La Iglesia celebra este jueves 22 de octubre la memoria litúrgica de san Juan Pablo II, coincidiendo con el 48.º aniversario de la misa con la que inició solemnemente su pontificado en 1978. Aquel día, ante miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa polaco pronunció una de las exhortaciones más recordadas de su pontificado: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!».
Karol Wojtyła había sido elegido sucesor de Pedro el 16 de octubre, después del breve pontificado de Juan Pablo I. Seis días después, el nuevo Pontífice se presentaba ante la Iglesia universal con una homilía que situó en el centro de su ministerio la confesión de fe de san Pedro y la necesidad de anunciar a Jesucristo al mundo contemporáneo.
«Abrid las puertas a Cristo»
En su homilía del 22 de octubre de 1978, Juan Pablo II comenzó recordando las palabras que el apóstol Pedro dirigió a Jesús en Cesarea de Filipo: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».
A partir de aquella profesión de fe, el nuevo Papa explicó la misión confiada por Cristo a Pedro y a sus sucesores, subrayando que el fundamento de la Iglesia se encuentra en el reconocimiento de Jesucristo como Hijo de Dios.
El momento más recordado llegó cuando dirigió una invitación que trascendía a los católicos presentes en la plaza y alcanzaba también a los responsables políticos y a las sociedades de su tiempo.
«¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!», proclamó.
Su llamamiento no se limitó al ámbito de la conciencia individual. Juan Pablo II pidió abrir a la potestad salvadora de Cristo «los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo».
Era una exhortación a reconocer la presencia de Jesucristo en todas las dimensiones de la vida humana, desde la existencia personal hasta las instituciones y la organización de las sociedades.
Un Papa llegado de Polonia
La elección de Karol Wojtyła había supuesto un acontecimiento histórico para la Iglesia. El arzobispo de Cracovia se convirtió en el primer Papa no italiano desde Adriano VI, fallecido en 1523.
Durante su homilía inaugural, Juan Pablo II recordó los vínculos históricos de Polonia con la Sede Apostólica y reconoció la responsabilidad que asumía al suceder a san Pedro.
También se refirió al significado de la autoridad pontificia, vinculándola al servicio de Cristo y de la Iglesia. En este contexto, explicó su decisión de no recuperar el uso de la tiara papal, siguiendo el precedente de su inmediato antecesor.
La celebración coincidió, además, con la Jornada Mundial de las Misiones de aquel año. El nuevo Pontífice recordó que la Iglesia tiene la responsabilidad de llevar las palabras de Cristo a todos los pueblos, para que sean acogidas como mensaje de esperanza y salvación.
Una exhortación que marcó su pontificado
Las palabras pronunciadas el 22 de octubre de 1978 anticiparon algunos de los grandes ejes de los casi 27 años de pontificado de Juan Pablo II: la evangelización, la defensa de la dignidad humana, la libertad religiosa y la presencia de la fe cristiana en la vida pública.
Su enseñanza quedó plasmada en documentos como Redemptor hominis, su primera encíclica, publicada en 1979; Veritatis splendor, sobre los fundamentos de la moral cristiana; Evangelium vitae, dedicada al valor y la inviolabilidad de la vida humana; y Fides et ratio, sobre las relaciones entre la fe y la razón.
La Iglesia conserva aquel llamamiento de 1978 también en la liturgia. La segunda lectura del Oficio de lectura propio de san Juan Pablo II, aprobado por la Santa Sede, recoge precisamente un fragmento de la homilía inaugural.
Canonizado el 27 de abril de 2014, Juan Pablo II es recordado cada 22 de octubre, fecha elegida para su memoria litúrgica en recuerdo del comienzo solemne de su ministerio petrino.