El cardenal Arthur Roche ha vuelto a hablar claro, y no precisamente para tender puentes. En una entrevista exclusiva concedida a AdVaticanum, firmada por Thomas Edwards y publicada este 13 de octubre, el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos repasa sus cinco años al frente del dicasterio. Habla de Traditionis custodes, de la Fraternidad San Pío X y de la polémica por el canto del Corán en una misa universitaria en Bélgica. El tono es el de siempre: la reforma litúrgica no se discute, y quien la resiste se sitúa fuera del centro de la Iglesia.
Las respuestas llegan cuando el propio cardenal, según el medio, ha presentado ya su renuncia por edad. Llama la atención la distancia entre su diagnóstico y algunos datos conocidos. Roche asegura que los obispos pedían cambios en Summorum Pontificum y atribuye la impresión contraria al «ruido» de los grupos tradicionalistas. Sin embargo, el informe publicado en 2025 por la periodista Diane Montagna apuntaba que la mayoría de los obispos consultados desaconsejaba modificar el motu proprio de Benedicto XVI.
Su lectura de Summorum Pontificum como un instrumento pensado para la FSSPX deja fuera la carta con que Benedicto XVI lo acompañó en 2007. En ella el Papa hablaba de una reconciliación interna en la Iglesia y recordaba que lo que fue sagrado para las generaciones anteriores sigue siéndolo hoy. Su afirmación sobre la invalidez de los sacramentos de la Fraternidad tampoco se compagina fácilmente con las facultades que Francisco concedió a sus sacerdotes entre 2015 y 2017.
Hacia la liquidación jurídica con Traditionis custodes
Leídas en conjunto, las respuestas del prefecto presentan Traditionis custodes como un marco de restricción sin vuelta atrás, no como una etapa transitoria. El motu proprio de 2021 ya establecía en su artículo 1 que los libros litúrgicos promulgados por Pablo VI y Juan Pablo II son la única expresión de la lex orandi del rito romano. Las Responsa ad dubia de diciembre de ese año, firmadas por el propio Roche, endurecieron después su aplicación. Si a eso se suma un Papa que, según el cardenal, no revisará la norma, y la recomendación de no asistir de forma exclusiva a la Misa antigua, lo que se desprende de sus palabras es un horizonte de limitación progresiva que deja al rito tradicional sin un lugar estable en el derecho de la Iglesia.
Preguntado por si León XIV ofrecerá una orientación propia, sobre todo ante el atractivo de la Misa de 1962 entre muchos jóvenes, Roche lo descarta de plano:
«No va a cambiar Traditionis custodes. No va a volver a Summorum Pontificum».
El cardenal se apoya en unas palabras recientes de León XIV a sacerdotes y consagrados en Notre-Dame. Las interpreta como una petición de abandonar las preferencias particulares y volver a lo que pide la Iglesia. Cita también el discurso con que el Pontífice cerró hace unas semanas su ciclo de catequesis sobre Sacrosanctum Concilium. La razón de fondo, explica, es que la Iglesia se reúne «como una familia, como un grupo, no simplemente como individuos».
«Si se resiste, uno se aleja del centro del catolicismo»
El entrevistador recuerda que Francisco justificó Traditionis custodes con un cuestionario enviado a los obispos del mundo. Le plantea también el informe de Montagna, según el cual la mayoría de las respuestas desaconsejaba tocar Summorum Pontificum. Roche no entra en ese dato y responde con una convicción personal:
«No me cabe duda, y lo oigo una y otra vez de los obispos».
El cardenal sostiene que los grupos tradicionalistas son mucho más ruidosos que el resto de la Iglesia y por eso consiguen titulares más llamativos. Según su versión, Summorum Pontificum se creó para facilitar el regreso de la FSSPX, cosa que no ocurrió. En su lugar, dice, sirvió en algunas regiones para promover la liturgia antigua frente a la renovada, lo que a su juicio contradecía el espíritu del documento.
De ahí pasa a la advertencia que da título a la entrevista. Para Roche, el Papa quiso, por el bien de la unidad, volver a convocar a la Iglesia en torno al Concilio, al que define como la máxima instancia legislativa de la Iglesia:
«Si se rechaza, si se resiste, uno se aleja del centro del catolicismo».
«¿Cuál es su problema? ¿Qué más desean?»
Cuando se le pregunta si aconsejaría a los fieles del Vetus Ordo ir a la Misa nueva, Roche matiza: «No deberías asistir exclusivamente a esa Misa, creo». Relata que, cuando grupos de mentalidad tradicional le dicen que el Papa no ha sido amable con ellos, les recuerda que se les permite celebrar con el rito antiguo, y les pregunta:
«¿Cuál es su problema? ¿Qué más desean?»
Según el cardenal, en general no saben responder. En los blogs tradicionalistas, en cambio, cree ver la aspiración a una Iglesia que no se adhiera al Vaticano II. Pide a todo católico, sea cual sea su sensibilidad, examinar su conciencia a la luz de la enseñanza de la Iglesia y no de sus gustos. Insiste en que amar el latín está bien: «Somos del rito latino». Invoca también Mystici Corporis y Mediator Dei, de Pío XII, como pilares de Sacrosanctum Concilium, y sostiene que nada de ellos cambió en la constitución conciliar.
