El papa León XIV recibió este sábado 31 de octubre, en el Aula Pablo VI del Vaticano, a los participantes en una peregrinación de las universidades estadounidenses de Villanova y Notre Dame, que se encuentran en Roma con motivo de una serie de actividades académicas y deportivas, entre ellas los partidos de baloncesto que enfrentarán a sus respectivos equipos este domingo. El Pontífice aprovechó el encuentro para destacar el valor educativo del deporte y recordar que la verdadera meta de la vida cristiana no es alcanzar una victoria terrenal, sino la santidad y la vida eterna.
En vísperas de la solemnidad de Todos los Santos, León XIV subrayó que «nadie nace campeón, del mismo modo que nadie nace santo», y explicó que la santidad requiere «un entrenamiento diario en el amor». En su intervención, el Papa también recordó que los rivales deportivos no son enemigos y animó a los jóvenes a vivir la competición como una oportunidad para cultivar la fraternidad, la solidaridad y la paz. Asimismo, señaló el ejemplo del santo Pier Giorgio Frassati, patrono de los deportistas, y recordó que los cristianos están llamados a correr la carrera de la vida para alcanzar «una corona de gloria incorruptible».
A continuación, ofrecemos el discurso íntegro del papa León XIV, traducido al español:
Discurso de León XIV a los participantes en la peregrinación de las universidades de Villanova y Notre Dame
Sala Pablo VI, sábado 31 de octubre de 2026
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con vosotros.
Queridos amigos:
Me complace daros la bienvenida a todos al Vaticano como parte de vuestra peregrinación a Roma. De manera particular, saludo al padre Peter Donohue, presidente de la Universidad de Villanova, y al padre Robert Dowd, presidente de la Universidad de Notre Dame, junto con los estudiantes, profesores, personal, antiguos alumnos y benefactores de estas dos instituciones académicas que están presentes.
Durante vuestra visita se están desarrollando numerosas actividades, incluidos, por supuesto, los partidos de baloncesto que tendrán lugar mañana entre los equipos de vuestras universidades. A este respecto, dado el entusiasmo y el amplio interés que suscitan estos encuentros, podemos apreciar el potencial del deporte para desempeñar un papel importante tanto en la vida de una comunidad académica como en la sociedad en general.
Diversos autores cristianos a lo largo de los siglos, incluidos varios de mis predecesores, han señalado los numerosos efectos positivos que se derivan de la participación en actividades deportivas. En este sentido, en los últimos años, especialmente a través de la voz de los papas, la Iglesia católica «ha propuesto una visión del deporte centrada en la dignidad de la persona humana, en su desarrollo integral, en la educación y en las relaciones con los demás, destacando su valor universal como medio para promover valores como la fraternidad, la solidaridad y la paz» (Carta Vida en abundancia, 6 de febrero de 2026).
Como muchos de nosotros hemos experimentado, al constituir un medio concreto para reunir a las personas, el deporte puede enseñar los valores de la cooperación y del compartir mutuo. Esto resulta cada vez más necesario en una época marcada por la distancia que puede generar la tecnología (cf. Homilía en la solemnidad de la Santísima Trinidad, Jubileo del Deporte, 15 de junio de 2025). En efecto, «el deporte es una medicina tanto para el cuerpo como para el espíritu, cuando se practica bien» (Discurso a los miembros de la Federación Italiana de Natación, 25 de junio de 2026).
Durante los acontecimientos deportivos existe el deseo natural de animar, a menudo apasionadamente, al propio equipo. Es importante recordar que, en cualquier competición, los integrantes de dos equipos, incluso cuando existe entre ellos una rivalidad deportiva, ciertamente no son enemigos (cf. Carta Vida en abundancia). Espero, por tanto, que, a pesar del carácter competitivo del baloncesto universitario, durante estos días en Roma haya oportunidades para que los jugadores y los aficionados de ambos equipos se conozcan entre sí.
Providencialmente, vuestra visita tiene lugar en vísperas de la solemnidad en la que la Iglesia universal venera «en una sola celebración los méritos de todos los santos» (Misal Romano, oración colecta de la solemnidad de Todos los Santos). En el día de Todos los Santos recordamos que Dios llama a todos a ser santos. En efecto, san Pedro subraya que, puesto que el Señor mismo es santo, también nosotros debemos ser santos en toda nuestra conducta (cf. 1 Pe 1,15). Estamos invitados, por tanto, a procurar que todos los aspectos de nuestra vida, incluidas nuestras actividades deportivas, nos ayuden a amar a Dios y al prójimo. Para varios santos, entre ellos Pier Giorgio Frassati, patrono de los deportistas, el deporte fue un componente importante de sus vidas. Su vida, así como la de muchos hombres y mujeres santos, nos recuerda que nadie nace campeón, del mismo modo que nadie nace santo. Por el contrario, la santidad exige un entrenamiento diario en el amor (cf. Homilía en la solemnidad de la Santísima Trinidad, Jubileo del Deporte).
A este respecto, los cristianos están llamados a correr la carrera de la vida con el objetivo de ganar una corona de gloria incorruptible (cf. 1 Co 9,24-25). Rezo para que las actividades que forman parte de vuestra peregrinación, especialmente vuestras visitas a las tumbas de los Apóstoles, que entregaron sus vidas en defensa de la fe, os sirvan para recordar que nuestra verdadera meta, más allá de salir victoriosos en cualquier competición, es alcanzar el premio de la vida eterna.
Queridos amigos, con estos pensamientos os agradezco una vez más vuestra presencia y os encomiendo a todos a la intercesión de la Santísima Virgen María, de san Agustín, de santo Tomás de Villanueva y del beato Basilio Moreau. A vosotros y a los miembros de vuestras comunidades universitarias os imparto de buen grado mi bendición apostólica. Gracias.