Sabado, vamos terminado la semana, el Papa León está hoy de visita pastoral a San Marino y a Rímini. Fiesta de Santa María Reina, y un día muy centrado en artículos sobre la sinodalidad de sumo interés. En un tema del que nadie sabe muy de que hablamos y todos tenemos la impresión, que bajo capa de palabrería, nos la intentan meter doblada. Hay que desenmascarar esta absurda situación que poco, o nada, tiene que ver con el tesoro de la fe que hemos recibido y debemos de custodiar.
León XIV a los legisladores católicos.
Al recibir a la Red Internacional de Legisladores Católicos en el Vaticano, el Papa recordó a los gobiernos y parlamentos sus responsabilidades: normas, supervisión independiente y protección de los derechos para evitar que los algoritmos y las plataformas se conviertan en instrumentos de dominación. Asimismo, advirtió sobre nuevas formas de «colonialismo ideológico o económico». No enfrentamos a cambios muy sustanciales en muchas profesiones motivados por la mezcla de la robótica con la llamada inteligencia artificial. Muchos procesos ya se ven agilizados y redactados con los nuevos sistemas dejando inútiles muchas profesiones que hasta ahora eran imprescindibles. El problema de este cambio es que se produce en muy poco tiempo, otro procesos históricos han tardado generaciones en implantarse, ahora hablamos de muy pocos años y todo una generación puede quedar fuera del mercado al desaparecer sus oficios. Sin duda, es un reto enorme, imprevisible, y que no puede ser fácilmente pilotado desde las clases dirigentes. Nuestras sociedades desarrolladas generan miles de nuevas normas a todos los niveles que intentan regular mil aspectos de la vida social e incluso personal de los ciudadanos. Nos enfrentamos a un mundo nuevo que cambiará nuestras sociedades. El reto para la Iglesi es recuperar su esencia y ofrecer el único camino , verdad y vida posible, de otra forma desaparecerá engullida por el sumidero de la historia.
Estabilizar el Líbano.
Aoun inició una visita de dos días a Italia, hoy en Roma y mañana en Taranto para los Juegos Mediterráneos. Las conversaciones en la Secretaría de Estado «se centraron sustancialmente en el Acuerdo Marco Trilateral, firmado por Estados Unidos, Israel y Líbano, cuyo objetivo es estabilizar las fronteras meridionales de la República del Líbano y lograr una paz justa y duradera.» La Santa Sede, al expresar su satisfacción por la firma del documento, manifestó su profunda preocupación por las dificultades que se están experimentando en su implementación y aseguró su apoyo a los esfuerzos realizados. La misión de la ONU, desplegada desde 1978, está a punto de expirar, y Roma y París están trabajando en un mecanismo para continuar su legado sin dejar, como escribieron hoy los medios de Beirut, «un vacío de seguridad en la región». Se prevé que en las próximas semanas se celebren nuevas rondas de conversaciones entre Beirut e Israel en Roma, lo que confirma el papel que Italia se está labrando como plataforma de negociación en el caso libanés.
En San Marino y Rímini.
El Papa llegó a San Marino en helicóptero: es el tercer Pontífice en visitar la roca, después de Juan Pablo II y Benedicto XVI y fue recibido por los capitanes regentes de la República, Alice Mina y Vladimiro Selva. Más tarde, está prevista una visita privada a las monjas agustinas del monasterio de Sant’Antonio da Padova. Es su sexta visita pastoral en Italia. El Papa será trasladado a la Basílica de San Marino, donde será recibido por el obispo Domenico Beneventi, se realizará la adoración del Santísimo Sacramento y la veneración de las reliquias de San Marino, acompañado por sacerdotes, personas consagradas y representantes de la diócesis.
Esta tarde en Rímini donde visitará las exposiciones sobre San Agustín y Leon Harmel. saludará a los participantes del Encuentro de Caritas en la Aldea Infantil, seguido de un encuentro en el Gran Auditorio. El Papa visitará la Catedral de Rimini para reunirse con los enfermos, discapacitados y pobres asistidos por Caritas. Se celebrará una misa en el puerto de Rimini, antes de partir hacia Roma.
Amistad entre los pueblos.
