El papa León XIV ha destacado la importancia del rigor histórico en los procesos de canonización, recordando que la santidad de quienes son propuestos para los altares debe estar respaldada por testimonios «auténticos, creíbles y por encima de toda sospecha». El Pontífice ha insistido en la necesidad de examinar cuidadosamente la documentación de cada causa y de situar la vida de los candidatos en su contexto histórico, sin someter la comprensión de la santidad a los criterios cambiantes de cada época.
Así lo ha señalado este miércoles 21 de octubre durante una audiencia en el Palacio Apostólico Vaticano con los participantes en el congreso «La santidad en la historia», organizado por el Dicasterio de las Causas de los Santos. En su intervención, León XIV ha recordado la decisión de Pío XI de introducir el método histórico-crítico en el examen de las causas y ha subrayado que la canonización trasciende las circunstancias históricas, pues mediante ella el Sucesor de Pedro presenta a toda la Iglesia modelos de vida cristiana válidos para cualquier época.
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO «LA SANTIDAD EN LA HISTORIA» ORGANIZADO POR EL DICASTERIO PARA LAS CAUSAS DE LOS SANTOS
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La paz esté con vosotros.
¡Es hermoso ver tanto entusiasmo por los santos de hoy, y gracias!
Eminencias, Excelencias, queridos hermanos y hermanas:
Me alegra encontrarme con vosotros en la jornada conclusiva de vuestro Congreso «La santidad en la historia», organizado por el Dicasterio de las Causas de los Santos. Saludo y agradezco su dedicación a sus superiores, miembros, consultores, oficiales, relatores del Congreso y a todos aquellos que, de diversas maneras, trabajan en las causas de los santos.
El tema elegido para estas jornadas de estudio pretende profundizar en la relación entre santidad e historia, ofreciendo la oportunidad de detenerse en diversos aspectos. El primero se refiere a la santidad canonizada, que requiere ser probada mediante testimonios auténticos, creíbles y por encima de toda sospecha. Para ello, el trabajo de la Comisión Histórica en el ámbito diocesano y el de los relatores y consultores del Dicasterio para las llamadas «causas antiguas» desempeñan un papel esencial.
Fue precisamente un historiador de reconocido prestigio como el papa Pío XI quien instituyó en la entonces Sagrada Congregación de Ritos la Sección Histórica, abriendo las causas de los santos al uso específico del método histórico-crítico. Tampoco el examen de las «causas recientes» puede prescindir de una verificación seria y rigurosa de todo el material recopilado. Las causas de los santos utilizan los instrumentos propios del estudio de la historia, aunque su finalidad no es hacer historiografía, sino poner de manifiesto la ejemplaridad, la espiritualidad y la fama de santidad de los candidatos a los altares.
Un segundo aspecto es cómo la evolución histórica y cultural influye, en sus distintas etapas, en el propio concepto de santidad. Con el transcurso de las épocas, también el perfil de los santos puede experimentar ciertos desarrollos: no para seguir los estereotipos del momento, sino para interpretar la experiencia concreta a través de las categorías del Evangelio vivido. Por eso es muy importante situar el testimonio de un santo o una santa en el contexto en el que vivió. El pueblo de Dios busca modelos para vivir el presente, intercesores que ayuden a los miembros de la Iglesia a afrontar los desafíos actuales y a reconocer sus oportunidades. Sin embargo, no debe olvidarse que el acto solemne de la canonización trasciende las circunstancias históricas. En efecto, mediante él, el Sucesor de Pedro no solo aprueba, sino que señala a toda la Iglesia testigos creíbles del Evangelio, capaces de hablar a todas las épocas.
Por último, es necesario considerar cómo la presencia y el testimonio de los santos han transformado la historia. Iluminados por la gracia, supieron escuchar las llamadas de su tiempo, conjugando fe e historia y entregando su vida para edificar la nueva realidad del Reino de Dios. La historia del mundo sin los santos y las santas sería inmensamente más pobre, es decir, menos humana.
Queridísimos, el testimonio de los santos, profundamente arraigado en la realidad concreta de su tiempo, nos recuerda la fuerza innovadora y transformadora de la Pascua. Ellos nos muestran una historia moldeada por la fe. Os doy las gracias porque, con vuestro trabajo, contribuís a poner de relieve esta maravillosa realidad. Os encomiendo a la protección de la Virgen María, Reina de los Santos, y de corazón os imparto la Bendición Apostólica. Gracias.