La Secretaría de Estado de la Santa Sede ha recordado que solo reconoce siete órdenes ecuestres y que considera impropio prestar iglesias y capillas para las llamadas «ceremonias de investidura» de todas las demás. La precisión, difundida por el boletín de la Sala de Prensa, afirma que la Santa Sede no atribuye «valor alguno» a los diplomas y a las insignias de caballería que expiden las organizaciones que no reconoce, y justifica la nota por la necesidad de frenar abusos que perjudican a personas de buena fe.
La lista es breve y no admite interpretaciones. La Santa Sede tiene cinco órdenes propias: la Orden Suprema de Cristo, la Orden de la Espuela de Oro, la Orden Piana, la Orden de San Gregorio Magno y la Orden de San Silvestre Papa. A ellas suma dos que reconoce y ampara: la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, conocida como Orden de Malta, y la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén. El texto añade que la Santa Sede no tiene intención de introducir novedades en esta materia.
Fuera de ese perímetro, la nota no deja resquicio. Las demás órdenes, tanto las de nueva creación como las que se presentan como herederas de órdenes medievales, no están reconocidas por la Santa Sede, que no puede hacerse garante de su legitimidad histórica y jurídica, de sus fines ni de su organización. De ahí se siguen las dos consecuencias prácticas del comunicado: los títulos y condecoraciones que repartan carecen de cualquier valor a ojos de Roma, y sus actos de investidura no deberían celebrarse en lugares sagrados.
La Secretaría de Estado explica que publica la precisión a raíz de numerosas solicitudes de información sobre la actitud de la Santa Sede ante órdenes ecuestres dedicadas a santos o que llevan títulos sagrados. Su propósito declarado es evitar equívocos que, según reconoce el propio texto, son por desgracia posibles «también a causa de la expedición ilícita de documentos y del uso indebido de lugares sagrados», e impedir que esos abusos continúen.
No es la primera vez que Roma tiene que decirlo. La propia nota precisa que reitera lo ya publicado en el pasado, y la Orden de Malta conserva en su web la aclaración que la Secretaría de Estado difundió el 17 de octubre de 2012 en términos prácticamente idénticos: reconocimiento de las mismas siete órdenes, ningún valor para los diplomas y las insignias de las demás y rechazo al uso de iglesias para sus ceremonias. Que catorce años después haya que repetir el aviso indica que el fenómeno no ha desaparecido.
Las órdenes autodenominadas proliferan desde hace décadas con nombres de resonancia histórica, uniformes, capas y ritos de armado de caballeros que imitan los de las órdenes antiguas, y no pocas veces se apoyan en la presencia de un sacerdote y en el marco de una iglesia para dar apariencia eclesial a sus actos. En 2023, una asociación que se presenta como heredera de los templarios llegó a presentar una demanda de conciliación contra el papa Francisco para exigir la rehabilitación de la orden, suprimida en 1312. Para quien paga una cuota o una ceremonia creyendo recibir una distinción reconocida por la Iglesia, el comunicado es una advertencia directa.
La nota no nombra a ninguna organización concreta, no se refiere a ningún país ni prevé sanciones. Se limita a fijar un criterio que alcanza a los fieles que se dejan investir, pero sobre todo a quienes tienen las llaves de los templos: los rectores de iglesias y los obispos que autorizan esas ceremonias quedan avisados de que la Santa Sede las considera inapropiadas.
La distinción entre las siete órdenes reconocidas y el resto no es una cuestión de prestigio. Las órdenes pontificias son condecoraciones que concede el Papa, la Orden del Santo Sepulcro depende directamente de la Santa Sede y la Orden de Malta mantiene con ella una relación singular, con un cardenal patrono nombrado por el Pontífice. Ninguna de las demás puede invocar respaldo de Roma, por antiguo que sea el nombre que reivindique.
Lea también
- León XIV a los Caballeros del Santo Sepulcro: «Custodiar el Sepulcro de Cristo es sostener una Iglesia viva»
- El Papa recibe al Gran Maestre de la Orden de Malta con protocolo de jefe de Estado
- Una asociación de templarios demanda al Papa y le piden la rehabilitación de la Orden como prelatura personal