El vínculo entre la Santa Sede y el Encuentro de Amistad entre los Pueblos tiene profundas raíces en el tiempo y está marcado por numerosos acontecimientos que han influido en su historia, hoy el Papa León XIV al encuentro. El encuentro se fundamenta en un compromiso constante que se ha mantenido durante más de cuarenta años y ha contado con la participación de tres pontífices. Desde la primera edición en 1980, sin excepción, los pontífices han transmitido su mensaje al encuentro cada año. Estas palabras han ofrecido consistentemente reflexiones fundamentales sobre el tema del encuentro, acompañando el trabajo de los voluntarios y las reflexiones de los participantes, como lo demuestra el mensaje enviado por el Papa León XIV para la edición de 2025. El Papa León XIV también incluyó el título del encuentro de este año («En lugares desiertos construiremos con nuevos ladrillos»), invitándonos a «atrevernos a profetizar, dejándonos llevar al desierto y viendo ahora lo que puede nacer de los escombros y de tanto, demasiado dolor inocente». Uno de los hitos en esta historia es la visita de San Juan Pablo II a la reunión el 29 de agosto de 1982. En aquel famoso discurso, el Papa trazó un rumbo que aún hoy guía el evento.
Juan Pablo II en Rímini.
El llamamiento que el Papa Juan Pablo II hizo: «La paz hoy está seriamente amenazada; la ciencia y la tecnología corren el riesgo de crear un desequilibrio plagado de consecuencias negativas en la relación entre los hombres, entre el hombre y la naturaleza, entre las naciones. De esta contradicción, que parece imparable porque está estructuralmente ligada al misterio del mal, debemos volver nuestra mirada al “arquitecto de nuestra salvación” para crear una civilización nacida de la verdad y el amor. ¡Una civilización del amor! ¡Agonizar, para no extinguirnos en un egoísmo desenfrenado, en una ciega insensibilidad al dolor ajeno! Hermanos y hermanas, ¡construyan incansablemente esta civilización!».
En el verano de 1991, durante un encuentro en Castel Gandolfo que incluyó misa y desayuno con el Papa, algunos de los organizadores del encuentro tuvieron la oportunidad de intercambiar opiniones con Juan Pablo II. Fue entonces cuando, comprendiendo la singularidad del encuentro, pronunció una frase destinada a perdurar: «Están creando una cultura de frontera». El Papa Wojtyla brindó otro momento profundamente emotivo el 22 de agosto de 2004, cuando se realizó una conexión en directo al final de la Santa Misa celebrada en Rimini, presidida por el entonces obispo, Monseñor Mariano De Nicolò.
Tras saludar al padre Luigi Giussani, quien, al igual que él, se encontraba gravemente enfermo (ambos fallecerían al año siguiente), Juan Pablo II recordó que «el cristianismo, a pesar de las limitaciones y los errores humanos, constituye el mayor factor del verdadero progreso, porque Cristo es un principio inagotable».
Ratzinger y Benedicto XIV en Rímini.
Si bien nunca visitó los pabellones de la Feria, Joseph Ratzinger fue una de las figuras clave del encuentro. El 1 de septiembre de 1990, el entonces cardenal y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe pronunció un discurso histórico titulado «Una compañía siempre reformada». Se trata de un texto de tal profundidad y relevancia que ha sido citado en varias ocasiones, incluso por su sucesor, el papa Francisco. El cardenal Ratzinger abordó el tema de la renovación de la Iglesia, superando los prejuicios que la reducen a una mera institución asfixiante. El cardenal rechazó las propuestas de reforma basadas en el activismo o la lógica puramente democrática, que corren el riesgo de transformar la fe en opinión y a la Iglesia en un producto humano artificial. La verdadera reforma se define, en cambio, como «ablatio», o una obra de purificación que elimina las superestructuras humanas para permitir que la auténtica imagen de Dios y lo esencial resplandezcan. Este camino requiere una apertura a lo Eterno a través de la fe, la gracia del perdón y la capacidad de acoger el sufrimiento, encontrando la verdadera guía en los santos. El Papa Francisco continuó la tradición de los mensajes papales, recibió en audiencia al final del evento a algunos de los testigos y protagonistas que han animado ediciones anteriores del encuentro.
