voto y que ha votado recientemente. ¿La Iglesia merece estar en estas manos?

Espionaje en el Vaticano.

Dos exagentes del servicio secreto italiano han sido arrestados en Roma acusados ​​de vender información clasificada a la inteligencia militar rusa durante años. Se trata de un caso de espionaje, como tantos otros a los que Europa se ha visto expuesta, pero entre los documentos de la investigación se encuentra un detalle que concierne directamente a la Santa Sede: según una escucha telefónica publicada por el Corriere della Sera , los rusos supuestamente instruyeron a su informante —por escrito— para que trabajara «con el Vaticano». Y, presuntamente, así lo hizo. El uso de la cobertura diplomática es una práctica habitual en el espionaje: el agente opera formalmente como funcionario de la embajada y goza de inmunidad, lo que significa que, si es descubierto, no puede ser arrestado, sino solo expulsado. El método parece haber sido extraído de un manual soviético: reuniones en bancos de pueblos costeros a lo largo de la costa del Lacio —Bracciano, Santa Marinella—, notas en papel con peticiones de superiores en Moscú, tarjetas micro SD ocultas en huecos de las paredes, sobres con dinero en efectivo. La lista de precios: cuatro mil euros por cada expediente presentado. Durante los registros, se encontraron aproximadamente veinte mil euros en efectivo en los domicilios de los sospechosos.

El 9 de octubre de 2025, los Carabinieri grabaron una de las reuniones entre Piras y Astakhov, en un banco del mirador de Bracciano. El exagente se quejó de su remuneración, acusó al ruso de haber pagado sus propios gastos y le recordó una misión específica que había recibido en el pasado: cuando «usted, junto con el general»  le había ordenado por escrito que procediera «con el Vaticano», él lo había hecho, llegando incluso a tener que hacer «una contribución al Papa Francisco».

Lo que se desconoce es el contenido específico de la actividad indicada como realizada «con el Vaticano». Los documentos conocidos hasta la fecha no aclaran si se trataba de recabar información sobre la diplomacia papal, establecer acceso a los círculos de la curia mediante donaciones y contactos, vigilar a personas u oficinas, proporcionar información sobre personas consideradas sensibles, o seguir o interceptar a prelados, laicos o periodistas. Ni siquiera está claro a quién se pagó realmente esa «limosna». No está claro si hubo algún tipo de colaboración con miembros de la Gendarmería.

Consejera se supervisión del Banco del Vaticano.

El Instituto para las Obras de Religión (IOR) ha anunciado el nombramiento de Marina Natale como nuevo miembro de su Consejo de Supervisión. Natale cuenta con más de treinta años de experiencia en los niveles más altos del sector bancario y financiero.  «Su destacada experiencia y sus dotes de liderazgo, adquiridas en los niveles más altos del sistema bancario y financiero europeo, permitirán al Instituto seguir fortaleciendo su gobernanza», comentó François Pauly, presidente del Consejo de Superintendencia del IOR, haciendo hincapié en que el nombramiento de Natale representa «una importante contribución a la consecución de los objetivos del IOR, de acuerdo con los principios de transparencia, responsabilidad e integridad» que guían las acciones del Instituto. Pues iremos viendo y lo contaremos, esperanzas pocas,

La validez de los sacramentos.

La nota, Fernández dice: «Finalmente, se advierte al santo Pueblo de Dios que los sagrados ministros de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X administran ilícitamente los sacramentos, y que el sacramento de la penitencia administrado por ellos y los matrimonios que ofician son inválidos».

La Iglesia siempre ha permitido que incluso sacerdotes excomulgados administren los sacramentos en situaciones de emergencia, como el peligro de muerte inminente del receptor. La Iglesia siempre ha priorizado la salvación de las almas por encima de la estricta observancia de las penas en situaciones de emergencia. El canon 976 del Código de Derecho Canónico establece: «Aunque un sacerdote carezca de facultad para oír confesiones, absuelve válida y lícitamente a cualquier penitente en peligro de muerte de cualquier censura y pecado, incluso si está presente un sacerdote autorizado». El canon 1335 § 2 confirma este principio: “Si una censura prohíbe la celebración de los sacramentos o sacramentales o la realización de actos propios del poder de gobierno, la prohibición se suspende siempre que sea necesario para atender a los fieles que se encuentran en peligro de muerte”.

Müller: «La nota del dicasterio, que aparece únicamente en las notas explicativas, no es clara». “La autoridad para perdonar los pecados la confiere Cristo mismo en el sacramento del Orden Sagrado, no el Papa a través de su primacía de jurisdicción, ya que los sacerdotes ortodoxos también otorgan válidamente la absolución». «El Papa solo puede prohibir el ejercicio de esta autoridad y reservar ciertos pecados para su propia absolución, como, por ejemplo, el pecado contra la unidad de la Iglesia cometido mediante una consagración episcopal no autorizada».

