El atentado contra la iglesia ortodoxa griega de San Jorge en Hammoud, en la gobernación jordana de Karak, ha causado nueve muertos, según el último balance de las autoridades recogido por Al Jazeera y Asharq Al-Awsat: ocho personas murieron el viernes 23 de octubre, cuando varios hombres armados dispararon durante un funeral, y una más falleció el sábado a causa de las heridas. Las fuerzas de seguridad seguían buscando a los autores, no se había anunciado ninguna detención y la Fiscalía ha prohibido publicar detalles de la investigación, según EWTN News. El domingo 25, León XIV se unió en el Ángelus al dolor por las víctimas del que llamó atentado terrorista y expresó su cercanía a la comunidad.
Ninguna organización ha sido vinculada oficialmente al ataque. El ministro del Interior, Mazen al Faraya, lo atribuyó a un grupo de extremistas, y el primer ministro, Jafar Hassan, escribió en la red social X que es «el resultado de una ideología terrorista y de un extremismo ciego» y que el Gobierno no permitirá que la sociedad tome ese camino. Las autoridades consideran prematuro determinar si los atacantes tenían vínculos con grupos conocidos dentro o fuera del país, según Al Jazeera, y medios que citan fuentes jordanas hablan de una ideología takfirí. El portal estadounidense LifeSiteNews tituló el sábado que el Estado Islámico había reivindicado el ataque, pero se apoya en un mensaje difundido en X, atribuido a los atacantes, que dice haber castigado a los cristianos de Karak en venganza por el islam y el Estado Islámico. Ni las autoridades jordanas ni las grandes agencias han confirmado esa reivindicación.
Los testimonios sobre los autores tampoco coinciden. Los primeros supervivientes hablaron de dos hombres, uno de ellos encapuchado, y fuentes jordanas citadas por la prensa elevan a tres los atacantes, que habrían llegado en una camioneta. El número de heridos varía según la fuente: Al Jazeera habla de unos cuarenta y Asharq Al-Awsat, de veinticinco.
El rey Abdalá II, que visitó Karak horas después del ataque, ordenó a las fuerzas de seguridad una respuesta firme y prometió castigar a los responsables «con mano de hierro». Jordania decretó tres días de luto nacional, según la agencia oficial Petra citada por Al Jazeera, y la embajada de Estados Unidos en Amán informó de que se ha reforzado la seguridad en centros comerciales, embajadas y otros lugares sensibles.
Las Iglesias han cerrado filas en torno a la unidad del país. El patriarca ortodoxo griego de Jerusalén, Teófilo III, aseguró que un acto tan atroz y sangriento no quebrantará la unidad nacional, según Vatican News, y su patriarcado afirmó que los cristianos son hijos de esa tierra y seguirán en ella. El Patriarcado latino de Jerusalén condenó el ataque en los términos más duros y sostuvo que la unidad nacional de Jordania es una salvaguarda frente al terrorismo y el extremismo. Los patriarcas y jefes de las Iglesias de Jerusalén calificaron el atentado de «crimen grave contra Dios y contra la humanidad» y pidieron que el sábado a mediodía sonaran las campanas, como ocurrió en Jordania y en Palestina. El Consejo de Iglesias de Jordania denunció que el ataque iba contra la paz social y la convivencia y rechazó cualquier intento de sembrar la división religiosa, y el patriarca ecuménico Bartolomé telefoneó a Teófilo III.
Los ataques contra cristianos son excepcionales en Jordania, donde viven unos 300.000 fieles de distintas confesiones. La propia Karak sufrió en diciembre de 2016 un atentado reivindicado por el Estado Islámico contra su castillo y contra la policía, en el que murieron diez personas.
Dos días después de la matanza, Jordania cuenta nueve muertos y sigue sin poner nombre a quienes dispararon contra un funeral cristiano.
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