La sinodalidad, un mito mediático.
En los medios de comunicación y en el debate periodístico en torno al tema de la sinodalidad, surgen cada vez más interpretaciones que corren el riesgo de distorsionar la naturaleza profunda de la Iglesia, superponiendo categorías seculares, sociológicas o explícitamente políticas. Cuando la sinodalidad se separa de su fundamento dogmático inseparable y de la Tradición, surgen malentendidos que entran en conflicto abierto con la auténtica fe católica. La primera y más generalizada desviación es la parlamentarización de la Iglesia, que ni siquiera se traduce en un verdadero choque dialéctico entre diferentes posturas, sino más bien en una manida reinterpretación de la corrección política . Como ocurre en las democracias parlamentarias contemporáneas —donde la oposición entre partidos suele ser una ficción teatral que nunca se atreve a cuestionar los verdaderos poderes fácticos ni las direcciones ideológicas dominantes—, el modelo sinodal secularizado también corre el riesgo de reducirse a una mera caja de resonancia para la homogeneización cultural.
Todo este proceso va acompañado del reduccionismo demagógico del sensus fidei , que confunde los profundos sentimientos de los bautizados, arraigados en la gracia, con simples encuestas de opinión o tendencias culturales dominantes. La fe católica, por el contrario, reconoce a la Iglesia como un cuerpo místico y sacramental , cuya estructura jerárquica y continuidad doctrinal no pueden ser modificadas ni por dinámicas parlamentarias ni por la obediencia a un solo pensamiento.
La Comisión Teológica Internacional publicó en 2018 el documento «Sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia» en el que aclara que la sinodalidad no es una concesión al espíritu democrático moderno, sino la forma constitutiva de la Iglesia como pueblo de Dios en camino. El documento reitera que el proceso sinodal se lleva a cabo no por la aritmética de la mayoría, sino únicamente mediante la decisión de la autoridad jerárquica. Sin embargo, un análisis crítico y deconstructivo de los textos sinodales revela cómo las categorías de pensamiento subyacentes son otras. Aunque los documentos evitan explícitamente la jerga gerencial, conceptualizan y estructuran la vida de la Iglesia dividiéndola según un modelo corporativo que separa la fase de investigación y consulta ( toma de decisiones ) del momento de deliberación y aprobación final ( decisión ). Detrás del término «discernimiento», se ha infiltrado una mentalidad tecnocrática que concibe la gracia y la escucha del Espíritu Santo según la dinámica procedimental de un consejo de administración.
La sinodalidad en el derecho canónico.
El Código de Derecho Canónico de 1983, en los cánones 342 a 348, define el Sínodo como una asamblea de obispos cuyas conclusiones tienen el valor de un voto consultivo ofrecido al Papa, quien sigue siendo el único legislador, incluso cuando se permite la presencia de laicos. A nivel de la Iglesia local, el canon 466 establece categóricamente que en el Sínodo diocesano, el único legislador es el obispo, mientras que los demás miembros, incluidos los laicos, gozan únicamente de un voto consultivo. En los consejos pastorales diocesanos y parroquiales, regidos por los cánones 514 y 536, el sufragio laico mantiene un carácter puramente consultivo, orientado a examinar y proponer actividades pastorales bajo la presidencia del párroco. La técnica jurídica de la Iglesia demuestra así que la consulta involucra a todo el pueblo de Dios para identificar el bien, mientras que la decisión permanece anclada en la responsabilidad personal del sacerdote ordenado ante Dios.
La práctica introducida durante el último Sínodo Mundial sobre la Sínodalidad revela profundas aporías derivadas de la decisión de otorgar a los laicos un voto formalmente igual al de los obispos en la aprobación del Documento Final . Si bien desde un punto de vista estrictamente formal este voto sigue siendo de carácter consultivo respecto a las decisiones finales reservadas al Pontífice, la equivalencia numérica del sufragio de un laico con el de un sucesor de los Apóstoles dentro de una asamblea denominada Sínodo de los Obispos crea una inconsistencia sustancial. Permitir que una persona bautizada, no ordenada, emita un voto con el mismo peso aritmético que un obispo dentro de un órgano de juicio separa efectivamente el ejercicio del discernimiento pastoral del Sacramento del Orden. La incongruencia institucional y epistemológica resultante vacía de significado la representación apostólica del obispo, reduciendo el sufragio eclesial a un recuento indiscriminado que ignora la estructura sacramental de la Iglesia.
