El papa León XIV no estará en Asís el próximo martes 27 de octubre, en la jornada final del encuentro interreligioso «Paz desarmada y desarmante» con el que la Comunidad de Sant’Egidio conmemora el cuadragésimo aniversario de la oración por la paz convocada por san Juan Pablo II en 1986. La Sala de Prensa de la Santa Sede lo ha comunicado este viernes. Explica que el Pontífice se sometió a una radiografía de control que confirmó su óptima evolución tras la intervención del 13 de octubre en el Policlínico Gemelli, en la que se le extirpó el lóbulo inferior del pulmón derecho. Dado el poco tiempo transcurrido desde la operación, los médicos han desaconsejado, por precaución, el vuelo en helicóptero previsto para llegar a la ciudad de san Francisco.
La explicación deja una pregunta en el aire. Asís está a unos 180 kilómetros de Roma, poco más de dos horas y media en coche por autopista, un trayecto que el Papa podría haber hecho por carretera si el único inconveniente era el helicóptero. El comunicado se limita a desaconsejar el vuelo y no aclara por qué no se ha contemplado el desplazamiento en automóvil, una alternativa que habría permitido a León XIV cerrar personalmente un encuentro que el Vaticano había presentado como uno de los grandes hitos de su agenda de otoño.
Los análisis definitivos, difundidos el miércoles, confirmaron un adenocarcinoma pulmonar localizado, y la valoración oncológica concluyó que no es necesario ningún tratamiento adicional. El Papa ha retomado ya sus audiencias en el Vaticano. En lugar de acudir a Asís, enviará un mensaje a los organizadores, a los representantes de las confesiones cristianas y de otras religiones y a los invitados, en el que presentará el diálogo y la búsqueda de gestos de paz como recursos valiosos en una época de conflictos.
Un encuentro con preguntas abiertas
La cita, que se celebra del 25 al 27 de octubre, reúne a 384 representantes de 53 países, con 24 foros y una ceremonia final ante la basílica de San Francisco. Desde 1986, el llamado espíritu de Asís arrastra una cuestión que nunca se ha resuelto del todo: cómo promover el encuentro entre religiones sin dar la impresión de que todas ellas son caminos equivalentes, y cómo distinguir la cooperación por la paz de una oración común que difumina la fe en Cristo como único Salvador. El cardenal Ratzinger, entonces prefecto de la Doctrina de la Fe, no ocultó sus reservas ante aquel primer encuentro, y quiso que en la edición de 2011, ya como Papa, cada confesión rezara por separado.
A esa vieja cuestión doctrinal se suma este año una más concreta. Sant’Egidio no ha publicado la relación de delegaciones musulmanas. Su registro de ponentes de ediciones anteriores incluye nombres muy próximos al poder saudí, empezando por el jeque Mohammad al-Issa, secretario general de la Liga Musulmana Mundial, organización con sede en La Meca y financiada por el Estado saudí, que fue ministro de Justicia del reino. La organización no ha aclarado si alguno de ellos estará en Asís.
El silencio sobre La Meca
El 14 de octubre, Arabia Saudí ejecutó en la región de La Meca a dos limpiadores bangladesíes, Nazrul Islam Abdul Basir y Sweety Akter, condenados a muerte por un «acto inmoral» en una mezquita que las autoridades nunca han descrito. Fueron juzgados a puerta cerrada y su propio Gobierno se enteró de la ejecución por la agencia oficial saudí. Sweety era madre de una niña de cuatro años.
Pocos días antes, el cardenal Pietro Parolin había calificado de incomprensible el fusilamiento anunciado en Estados Unidos del autor de la matanza de Fort Hood y había anunciado una declaración formal de la Santa Sede. El propio León XIV recordó en la Jornada Mundial contra la Pena de Muerte que la pena capital atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona. Sobre los dos trabajadores ejecutados en La Meca, ni la Secretaría de Estado ni la Sala de Prensa han dicho una palabra.
El Papa no estará en Asís para pronunciar en persona su llamamiento por una paz desarmada y desarmante. Su mensaje sí llegará, y con él la ocasión de comprobar si la defensa de la dignidad humana que la Iglesia proclama ante Washington alcanza también a dos inmigrantes pobres ejecutados en la ciudad santa del islam, en un encuentro donde el diálogo con el mundo musulmán ocupa un lugar central.