La Universidad de Georgetown, institución jesuita de Washington, se encuentra bajo escrutinio tras la publicación de una investigación sobre el sacerdote Álvaro Ribeiro, acusado de conducta sexual inapropiada hacia al menos cuatro estudiantes durante su etapa como profesor. El religioso había sido apartado de sus funciones en 1998 después de una primera denuncia, pero regresó al campus dos años después y volvió a ser acusado de acoso.
La investigación publicada el 16 de octubre por el diario universitario The Hoya reconstruye las denuncias contra Ribeiro, profesor de Inglés desde 1992, y cuestiona los mecanismos de comunicación entre la Compañía de Jesús y las universidades en las que trabajan sus sacerdotes.
El caso ha vuelto a cobrar actualidad después de que Georgetown actualizara su página institucional sobre abusos clericales para incluir al religioso, fallecido en 2013, aunque sin recoger todas las denuncias documentadas por el periódico.
Un jesuita apartado en 1998 que regresó dos años después
Ribeiro fue apartado de sus funciones en 1998, después de que un estudiante denunciara haber sufrido acoso sexual. Sin embargo, en la primavera de 2000 regresó a Georgetown, donde continuó desarrollando su actividad académica.
Según The Hoya, en 2001 comenzó a relacionarse con otro estudiante, identificado bajo el seudónimo de «James», quien posteriormente denunció haber sufrido conductas inapropiadas por parte del sacerdote.
Las acusaciones se extendieron durante años. En marzo de 2010, Ribeiro dimitió después de una investigación interna que concluyó que había tocado a estudiantes sin su consentimiento.
El periódico universitario ha recogido testimonios y documentación relativos a cuatro estudiantes que denunciaron conductas sexuales inapropiadas del jesuita a lo largo de aproximadamente dieciocho años.
La investigación también plantea interrogantes sobre la información que recibieron las autoridades de Georgetown cuando Ribeiro regresó al campus. No ha podido establecerse con claridad si la universidad conocía las denuncias anteriores a 2010.
Las deficiencias en la comunicación de denuncias contra jesuitas
Uno de los aspectos centrales del reportaje es el funcionamiento de los mecanismos internos de la Compañía de Jesús para gestionar las acusaciones contra sus miembros.
Según la investigación, las denuncias pueden tramitarse dentro de la propia orden religiosa sin que exista necesariamente una obligación de comunicar sus resultados a las instituciones universitarias en las que trabajan los sacerdotes.
Colt Anderson, profesor de la Universidad de Fordham consultado por The Hoya, cuestionó la falta de transparencia de este sistema. «Todo lo que se denuncia va a un agujero negro», afirmó.
El periódico señala también que la lista pública de jesuitas acusados de abusos difundida por la antigua Provincia de Maryland se centraba en los casos relacionados con menores de edad. Por ese motivo, Ribeiro no figuraba en ella, pese a las denuncias de estudiantes universitarios adultos.
Los supervivientes y expertos entrevistados advierten de que esta distinción puede dejar fuera de los mecanismos de información pública a personas adultas que también se encuentran en situaciones de vulnerabilidad o dependencia respecto de sus profesores y superiores.
La investigación reveló asimismo que Georgetown y la provincia jesuita correspondiente adoptaron en abril de 2026 nuevos protocolos para comunicar a la universidad las denuncias contra clérigos.
Sin embargo, según The Hoya, la institución no anunció públicamente la adopción de esas medidas ni informó de ellas a los supervivientes entrevistados. Tampoco facilitó al periódico detalles suficientes sobre su aplicación y supervisión.
James expresó sus dudas sobre la eficacia de las nuevas disposiciones y aseguró que no tenía motivos para confiar en que hubieran servido para protegerlo.
Por su parte, Georgetown manifestó que sus responsables condenan en los términos más enérgicos cualquier abuso cometido por miembros del clero y aseguró que continúa trabajando para reforzar sus políticas de protección y atención a las víctimas. La universidad no puso a disposición del periódico a sus principales responsables para una entrevista, mientras que la provincia jesuita no respondió a las solicitudes de comentario.
Georgetown actualiza su página sobre abusos tras la investigación
La publicación del reportaje tuvo una consecuencia inmediata en la información institucional ofrecida por Georgetown.
Según una segunda investigación publicada por The Hoya el 23 de octubre, la universidad modificó su página dedicada a los abusos clericales para incorporar una referencia a Álvaro Ribeiro.
No obstante, la actualización se limita a mencionar la investigación de 2010 y no recoge las otras denuncias que el periódico había documentado mediante testimonios de antiguos estudiantes.
El seguimiento periodístico también cuestiona la actividad del grupo de trabajo sobre abusos clericales creado por Georgetown en 2020. Este órgano pasó a funcionar como una subcomisión en 2021, pero no aparece identificado en la relación pública de comisiones del consejo de administración de la universidad.
El consejo editorial de The Hoya criticó la respuesta institucional y la calificó de «superficial, en el mejor de los casos», al considerar insuficientes los cambios introducidos después de hacerse públicas las denuncias.
La universidad no ha ofrecido una explicación pública detallada sobre las acusaciones adicionales recogidas por el periódico ni sobre las razones por las que Ribeiro pudo regresar a sus funciones tras haber sido apartado en 1998.