La sinodalidad preconciliar en la reforma de la Curia.
La reforma de la Curia Romana, implementada con la constitución apostólica Praedicate Evangelium , y la transición de las Congregaciones históricas a los Dicasterios ponen de manifiesto una clara tensión con el concepto auténtico de sinodalidad. El prefacio del texto afirma la posibilidad de que cualquier laico presida un Dicasterio, teorizando que la potestas regendi no deriva del Sacramento del Orden, sino únicamente de la missio canonica , es decir, de la delegación vicaria conferida por el Papa . Este enfoque teológico-jurídico supone una ruptura con la teología del Concilio Vaticano II, que había afirmado solemnemente la inseparable unidad de sacramento y poder. Sostener que el gobierno de la Iglesia puede ser independiente del Episcopado implica retroceder a una concepción positivista y preconciliar , en la que el Papa se convierte en la fuente original y exclusiva de toda jurisdicción, transformando a todos los demás gobernantes en meros delegados. La sustitución de las Congregaciones —tradicionalmente estructuradas como colegios episcopales llamados a debatir cuestiones doctrinales y disciplinarias— por Dicasterios acentúa la transformación de la Curia, de un cuerpo colegial-episcopal a una estructura burocrático-funcional al servicio directo del poder ejecutivo central . Bajo el discurso de la descentralización y la valoración de los laicos, se está implementando una centralización vicaria y un hiperpapismo sin precedentes históricos recientes.
La autoridad Central al Servicio de la Desacralización
Una reinterpretación coordinada de la admisión de laicos al voto sinodal y la reorganización de la Curia en Dicasterios revela claramente el plan teológico y de gobierno sumamente coherente y estructurado del Papa Francisco. Es una estrategia política eclesiológica que busca desmantelar el clericalismo mediante la desacralización del poder de gobierno. Para desmantelar la identificación entre el orden sacerdotal y la autoridad. El Papa Francisco separó deliberadamente la jurisdicción del Sacramento del Orden: en los Dicasterios, el liderazgo se confía a la delegación papal, mientras que en el Sínodo, el voto se fundamenta en el Bautismo. Solo un recurso ilimitado a la primacía petrina permite eludir la práctica canónica tradicional, que exige a los obispos compartir el voto con los laicos y aceptar la jurisdicción curial de los miembros no ordenados. Se está creando una sinodalidad promovida «desde arriba» que utiliza la autoridad monárquica para deconstruir la jerarquía intermedia.
La ruptura irreparable con Lumen Gentium
El marco reformista para el gobierno eclesial contrasta directa y marcadamente con las definiciones dogmáticas de Lumen Gentium , en particular con el número 21. El Concilio Vaticano II superó la separación centenaria entre el poder de santificar y el poder de gobernar, enseñando que con la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del Orden, que contiene en sí mismo, de manera unificada, las tres muneras de enseñar, santificar y gobernar. La jurisdicción, por lo tanto, no es un mandato administrativo impuesto desde fuera, sino la activación pastoral de una gracia ontológica recibida del Espíritu Santo. La Praedicate Evangelium afirma que la jurisdicción surge de la missio canonica y que, por lo tanto, los laicos pueden gobernar la Iglesia en virtud de una delegación pontificia, esto significa desmembrar la arquitectura sacramental del Concilio . Las consecuencias son devastadoras: si la potestad de regendi y el juicio sobre los obispos pueden ejercerse independientemente del Sacramento, el Sacramento del Orden Sagrado se despoja de su dimensión pastoral y se reduce a una mera función ritual y litúrgica. Esto crea la absurda situación de laicos que, actuando en nombre del Papa, ejercen autoridad de gobierno y supervisión sobre obispos consagrados, subvirtiendo la jerarquía sacramental deseada por Cristo.
La interpretación correcta del ministerio.
