A las doce en punto, con una mañana gris y desapacible sobre Roma, se abrió la ventana del apartamento pontificio y la plaza de San Pedro estalló en una ovación larga y agradecida. León XIV, que había abandonado el sábado por la tarde el Policlínico Gemelli, reaparecía en público por primera vez desde el domingo 11, cuando él mismo anunció desde ese mismo lugar que debía operarse de un nódulo pulmonar. Unos quince mil fieles, según las estimaciones difundidas, llenaban la plaza.
El Pontífice fue intervenido el martes 13, cuando los cirujanos del equipo del profesor Stefano Margaritora le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, afectado por un adenocarcinoma. Durante los días de ingreso celebró misa, hizo fisioterapia respiratoria y siguió firmando nombramientos, aunque no recibió audiencias, como contó Specola en InfoVaticana.
El denario y la trampa
El Papa se ciñó al Evangelio del vigésimo noveno domingo del tiempo ordinario, que este año desplaza la fiesta de San Lucas: la pregunta capciosa de los fariseos sobre el tributo y la célebre respuesta de Cristo, «dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22, 21).
León XIV invitó a leer la frase en su contexto original, el de una emboscada urdida con mala fe. La respuesta de Jesús, explicó, es astuta porque esquiva la trampa y deja al descubierto la doblez de quienes buscaban hacerle caer. En Cristo, añadió, se contempla a un Dios que no rehúye la historia y entra en ella; su Reino respeta los oficios y responsabilidades humanas, pero exige vivir sin componendas, apartados de las ambiciones torcidas y de los intereses injustos, buscando primero el Reino de Dios y su justicia.
Se detuvo después en un detalle irónico del relato: el elogio interesado que los emisarios dirigen al Maestro, a quien reconocen sincero e insobornable mientras le tienden la red. Ese retrato, concluyó, describe con exactitud a quien da a cada cual lo suyo: alguien «sin temor ni hipocresía, libres para el bien». Encomendó a los fieles a la intercesión de la Virgen y rezó con ellos la oración mariana.
Cien años del Domund
Tras el Ángelus, el Papa recordó que la Iglesia celebraba la centésima Jornada Mundial de las Misiones, este año bajo el lema «Uno en Cristo, unidos en la misión», escogido por él mismo, e invitó a pensar en la ingente historia misionera escrita a lo largo de un siglo. Su aparición en la ventana fue, de hecho, la única intervención pontificia prevista en el día del centenario.
«Retomaré gradualmente mi actividad»
Solo entonces habló de sí mismo. Agradeció con voz firme las oraciones recibidas durante su hospitalización y dedicó un reconocimiento expreso a los médicos, enfermeros y a todo el personal del Gemelli. Confesó que la enfermedad le ha hecho sentir de un modo particular la cercanía de cuantos atraviesan el sufrimiento y la dolencia. Superada lo que llamó una fase delicada, anunció que volverá a su agenda de forma paulatina, con la ayuda de Dios y de las oraciones de los fieles. Se despidió con un «gracias a todos y feliz domingo» que la plaza devolvió con un aplauso cerrado.
El equipo médico considera satisfactoria la evolución del Pontífice y no ve, desde el punto de vista clínico, obstáculos para el viaje previsto en noviembre a Uruguay, Argentina y Perú, siempre que la recuperación siga su curso. El encuentro interreligioso de Asís del 27 de octubre, en cambio, sigue en el aire: el Vaticano nunca llegó a confirmar oficialmente la presencia del Papa.
El texto completo de la alocución puede consultarse en la página oficial de la Santa Sede.