León XIV en la audiencia general: «Una fe que no se convierte en cultura no es plenamente vivida»

León XIV en la audiencia general: «Una fe que no se convierte en cultura no es plenamente vivida»

El Papa León XIV ha destacado este miércoles 28 de octubre la importancia de que la fe cristiana impregne la cultura y la vida cotidiana. Durante la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, el Pontífice retomó una conocida enseñanza de san Juan Pablo II: «Una fe que no se convierte en cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida».

En su catequesis sobre la relación entre la fe y la cultura, León XIV continuó el ciclo de reflexiones sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrándose en los números 53 al 62 de la constitución pastoral Gaudium et spes. El Santo Padre explicó que la fe está llamada a hacerse presente en las tradiciones, el pensamiento, el arte, la ciencia y las distintas expresiones de la vida humana.

La fe cristiana está llamada a transformar la cultura

León XIV recordó que la relación entre fe y cultura encuentra su fundamento en el misterio de la Encarnación. Del mismo modo que el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre los hombres, la fe cristiana debe encarnarse en las circunstancias concretas de cada pueblo y sociedad.

El Pontífice subrayó que el cristianismo puede arraigar en cualquier cultura sin identificarse exclusivamente con ninguna de ellas. La Iglesia reconoce cuanto hay de bueno, bello y verdadero en las distintas tradiciones humanas, al tiempo que busca transformarlas desde dentro conforme al Evangelio.

También recordó la contribución histórica de la Iglesia al desarrollo de la educación y destacó que las universidades medievales nacieron «del corazón de la Iglesia», desempeñando un papel decisivo en el desarrollo de la civilización occidental.

Los cristianos deben profundizar en su fe y en su formación intelectual

Otro de los puntos centrales de la catequesis fue la necesidad de integrar el conocimiento humano con la fe cristiana.

León XIV explicó que haber recibido de la Revelación las respuestas a las grandes preguntas de la existencia no exime a los creyentes de cultivar su formación intelectual y cultural. Por el contrario, insistió en que los conocimientos científicos y humanos deben desarrollarse junto con una comprensión cada vez más profunda de la fe.

El Pontífice recordó especialmente la exhortación del Concilio Vaticano II a los teólogos para que colaboren con especialistas de otras disciplinas, sin perder de vista que la finalidad de la investigación teológica es alcanzar un conocimiento más profundo de la verdad revelada.

León XIV pide no vivir la fe en oposición al mundo

En la parte final de su catequesis, el Papa recordó que Gaudium et spes invita a los católicos a mantener una relación con la cultura de su tiempo sin adoptar una actitud de hostilidad o enfrentamiento.

León XIV explicó que alcanzar una síntesis madura y responsable entre la fe y la cultura resulta necesario tanto para perseverar en la vocación cristiana como para dar testimonio del Evangelio ante los demás.

Durante los saludos posteriores, dirigió también unas palabras a los peregrinos de lengua española, a quienes animó a ser promotores de la cultura desde los valores del Evangelio en los distintos ámbitos de la vida y de la sociedad.

Mensaje completo del Papa León XIV

Audiencia general del 28 de octubre de 2026

Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución Gaudium et spes. 7. La relación entre la fe y la cultura (GS, 53-62).

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

El Concilio Vaticano II no podía dejar de hablar de la cultura y de sus relaciones con la fe cristiana. Lo hace en el segundo capítulo de la segunda parte de la Constitución Gaudium et spes (GS).

La Iglesia católica siempre se ha preocupado por acompañar la predicación del Evangelio con la creación de escuelas de todo tipo, destinadas a incrementar la formación humana, cultural y espiritual de hombres y mujeres de los cinco continentes. Las universidades medievales nacieron, como sabemos, del corazón de la Iglesia, contribuyendo de manera determinante al desarrollo de la civilización occidental. Al mismo tiempo, el progreso de la cultura y de los conocimientos plantea interrogantes siempre nuevos y más profundos, estimulando a los creyentes a dar razón de su fe (cf. 1 Pe 3,15-17). Finalmente, como expresiones de la dimensión espiritual del ser humano, las diversas manifestaciones de la cultura contribuyen a abrir las mentes a las preguntas perennes sobre el sentido del mundo y de la existencia humana, preparando así para acoger el Evangelio de Jesucristo.

