Los obispos nórdicos advierten de los problemas de una inmigración sin integración y rechazan la asimilación forzada

La Conferencia Episcopal Nórdica, que preside Erik Varden, publica una carta pastoral fechada el 25 de octubre en la que reclama realismo sobre los límites de cada país y cuidado en el lenguaje del debate

Los obispos nórdicos advierten de los problemas de una inmigración sin integración y rechazan la asimilación forzada

Los obispos católicos de Suecia, Dinamarca, Islandia, Finlandia y Noruega han publicado una carta pastoral sobre la inmigración en la que defienden el deber cristiano de acoger a quienes buscan refugio, pero también advierten de las dificultades que surgen cuando los países reciben más inmigrantes de los que pueden integrar adecuadamente.

En el documento, fechado el 25 de octubre, los prelados sostienen que los inmigrantes deben respetar las leyes y el patrimonio cultural de las sociedades que los reciben, sin verse obligados a renunciar a su propia identidad. «Los migrantes deben ser animados a integrarse, pero no sometidos a una asimilación forzada», afirman.

La carta está firmada por los seis miembros de la Conferencia Episcopal Nórdica: Erik Varden, obispo de Trondheim y presidente del organismo; el cardenal Anders Arborelius, arzobispo de Estocolmo; Czeslaw Kozon, obispo de Copenhague; David Tencer, obispo de Reikiavik; Raimo Goyarrola, obispo de Helsinki, y Fredrik Hansen, obispo de Oslo.

Los obispos advierten de los riesgos de una inmigración sin integración

La carta comienza con una reflexión sobre la Encarnación y la experiencia del desplazamiento en la historia de la salvación.

«Cuando Dios envió a su Hijo al mundo, vino como un migrante desde el cielo a la tierra», escriben los obispos, que recuerdan el nacimiento de Cristo en Belén, la huida de la Sagrada Familia a Egipto y los sucesivos exilios del pueblo de Israel.

Desde esa perspectiva, señalan que toda persona tiene derecho a aspirar a una vida digna y pacífica, y reconocen que las guerras, las persecuciones, el hambre y la búsqueda de mejores condiciones de vida han provocado movimientos migratorios a lo largo de toda la historia.

Sin embargo, los prelados también advierten de que la inmigración puede generar dificultades cuando no va acompañada de una integración efectiva.

«Si esto no sucede, surgen graves problemas», señalan al referirse a la necesidad de que quienes llegan a un nuevo país encuentren su lugar en la sociedad.

Los obispos alertan especialmente del riesgo de que algunos inmigrantes permanezcan aislados y ni siquiera intenten adaptarse a su nuevo entorno. Según explican, estas situaciones pueden provocar tensiones y conflictos con el paso del tiempo.

Por ello, defienden la integración como una responsabilidad compartida, que requiere tanto la disposición de los recién llegados como el acompañamiento de las comunidades que los reciben.

El Catecismo recuerda las obligaciones de los inmigrantes

Para fundamentar su posición, los obispos recurren al número 2241 del Catecismo de la Iglesia Católica, que reconoce el deber de las naciones más prósperas de acoger, en la medida de sus posibilidades, a los extranjeros que buscan seguridad y medios de subsistencia.

El mismo apartado establece que las autoridades políticas pueden regular el ejercicio del derecho de inmigración mediante condiciones jurídicas orientadas al bien común.

También recuerda que los inmigrantes tienen la obligación de respetar el patrimonio material y espiritual del país de acogida, obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas.

Los obispos nórdicos insisten en que estas obligaciones no deben interpretarse como una exigencia de abandonar las propias tradiciones culturales.

«Encontrar el equilibrio adecuado no siempre es sencillo, pero es decisivo para el futuro de nuestros países», advierten.

«Cada país debe evaluar cuántos migrantes tiene capacidad para acoger»

La carta aborda igualmente las restricciones migratorias que se están aplicando en distintos países europeos.

Los prelados reconocen que los Estados tienen límites en su capacidad de acogida y que deben tenerlos en cuenta al establecer sus políticas.

«Cada país debe, naturalmente, evaluar cuántos migrantes tiene capacidad para acoger», señalan.

Según explican, cuando se recibe a más personas de las que pueden integrarse adecuadamente, aparecen problemas sociales que terminan favoreciendo nuevas restricciones. Estas medidas pueden dificultar incluso la entrada de refugiados y solicitantes de asilo protegidos por los acuerdos internacionales.

Los obispos cuestionan asimismo las políticas que buscan expulsar al mayor número posible de extranjeros, incluidos aquellos que se encuentran bien integrados y contribuyen a la sociedad.

Ante estas situaciones, consideran que la Iglesia debe defender a quienes corren el riesgo de recibir un trato injusto.

Al mismo tiempo, reconocen que la acogida exige realismo: «Debemos ser realistas respecto a nuestros límites, tanto humanos como materiales».

No obstante, añaden que los cristianos deben mantener la disposición a ayudar a quienes sufren y solicitan auxilio.

Las parroquias como espacios de integración

Los obispos destacan el papel que han desempeñado los inmigrantes en la historia reciente de la Iglesia católica en los países nórdicos.

Recuerdan que, después de siglos de persecución y restricciones religiosas, la presencia católica en la región pudo reconstruirse gracias, en buena medida, a sacerdotes, religiosos y fieles llegados de otros países.

En la actualidad, muchas comunidades católicas del norte de Europa reúnen a personas de distintas nacionalidades y ofrecen celebraciones litúrgicas y catequesis en varias lenguas.

La carta presenta estas parroquias como espacios en los que los recién llegados pueden conocer las costumbres locales, recibir ayuda para desenvolverse en las instituciones y participar activamente en la sociedad.

Los prelados consideran que esta experiencia demuestra que es posible conservar la propia identidad cultural y, al mismo tiempo, contribuir a la vida del país de acogida.

También afirman que amar a la propia nación y valorar sus tradiciones y su patrimonio cultural es algo positivo.

Una llamada a moderar el lenguaje sobre la inmigración

En la parte final del documento, los obispos recurren a varias intervenciones de León XIV sobre las migraciones y la convivencia entre personas de distintas culturas.

Citan el discurso pronunciado por el Papa en Las Palmas de Gran Canaria el 11 de junio de 2026, en el que defendió la dignidad de los migrantes y denunció las redes de trata de personas, así como su homilía en Lampedusa del 4 de julio, centrada en la compasión y la misericordia.

También se remiten a la encíclica Magnifica Humanitas, especialmente a su llamamiento a cuidar las palabras y evitar que el lenguaje contribuya a alimentar los conflictos.

Los obispos observan que el debate público sobre la inmigración se ha vuelto más duro, menos matizado y más agresivo, por lo que piden evitar las exageraciones retóricas y las expresiones que puedan fomentar la hostilidad.

La carta concluye con una oración a la Virgen María, invocada como «Madre de los migrantes», y una petición para que los países nórdicos puedan seguir acogiendo a personas dispuestas a contribuir a una sociedad fundada en la paz, la justicia y la solidaridad.

La Conferencia Episcopal Nórdica ya había publicado este año otro documento conjunto de especial relevancia doctrinal. En junio, sus obispos recordaron a los sacerdotes que la pertenencia a la masonería es incompatible con la fe católica.

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