El entrevistador insiste en que en la Misa tradicional casi se da por garantizada una comprensión correcta de la Eucaristía y la confesión frecuente, y en que la Iglesia debería aprovechar esa energía juvenil. Roche replica preguntando si eso no ocurre también en la Misa dominical del nuevo rito. Tampoco reconoce un mayor compromiso:
«¿Es diferente el nivel de fe? No lo vi. Como pastor, nunca lo he visto».
Sacrosanctum Concilium y el latín
Le recuerdan que la constitución conciliar pide conservar el latín y prohíbe a los sacerdotes cambiar la liturgia por su cuenta. Ante quienes sostienen que el misal de 1969 no refleja fielmente el texto, Roche habla de una «interpretación errónea». Asegura que en sus 51 años de sacerdocio y 25 de episcopado nunca ha visto una diócesis donde esos elementos no estuvieran presentes. Pone como ejemplo al obispo Gordon Wheeler, de Leeds, que tras el Concilio dispuso que la nueva Misa se celebrara en latín cada domingo en algún lugar de cada decanato.
«Quince minutos, de amito a amito»
El periodista compara a la generación de Roche, que vio en el Concilio el futuro de la Iglesia, con los jóvenes que hoy ven necesario volver al Vetus Ordo. El cardenal acepta el paralelismo y evoca su infancia como monaguillo. El sacerdote al que ayudaba, el padre Quinton, le advertía:
«Recuerda, 15 minutos, de amito a amito».
Con esa anécdota ilustra la rapidez con que se celebraba la Misa antigua. Recuerda además que una Misa cantada, o una Misa mayor con diácono y subdiácono, era rara en la mayoría de las parroquias inglesas. Niega que la reforma sea defectuosa: la estructura, afirma, es la misma, enriquecida con fuentes que no estaban disponibles en la década de 1570.
Para reforzar su argumento recurre a san Pablo y a los abusos litúrgicos de Corinto. El Apóstol transmitió lo que había recibido del Señor, y eso mismo, dice, corresponde a la Iglesia en su nivel más alto. La unidad forma parte del don eucarístico y, en su opinión, «no es algo que se pueda elegir a conveniencia». Recuerda que en una entrevista con The Tablet le preguntaron si hay que ir a misa cada domingo para ser católico, y respondió que sí. El catolicismo, explica, es un compromiso, no algo conceptual. Vivirlo solo cuando conviene, concluye, «no es catolicismo. Eso es protestantismo».
La FSSPX: «no tienen jurisdicción»
Sobre un posible regreso de la Fraternidad San Pío X, Roche responde que siempre hay un camino de vuelta y que la conversión es una tarea diaria, también para él. Cuando se le pregunta por la validez de sus confesiones y matrimonios, es tajante:
«Sí. Porque no tienen jurisdicción, no tienen autoridad».
El prefecto califica de generoso el gesto de Francisco en el Año de la Misericordia. Reprocha a la Fraternidad que ahora sostenga que el Papa no tenía autoridad para ello y que sus sacramentos ya eran válidos. «O crees en la Iglesia o no», zanja. Añade que él mismo se confiesa cada dos semanas en San Pedro, haciendo cola, para mostrar que también es pecador, y siempre ante un sacerdote con poder de absolver.
Para entender el alcance de esta respuesta conviene recordar varias fechas. Francisco concedió en 2015 a los sacerdotes de la Fraternidad la facultad de absolver durante el Jubileo, la prorrogó sin plazo en Misericordia et misera (2016) y en 2017 autorizó a los ordinarios a delegar para la asistencia a sus matrimonios. La entrevista no aclara si el cardenal se refiere al periodo anterior a esas concesiones.
El Corán en una misa belga
AdVaticanum le pregunta por la misa de inicio de curso de una universidad católica belga en la que se cantó un pasaje del Corán y la homilía corrió a cargo de un laico. Según la universidad, la decisión se tomó en consulta con los obispos locales. Roche responde sin rodeos: «Completamente equivocado». Lo atribuye a una mala comprensión de la Eucaristía y advierte del riesgo de convertir la liturgia en lo que cada uno quiere que sea. Lo califica de adaptación social y de «una moda sin fundamento teológico».
Ballester, sus recuerdos y el futuro
La entrevista se abre con Pedro Ballester, el joven numerario del Opus Dei cuya causa de beatificación está abierta y de cuya familia Roche es amigo. El cardenal lo recuerda rebosante de vida y de entrega a los demás, con una mente inquisitiva y una vocación de sufrir unido a la cruz que considera una gracia excepcional en alguien tan joven.
Entre sus mejores recuerdos como prefecto menciona el privilegio de trabajar con dos Papas en la aplicación de la reforma conciliar. Cita también los encuentros con obispos de todo el mundo, que le han mostrado una Iglesia que hoy florece con dificultad incluso donde no hay persecución abierta, pero sí prejuicios contra el catolicismo.
Sobre su futuro tras presentar la renuncia, recuerda que sigue siendo miembro de varios dicasterios y que el trabajo no ha terminado. «Una vocación no es un trabajo. Es una forma de vida», afirma. Mientras Dios le dé aliento, quiere seguir siendo simplemente sacerdote.