La relación entre fe y cultura encuentra su fundamento principal en la Encarnación: si la Palabra divina se hizo carne y vino a habitar entre nosotros (cf. Jn 1,14), entonces la fe es también una realidad encarnada, entrelazada con la cultura en la que está inmersa. Está llamada también a convertirse en cultura, es decir, a llegar a la persona en su ambiente de vida, formado por palabras humanas, tradiciones, sentido religioso, arte y poesía, pensamiento y ciencia. Como le gustaba repetir a san Juan Pablo II, «una fe que no se convierte en cultura es una fe no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida».

La fe puede encarnarse en cualquier cultura, porque no se identifica específicamente con ninguna de ellas. Habita en ellas, modelándolas desde dentro según la «forma» de Jesucristo, es decir, mediante la caridad, el servicio y el reconocimiento filial de la paternidad de Dios. Así, la Iglesia reconoce en las distintas culturas cuanto hay de bueno, bello y verdadero, para encarnar y transmitir el mensaje del Evangelio. Al mismo tiempo, al estar «enviada a todos los pueblos de cualquier tiempo y lugar, no está ligada de manera exclusiva e indisoluble a ninguna raza o nación, a ningún modo particular de vivir, a ninguna costumbre antigua o reciente. Fiel a su propia tradición y, al mismo tiempo, consciente de la universalidad de su misión, puede entrar en comunión con las diversas formas de cultura; esta comunión enriquece tanto a la propia Iglesia como a las distintas culturas» (GS, 58).

La Iglesia promueve la cultura porque es un bien en sí mismo, un servicio al ser humano y al cumplimiento de su vocación en la tierra. Por esta razón, Gaudium et spes exhorta a la comunidad internacional a garantizar que todos puedan acceder a los bienes culturales fundamentales, superando el analfabetismo y la falta de instrucción. Todos aquellos que sean capaces de acceder a los estudios superiores —afirma el Concilio con valentía— deben encontrarse en condiciones de poder hacerlo realmente. Además, es «deber de todos procurar que se reconozca y promueva la participación propia y necesaria de las mujeres en la vida cultural» (GS, 60).

Asimismo, Gaudium et spes sostiene la necesidad de orientar la enseñanza hacia una cierta unidad del saber, aunque las nuevas condiciones de vida puedan hacerla más difícil (cf. GS, 61). Los cristianos son los primeros que deben esforzarse por realizar esta unidad sapiencial, ante todo en sí mismos. Aunque hayan recibido de la Revelación las respuestas a las grandes preguntas de la existencia, no quedan por ello dispensados de una paciente formación intelectual y cultural; al contrario, sus conocimientos humanos y científicos deben avanzar de la mano de los contenidos de su fe, que habrán de profundizar continuamente con la edad y según el nivel de sus estudios. El Concilio dirige un llamamiento particular a los teólogos: «Quienes se dedican a las ciencias teológicas […] procuren colaborar con los hombres que sobresalen en las demás ciencias, poniendo en común sus esfuerzos y opiniones. La investigación teológica, mientras persigue el conocimiento profundo de la verdad revelada, no descuide el contacto con su tiempo, para poder ayudar a los hombres competentes en las diversas ramas del saber a adquirir un conocimiento más pleno de la fe» (GS, 62).

Hermanos y hermanas, la Constitución Gaudium et spes nos recomienda no vivir la fe con un espíritu de contraposición o de hostilidad frente al mundo, la cultura y sus expresiones humanas, sino que nos exhorta de este modo: «Los fieles vivan en estrechísima unión con los hombres de su tiempo y esfuércense por comprender perfectamente su manera de pensar y sentir, tal como se expresa a través de la cultura» (GS, 62). Alcanzar una síntesis madura y responsable entre fe y cultura es, en efecto, una condición necesaria para perseverar en la vocación cristiana, pero también un requisito indispensable para dar testimonio de la fe ante el mundo y comunicarla a los demás de manera creíble.

Saludo a los peregrinos de lengua española

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Partiendo de los valores del Evangelio, los animo a ser promotores de la cultura en los distintos ámbitos de la vida y de la sociedad. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Invitación ante la solemnidad de Todos los Santos

Dirijo, finalmente, mi pensamiento a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. A pocos días de la solemnidad de Todos los Santos, los invito a contemplar esta inmensa multitud de hombres y mujeres que se presentan ante nosotros como signo profético de la vida futura, que comienza ya en el compromiso y en el testimonio cristiano de la vida terrena.

A todos, mi bendición.

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