Aunque Müller afirmó que los sacramentos administrados por la FSSPX son válidos, recalcó que siguen estando «prohibidos». «Los creyentes deben mantenerse alejados de una comunidad que esté en conflicto abierto o cuyo líder… esté en conflicto abierto y desobedezca al Papa», los fieles deben «simplemente asistir a  la Santa Misa donde los obispos y sacerdotes estén en plena comunión con el Papa».  “Cuando se trata de matrimonio, es un poco más complicado, porque el matrimonio, después de todo, se contrae ante Dios mediante el consentimiento de los cónyuges”. “Pero la Iglesia, por muy buenas razones, también ha establecido la forma externa, aunque en ciertas circunstancias se puede conceder una dispensa del requisito formal”. “En China, las personas que desean casarse, pero que no pueden acudir a un sacerdote sin ir a prisión, por supuesto que pueden, según su conciencia ante Dios, contraer matrimonio indisoluble, y este es válido». “Pero en este caso particular [de la FSSPX], desaconsejaría que la ceremonia matrimonial la celebre un sacerdote que no esté en plena comunión con la Iglesia, porque, al fin y al cabo, el sacerdote es el testigo que representa a la Iglesia”.

La confusión de los fieles.

Las medidas extremadamente severas del Vaticano por la consagraciones no dejan de llamar la atención por muy justificadas que sean. El Vaticano se ha negado a aplicar la excomunión en numerosas situaciones muy graves dentro de la Iglesia durante los últimos 60 años. Se puede negar públicamente la fe católica, celebrar misas escandalosas, mostrar aprobación a las parejas del mismo sexo, al divorcio y a otras formas de inmoralidad. Sin embargo, desde el Concilio Vaticano II, estas acciones no han conllevado la excomunión de quienes las han cometido. Y, sin duda, resulta extremo e insólito que el Vaticano no solo excomulgue a los obispos de la FSSPX, sino a cientos de miles de fieles católicos.

¿Cómo es posible que el Papa León XIII tome medidas tan extremas? Incluso los medios de comunicación seculares se han mostrado asombrados por lo que califican de «severa e inaudita» . El contraste entre el trato que reciben los herejes declarados dentro de la Iglesia y el de los católicos tradicionales parece indicar que Roma padece un cierto síndrome de desarraigo de la tradición. Lo que Roma no quiere ver en la Iglesia es que se cuestione la Nueva Misa ni el Concilio Vaticano II. No quiere que el movimiento tradicionalista tenga los medios para continuar. No quiere que los fieles laicos sean católicos tradicionalistas.  Hay un sector de la Iglesia que está en pleno auge hoy en día, lleno de buenos y devotos católicos y de numerosas familias católicas, mientras que el resto de la Iglesia está muriendo. Y este es el sector de la Iglesia al que el Papa castiga con dureza. Roma está ejerciendo una enorme presión sobre los fieles para que dejen de asistir a la FSSPX y se integren en la Iglesia conciliar. En lugar de prometerles que comenzarán a combatir la herejía y les garantizarán la práctica de la fe católica tradicional, les ofrecen la plena comunión a cambio de que se conviertan en católicos del Concilio Vaticano II.

Sobre la Misa en latín.

Para quienes se interesan por la música sacra, la liturgia y el latín litúrgico, resulta desagradable y doloroso constatar que, una vez más, los llamados «lefebvrianos» han sido definidos como partidarios de la «Misa en latín»: esta vez de una manera no solo superficial, sino completamente errónea. Dado que las verdaderas causas del conflicto entre Roma y la Fraternidadson principalmente de naturaleza doctrinal, como se evidencia en la llamada «profesión de fe» enviada a Roma por el Superior. 

Es inaceptable contraponer la liturgia latina al Concilio Vaticano II. Este concilio, de hecho, afirmó que la liturgia debe celebrarse en latín, otorgando, especialmente en las lecturas y  amonestaciones , mayor espacio para las lenguas nacionales ( Sacrosanctum Concilium , n. 36), y exigiendo además que los sacerdotes, salvo en casos aislados, reciten el Oficio Divino (ahora llamado «Liturgia de las Horas») en latín y no en las lenguas locales. La eliminación del latín de la liturgia no es en absoluto una exigencia del Vaticano II, sino que es evidentemente un caso de esas aplicaciones distorsionadas de los textos conciliares que Joseph Ratzinger, primero como profesor, luego como cardenal y finalmente como Benedicto XVI, señaló repetidamente desde la década de 1980. El mero hecho de que todos los Papas posteriores al Concilio Vaticano II celebraran la Misa en latín es una demostración fehaciente de ello: si el punto decisivo fuera el latín, considerando que León XIV, al igual que sus predecesores, celebraba frecuentemente la Misa en latín, ¿dónde estaría el conflicto?