Ante el verdadero vicio del clericalismo, entendido como una desviación mundana de la autoridad sacerdotal, la Iglesia poseía en su Tradición una respuesta exquisitamente evangélica: remontar la autoridad a sus raíces de servitium, recordando al ministro que debe convertirse en minus , es decir, en servidor de todos. La jerarquía ha preferido el camino de la ingeniería jurídica y la separación del poder del Sacramento. La cultura moderna concibe el poder como una cantidad finita que debe redistribuirse o democratizarse; en lugar de purificar la naturaleza de la autoridad sacerdotal transformándola en una entrega voluntaria, ha preferido aceptar la lógica del poder como dominación, optando por «compartirlo» o asignar partes del mismo a los laicos mediante medios administrativos.
La lección de los Santos Padres.
Para los Padres de la Iglesia, como San Agustín y San Gregorio Magno, la relación entre la autoridad episcopal ( auctoritas ) y el servicio ( servitium ) no constituía un problema de equilibrio de poder, puesto que ambas realidades coincidían a la perfección. La autoridad episcopal encontraba su única verdad ontológica en ser un servicio entregado hasta la aniquilación por el bien del rebaño , experimentado como una carga temible ( onus ) más que como un privilegio ( honos ). San Agustín recordaba constantemente a sí mismo y a sus fieles que la función de estar al frente del pueblo ( praeesse ) carecía de valor si no se traducía en un beneficio efectivo para las almas ( prodesse ), declarándose obispo para el pueblo, pero cristiano con el pueblo. San Gregorio Magno, al definir la figura del Pastor en su Regula Pastoralis , acuñó el título Servus Servorum Dei , advirtiendo que la guía de las almas es el arte de las artes y que el Obispo debe considerarse por naturaleza igual a todos los demás hombres, distinguido únicamente por una mayor santidad . Desde la perspectiva patrística, la autoridad nunca fue dominium ni potestas jurisdiccional separada de lo Sagrado, sino caritas , compasión y paternidad espiritual. Para los Padres, la respuesta a la tentación del poder no consistía en desacralizar el ministerio ni separar la jurisdicción del Sacramento, puesto que cualquier uso mundano de la autoridad se consideraba un sacrilegio : la verdadera reforma requería que el Pastor se despojara de toda lógica de dominación para convertirse en siervo de la Esposa de Cristo.
El caballo de Troya contra la novia de Cristo
El riesgo concreto es transformar la sinodalidad, de una dimensión espiritual de la Iglesia, en una ideología incompatible con la fe católica. La ideología sinodal actúa como un verdadero «caballo de Troya»: utiliza un concepto noble, tradicional y deseable —la comunión, la escucha, el caminar juntos— para introducir transformaciones estructurales dentro de la ciudadela eclesial que destruyen la forma sacramental de la Iglesia. Las categorías tradicionales de gracia y salvación de las almas están siendo reemplazadas por términos tomados de la sociología y la política, como inclusión, gobernanza y redistribución del poder. A esto se suma el chantaje moral que equipara arbitrariamente las decisiones de las comisiones con la voz del Espíritu Santo, tachando de «rígido» o «enemigo del Espíritu» a cualquiera que abogue por la fidelidad al Depositum Fidei .
La ruptura con el Vaticano II.
Entre la práctica sinodal actual y la eclesiología del Concilio Vaticano II no existe una continuidad homogénea, sino una discontinuidad flagrante y descarada . La constante y ensalzada referencia al Concilio por parte del ala progre se revela como un artificio ficticio , una cobertura retórica utilizada con la misma conveniencia que para desmantelar la disciplina tridentina. La constitución dogmática Lumen Gentium representa para los ideólogos del progresismo un verdadero obstáculo doctrinal que abiertamente buscan desmantelar, puesto que afirma el origen sacramental de la jurisdicción y la estructura jerárquica de la Iglesia. Mientras el tradicionalismo devalúa el Concilio Vaticano II, desestimándolo como un acontecimiento «meramente pastoral» o ambiguo; el progresismo secularizado lo considera obsoleto y superado por el «espíritu de los tiempos». La verdadera pertenencia a la Iglesia de Cristo, fuera de la cual no hay salvación, está en juego hoy en una adhesión genuina, integral y nada “sinodal” al magisterio.
Santa María, Reina.
«No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios».
Buena lectura.