
Ahora se erige en propagandista y reconocedor del Opus Dei.
Con lo que no es arriesgado pensar que alguien con poder le ha llamado la atención. Y hasta es posible que el mismo se haya dado cuenta de lo impresentable del papelón que se había empeñado en representar manifestándose incapaz del ministerio pastoral. Y no faltará quien piense que ni tanto, por el hoy, ni tan poco, por el antes, tan desmesurado y prolongado.
Sin duda habrá comprobado, su deteriorada mente es capaz de percibir esa evidencia, que se ha quedado solo una vez fallecido su gran, e importantísimo, valedor, desde su fijación jseuítica contra el Opus Dei. Sus frases, que acreditan esa contrariedad y que ahora vamos conociendo, es de suponer que por indiscreción del obispo son verdaderamente desafortunadas.
Incondicionales, salvo tal vez algún paniaguado, no tiene. Y los enemigos del Opus Dei, que los hay, que debían tenerle por portavoz y portaestandarte de sus discrepancias, hoy habrán pasado a considerarle un traidor a todo lo que el obispo de Barbastro representaba en su oposición al Opus.
No parece que haya otra salida que concederla la renuncia aunque no la haya presentado.