El portal oficial de la Santa Sede ha dedicado un amplio espacio al trigésimo aniversario de la muerte del cardenal Joseph Louis Bernardin, arzobispo de Chicago entre 1982 y 1996. Bajo un titular que lo presenta como ejemplo actual para la Iglesia y el mundo, Vatican News publica íntegra la lección que su sucesor, el cardenal Blase Cupich, pronunció el viernes en Fiera di Primiero, la tierra trentina de la que procedían los padres de Bernardin, dentro de los actos organizados por la archidiócesis de Trento entre el 15 y el 17 de octubre.
El homenaje calla un dato que el propio Theodore McCarrick dejó por escrito. Cuando Bernardin murió, en noviembre de 1996, el entonces arzobispo de Newark lo despidió como un sacerdote bueno y santo y confesó que con él perdía a un querido amigo.
Un aviso entre amigos
La proximidad entre ambos prelados va más allá de la retórica funeraria. Los dos fueron figuras centrales del ala progresista del episcopado estadounidense posconciliar. Bernardin, primer secretario general y después presidente de la conferencia episcopal, modeló durante décadas la cantera de obispos de su país, y McCarrick ascendió en ese mismo ecosistema hasta la sede de Washington y la púrpura.
El informe que el Vaticano publicó en 2020 sobre McCarrick recoge un episodio revelador. A finales de 1992 empezaron a circular cartas anónimas dirigidas a los obispos estadounidenses que advertían de un escándalo inminente protagonizado por un arzobispo. Cuando el cardenal John O’Connor le pidió explicaciones, McCarrick respondió que Bernardin ya había tenido la amabilidad de avisarle de la carta de su «admirador secreto». El arzobispo de Chicago fue, por tanto, de los primeros en poner sobre aviso al depredador de Newark.
Esa complicidad tuvo su eco en sentido inverso. Según el mismo informe, McCarrick defendió una y otra vez a Bernardin como víctima inocente de una acusación falsa, y utilizó ese caso como ejemplo de las calumnias a las que estaban expuestos los obispos. Era el mismo argumento que esgrimiría años después para proclamar su propia inocencia ante Juan Pablo II.
Geneva Lake, abril de 1977
La acusación más grave contra Bernardin procede de la víctima más conocida de McCarrick. James Grein, que denunció haber sufrido abusos del excardenal desde los once años y cuyo testimonio fue decisivo para su expulsión del estado clerical en 2019, contó ese mismo año en una entrevista exclusiva con Church Militant que Bernardin lo había agredido sexualmente en 1977, en una casa a orillas de Geneva Lake, en Wisconsin, a dos horas de Chicago. Según su relato, el encuentro lo había organizado McCarrick, al que su familia llamaba «tío Ted».
La acusación no se quedó en una entrevista. En 2023 la fiscalía del condado de Walworth presentó cargos penales contra McCarrick por aquel episodio. La denuncia sostiene que el joven, que entonces tenía dieciocho años, estaba en el agua junto all embarcadero cuando el acusado y «otro hombre adulto» se metieron con él, le hicieron tocamientos sin su consentimiento y comentaron entre ellos lo que hacían. Añade que McCarrick lo había violado en Chicago el día anterior. En diciembre de 2023 Grein confirmó a la agencia CNA que ese otro hombre era el cardenal Bernardin, que en 1977 era arzobispo de Cincinnati y presidente de la conferencia episcopal.
El proceso no llegó a juicio. En enero de 2024 el tribunal lo suspendió después de que una psicóloga dictaminara que McCarrick, ya nonagenario, no era capaz de afrontar su defensa, y la fiscalía no recurrió. McCarrick murió en abril de 2025 sin haber respondido ante ningún tribunal. Bernardin, fallecido en 1996, nunca pudo ser interrogado sobre los hechos.
La túnica inconsútil, con aval papal
Nada de esto aparece en el texto que difunde Vatican News. Cupich centra su elogio en la «ética consistente de la vida», la célebre túnica inconsútil que Bernardin presentó en Fordham en 1983 y que situaba en un mismo plano el aborto, la pena de muerte y la carrera nuclear. Aquella doctrina sirvió durante décadas de refugio a políticos católicos que votaban a favor del aborto y se presentaban como coherentes gracias a sus causas sociales.
El arzobispo de Chicago enlaza esa herencia con León XIV, al recordar que el Papa dijo que no puede llamarse defensor de la vida quien se opone al aborto y apoya la pena de muerte. Son las palabras con las que el Pontífice respaldó en septiembre de 2025 el homenaje de Cupich al senador abortista Dick Durbin, y que InfoVaticana analizó entonces. El vaticanista Sandro Magister rescató poco después un discurso de 2023 en el que el entonces obispo Robert Prevost, en Chiclayo, hacía suya la visión de Bernardin y la proponía como camino para la Iglesia de hoy.
Treinta años después de su muerte, el órgano oficial de comunicación de la Santa Sede presenta como modelo al prelado que despidió a McCarrick con lágrimas de amigo y al que la principal víctima de McCarrick sitúa a su lado en una agresión sexual que llegó a los tribunales. Que lo haga con el respaldo explícito del Papa reinante merece algo más que un silencio piadoso.
La lección íntegra del cardenal Cupich puede leerse en italiano en Vatican News.