Teólogo de Münster (Alemania) niega que la poligamia en África sea signo de atraso moral

El sacerdote congoleño Égide Muziazia, de la diócesis alemana de Münster, rechaza las críticas occidentales a la poligamia en África. Se apoya en el informe del SECAM sobre la cuestión para defender una pastoral «contextual». Según él, ese mismo criterio debería iluminar también la bendición de parejas irregulares, el acceso de mujeres a ministerios y el Camino Sinodal alemán.

Teólogo de Münster (Alemania) niega que la poligamia en África sea signo de atraso moral

El sacerdote congoleño Égide Muziazia (Tumikia, República Democrática del Congo, 1981), presbítero de la diócesis de Münster y doctor en Teología por la universidad de esa ciudad, donde imparte docencia en el Instituto de Pedagogía de la Religión y Teología Pastoral, ha publicado un extenso artículo en el portal teológico feinschwarz.net. En él toma la poligamia africana como ejemplo de lo que llama la contextualidad de toda acción pastoral. El portal katholisch.de recogió el texto el pasado martes, 13 de octubre.

Una institución social, no una falta moral

«La poligamia no es en África ni una mera falta moral ni un indicio de atraso moral», escribe Muziazia. Para el teólogo se trata de una institución social ligada a redes de parentesco, alianzas entre clanes y transmisión de la vida, porque el matrimonio africano une ante todo a dos familias. Históricamente aseguraba la descendencia y la mano de obra agrícola. También servía para proteger a viudas y huérfanos mediante el levirato.

El autor critica con dureza la acción misionera. A su juicio, exigir la monogamia como condición para el bautismo provocó un choque cultural frontal. Muchas esposas «sobrantes» fueron repudiadas, algo que califica de injusticia cometida en nombre del Evangelio. Reconoce, con todo, que la poligamia actual, mayoritariamente informal, apenas conserva aquellas funciones. La atribuye a la urbanización, al trabajo asalariado y a la precariedad. Recuerda también que todavía hay viudas sometidas al levirato forzoso.

Lo que dice el documento del SECAM

Muziazia elogia el informe final El desafío pastoral de la poligamia. Lo elaboró una comisión del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) y la Secretaría General del Sínodo lo publicó el 24 de marzo. Lo describe como la culminación de un largo proceso. En él, una práctica pastoral asentada durante décadas en las Iglesias africanas recibe ahora reflexión teológica y respaldo colegial. Sostiene que esa práctica debe tomarse como locus theologicus, pues en ella el sensus fidei de los fieles se habría expresado antes que la formulación episcopal.

El artículo destaca la acogida, el acompañamiento y un catecumenado más intenso que propone el informe. Subraya también la justicia debida a las mujeres no elegidas como esposas y a sus hijos. No alude, en cambio, al núcleo doctrinal del texto. Según el comunicado oficial, el documento reafirma que el matrimonio cristiano es monógamo por naturaleza teológica y no por imposición cultural. También excluye cualquier forma de reconocimiento de la poligamia. Y recomienda no bautizar a los catecúmenos polígamos antes de que asuman libremente el matrimonio monógamo.

De Kinshasa a Múnich

La parte que katholisch.de no recoge es probablemente la más relevante. Muziazia sostiene que la perspectiva contextual ilumina también los debates occidentales. Menciona la predicación de laicos, la bendición de parejas en situaciones llamadas irregulares, la apertura de cargos eclesiales a mujeres, la reorganización de la dirección parroquial y el Camino Sinodal alemán. Considera que se discuten en clave jurídica cuando son, en realidad, cuestiones pastorales.

El teólogo señala un paralelismo. En enero de 2024 el SECAM declaró, invocando el contexto africano, que las bendiciones de Fiducia supplicans no podían aplicarse en el continente. Ahora, según Muziazia, esas mismas Iglesias piden examinar la poligamia desde ese contexto. Concluye que ningún continente puede universalizar su propia respuesta, y que la teología europea solo tuvo el poder histórico de presentarse como norma universal. «Lo que vale para Kinshasa, Johannesburgo o Nairobi no vale de igual modo para Múnich, París o Chicago», escribe.

El autor precisa que «esto no significa que el contexto disuelva la norma». La norma universal necesita arraigar en los contextos, y estos necesitan la norma para no convertirse en una prisión. Su fórmula final: «La catolicidad no es uniformidad, sino comunión de los contextos».

En los dos casos que el autor equipara, los obispos africanos apelaron a su realidad cultural en la misma dirección. Lo hicieron para no aplicar las bendiciones de Fiducia supplicans y para reafirmar el matrimonio monógamo.

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