El Vaticano II terminó en 1965, y solo en 1969 Pablo VI promulgó el nuevo Misal Romano, seguido rápidamente por los nuevos textos para el Oficio. El Concilio de Trento (1545-1563) no desarrolló una «nueva Misa»: en 1570, Pío V indicó la forma habitual del Misal utilizada en Roma como texto normativo, pero, como es sabido, la posibilidad de utilizar otras formas estaba garantizada a quienes pudieran demostrar una antigüedad ritual de al menos dos siglos, evidentemente para evitar la infiltración de ritos de estilo protestante. Dejando de lado la cuestión de la forma del rito, recordada con autoridad por el cardenal Müller, y limitándonos a la cuestión del idioma, las campañas de prensa que instan a la Iglesia a dar mayor cabida al latín son comprensibles, pero todo esto no tiene nada que ver con las consagraciones de la Sociedad de San Pío X. Defendemos el latín, por supuesto, la lengua que unió a Occidente y al catolicismo; pero hagámoslo, por favor, con razones sólidas y no basándonos en fantasías históricas ni fundamentos inexistentes.

Los movimientos tradicionales en Francia.

Tras la ruptura entre la Sociedad de San Pío X y Roma, los católicos tradicionalistas de Francia están adoptando una postura clara: reafirman su lealtad al Pontífice y participan en los preparativos de su visita a Francia. Las recientes ordenaciones de la Sociedad de San Pío X en Écône, Suiza, y las posteriores excomuniones han inquietado a muchos, afirma Philippe Darantière, presidente de la asociación Notre-Dame de Chrétienté, que organiza cada año la tradicional peregrinación de Pentecostés de París a Chartres . «No siempre es fácil mantener la tradición y, al mismo tiempo, la unidad con la jerarquía eclesiástica, explica» y espera contar con la buena voluntad de los obispos franceses.  Los tradicionalistas franceses participan activamente en los preparativos para la visita del Papa a Francia del 25 al 28 de septiembre . Entre los participantes se encuentra la organización Notre-Dame de Chrétienté. Darantière explicó que la Archidiócesis de París solicitó a su organización que participara en los preparativos para la visita papal. Se necesitan alrededor de 10.000 voluntarios. Se contactó con Notre-Dame de Chrétienté debido a su experiencia en eventos de gran envergadura; casi 20.000 personas participan en su peregrinación anual.

La ‘trompeta de Jericó’.

Tensiones sin resolver.

Es lamentable que hoy en día los sacerdotes se preocupen por mezquinas cuestiones políticas, intentando aparentar pastoralidad. El clero debería mantenerse al margen de la política, pues Cristo no los llamó a ello. Su misión es proteger a los fieles de la pesadilla política actual, que lleva a la humanidad a doblegarse ante cuestiones tan triviales como la acción climática y la inclusión de los «migrantes».   Todo este revuelo político se basa en la búsqueda  de congraciarse con los globalistas de la ONU, parece que la idolatría planetaria ha sustituido al culto divino, gracias a toda la manipulación política. Gran parte de lo que hacen hoy en día tiene motivaciones políticas, intentando alejar a la gente de la tradición mientras les venden herejías modernistas. El lavado de cerebro político ha llegado hasta el seno mismo de la Iglesia y es quizás el mal más lamentable de nuestro tiempo, ya que ataca las almas de los hombres y a menudo los conduce a la perdición.

El decreto y la nota explicativa correspondiente sobre las consagraciones de Econe del Dicasterio para la Doctrina de la Fe representan una prueba de fuego para detectar tensiones sin resolver. Hablar de cisma es referirse a un problema de desobediencia a la autoridad papal. Como si ser católico significara simplemente ser «romano». Aquí estamos, una vez más atrapados en el torbellino de una visión absolutista del ministerio petrino. Se desacredita el caso Lefebvrista, incluso en los medios vaticanos: un acto de desobediencia al Papa. Al hacerlo, se deja de lado deliberadamente toda la reflexión de décadas sobre la conversión ecuménica del papado.

Las imágenes de Écône pueden haber causado una impresión positiva en muchos sacerdotes católicos jóvenes de hoy debido a la forma en que se celebraba la liturgia. Es evidente que se está produciendo un cierto resurgimiento de la fascinación por la tradición entre el clero joven, basta con echar un vistazo a algunas publicaciones  que circulan abundantes. La decadencia en el culto de la mayoría de nuestras parroquias no puede atraer a nadie, es soportada, pero nunca gozada como sería lo natural. 

El verdadero problema es que, simplemente por el paso inexorable del tiempo, los curas tradicionales tienen las de ganar. Pretender eliminar a base de decretos una vida desbordante es imposible, la historia lo demuestra una y otra vez. Mucho nos tememos que seguiremos inundados de reuniones inútiles con temas intrascendentes para tener argumentos y no hablar de los verdaderos problemas. Todos sabemos, incluso sus defensores, de que el espíritu del concilio no encuentra donde encarnarse y que lo que queda, mucho o poco, va pro otro lado. Los unos y los otros saben que solo es cosa de tiempo. 

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Buena lectura.

 

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