El cardenal Pietro Parolin ha admitido este jueves que sigue «preocupado» por la salud de León XIV y ha pronunciado una frase que en Roma nadie ha pasado por alto: según cómo evolucione su recuperación, el Papa «reajustará su pontificado, si fuera necesario reajustarlo».
El secretario de Estado visitó al Pontífice en el Policlínico Gemelli, donde permanece ingresado desde el martes tras ser operado de un nódulo pulmonar. «Sí, lo he encontrado bien», respondió a los periodistas a su salida, y añadió que lo que el Papa le contó «corresponde exactamente a lo que han dicho los comunicados». Horas después, al margen de un acto en la embajada de Irak en Roma, el tono fue bastante más grave: «Sigo estando preocupado, porque lamento enormemente lo que ha ocurrido. Me fío de las noticias que nos han dado, de los boletines, y por eso tengo también la esperanza de que esta situación pueda resolverse cuanto antes».
«No se pueden hacer previsiones de ningún tipo»
Preguntado por el futuro inmediato del pontificado, el cardenal respondió: «Hace apenas dos días que el Papa fue hospitalizado; no se pueden hacer previsiones de ningún tipo. Se trata de ver cuándo regresará y qué dirán los médicos. Y, en función de todos estos elementos, el Papa también reajustará su pontificado, si fuera necesario reajustarlo».
Cuesta entender que el diplomático más experimentado de la Santa Sede, maestro en el arte de no decir nada, haya escogido precisamente ese verbo. En la misma frase en que pide no hacer previsiones, deja caer la posibilidad de un pontificado recortado, y lo hace con una vaguedad que invita a imaginar cualquier cosa, desde una agenda más ligera hasta escenarios que nadie en el Vaticano querría ver impresos. Si la intención era tranquilizar, el resultado ha sido el contrario: la frase ha dado la vuelta al mundo en pocas horas y ha alimentado justo las especulaciones que el propio Parolin decía querer evitar.
Tampoco quiso comprometerse con el Ángelus del domingo. Si el Papa mejora antes del fin de semana, cree que podría rezarlo desde el Gemelli, aunque enseguida se corrigió: «Dependerá un poco de la evolución de la convalecencia. Son todas suposiciones mías». Sobre el viaje a Uruguay, Argentina y Perú, previsto del 6 al 17 de noviembre, recordó que la decisión inicial era mantenerlo, pero dejó la puerta abierta: «Es un viaje largo y exigente; dependerá de los médicos».
Lo que los boletines no cuentan
El parte médico de este jueves es tranquilizador en lo inmediato: controles normales, buena recuperación del pulmón operado, fisioterapia con actividad motora completa y un posoperatorio que «avanza con normalidad». El Papa ha concelebrado la Misa, ha retomado parte de su trabajo y, si no hay complicaciones, volverá al Palacio Apostólico entre el martes y el miércoles de la próxima semana.
Sin embargo, tres días después de la intervención, ningún comunicado ha precisado el estadio del adenocarcinoma ni si los ganglios linfáticos extirpados durante la operación estaban libres de enfermedad. Son precisamente los dos datos que determinan el pronóstico y la necesidad de tratamientos posteriores. Ese silencio, sumado a la preocupación que el secretario de Estado no se molestó en disimular, obliga a contemplar escenarios algo peores que los que se transmitieron al principio, cuando todo parecía reducirse a un nódulo detectado a tiempo y extirpado sin más.
Nada de ello autoriza el alarmismo. Incluso en esos escenarios menos favorables, un adenocarcinoma pulmonar operado con éxito en un paciente de setenta y un años, con buena recuperación y vida autónoma desde el primer día, es una situación médicamente controlable. Pero la Santa Sede haría bien en dar esa información cuanto antes, porque cada día de silencio pesa más que cualquier verbo mal escogido.