Los católicos que van a misa tienen matrimonios más felices, según un nuevo estudio

Un informe del Institute for Family Studies, presentado por uno de sus autores en el National Catholic Register, concluye que los católicos estadounidenses que acuden a misa con regularidad tienen matrimonios más felices que los no religiosos. El estudio revela una paradoja: las bodas católicas han caído un 74 % desde 1970 y solo una minoría de practicantes suscribe plenamente la indisolubilidad.

Los católicos que van a misa tienen matrimonios más felices, según un nuevo estudio

El informe, titulado The Devout Difference: Religion, Marital Quality, and Sex Among Americans y publicado en septiembre por el Institute for Family Studies (IFS), analiza la relación entre práctica religiosa y calidad matrimonial en Estados Unidos, con especial atención a los católicos. Lo firman Rich Dell’Isola, Brad Wilcox, Grant Bailey y Jane Lankes Smith, y combina datos de la General Social Survey con una encuesta propia realizada en 2026 a personas casadas de entre 20 y 54 años.

Según sus resultados, el 79 % de los católicos que van a misa al menos dos o tres veces al mes se declaran muy o extremadamente felices en su matrimonio, frente al 74 % de los protestantes practicantes y el 66 % de quienes no profesan ninguna religión. Los católicos meramente nominales no muestran una ventaja significativa sobre los no creyentes, de modo que los autores atribuyen la diferencia a la práctica y no a la simple adscripción. Dell’Isola lo resume en su comentario en el National Catholic Register: la fe «debe ser creída y practicada».

La indisolubilidad, factor decisivo

Una de las variables de mayor peso es la convicción de que el matrimonio es un vínculo para toda la vida. Los cónyuges que la suscriben plenamente multiplican por 1,85 sus posibilidades relativas de declararse felizmente casados, una vez descontados la edad, el sexo, la raza y el nivel de estudios. Esa misma convicción se asocia a una mayor estabilidad percibida y a una vida sexual más satisfactoria: el 69 % de los católicos practicantes casados mantiene relaciones al menos semanalmente, frente al 47 % de los no religiosos.

El dato remite a la doctrina constante de la Iglesia. El Código de Derecho Canónico establece en su canon 1056 que las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del sacramento.

El declive, en cifras

El propio informe advierte de que solo el 39 % de los católicos practicantes está completamente de acuerdo con la permanencia del vínculo, por debajo del 52 % de los protestantes practicantes. Los católicos practicantes perciben además su matrimonio como menos estable (63 %) que los no religiosos (71 %), aunque se divorcian menos. El estudio señala también que una cuarta parte de los varones casados practicantes consume pornografía al menos una vez al mes y que solo el 46 % de los padres católicos practicantes recibe alguna ayuda de su parroquia.

El contexto es de retroceso. Las bodas católicas en Estados Unidos pasaron de 415.000 en 1970 a 109.000 en 2024, y la asistencia semanal a misa entre quienes se declaran católicos ha bajado del 44 % en los años setenta al 18 % actual.

El papel de la formación

El informe dedica un apartado a los exalumnos de FOCUS, el mayor apostolado universitario católico del país y patrocinador del estudio, circunstancia que el IFS hace constar. El 84 % de ellos defiende la indisolubilidad, y entre los casados hace diez años o menos, el 95 % percibe su matrimonio como estable, frente al 65 % del conjunto de católicos practicantes. Los autores reconocen, no obstante, que su ventaja en felicidad conyugal se reduce al aplicar controles estadísticos.

Entre sus recomendaciones, el IFS pide reforzar la preparación al matrimonio, la catequesis de jóvenes y adultos y el apoyo parroquial a las familias numerosas. Los autores admiten también que parte de las diferencias puede deberse a efectos de selección, pues los católicos que se divorcian son más propensos a abandonar la práctica.

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