El obispo auxiliar de Astaná, Athanasius Schneider, ha advertido de que el encuentro convocado por León XIV para conmemorar los diez años de Amoris laetitia carecerá de verdadero sentido si no se corrige la interpretación que permite acceder a la comunión a divorciados vueltos a casar civilmente sin el compromiso de vivir en continencia. El prelado considera que las orientaciones aprobadas durante el pontificado de Francisco contradicen la ley divina, debilitan la doctrina sobre la indisolubilidad matrimonial y atentan contra la santidad de la Eucaristía.
En una entrevista exclusiva concedida al periodista Michael Haynes para Catholic Herald, publicada este jueves 8 de octubre, Schneider cuestionó que el Vaticano pretenda profundizar en la pastoral familiar sin resolver antes las controversias doctrinales que acompañan a la exhortación apostólica desde su publicación en 2016.
«¿Cómo podemos profundizar en lo que son el matrimonio y la familia cuando existe confusión? Simplemente profundizaremos todavía más en esa confusión», advirtió.
Sus declaraciones coinciden con el encuentro que se desarrolla en Roma del 7 al 14 de octubre, en el que participan presidentes de conferencias episcopales y responsables de las Iglesias católicas orientales para examinar la recepción de Amoris laetitia y los desafíos actuales de la pastoral matrimonial.
«Esto debe corregirse explícitamente porque es contrario a la ley divina»
Schneider situó el origen de la controversia en las orientaciones publicadas en septiembre de 2016 por los obispos de la región de Buenos Aires para aplicar el capítulo VIII de Amoris laetitia.
Los criterios contemplaban que, en determinadas circunstancias y después de un proceso de discernimiento, personas divorciadas que mantienen una nueva unión pudieran acceder a los sacramentos incluso cuando no hubieran conseguido asumir el compromiso de vivir en continencia.
El Papa Francisco respaldó expresamente esa interpretación mediante una carta fechada el 5 de septiembre de 2016, en la que afirmó que los criterios de los obispos argentinos explicaban adecuadamente el sentido del capítulo VIII y añadió: «No hay otras interpretaciones».
Posteriormente, ambos documentos fueron publicados en las Acta Apostolicae Sedis con la indicación de que debían considerarse magisterio auténtico.
Para Schneider, esta aprobación constituye precisamente el núcleo del problema, puesto que considera que las orientaciones contradicen la enseñanza constante de la Iglesia sobre el matrimonio y las condiciones para recibir dignamente la Eucaristía.
«Esto no puede aceptarse ni continuar; debe corregirse explícitamente, porque es contrario a la ley divina», declaró.
El obispo rechazó que la dificultad para vivir en castidad pueda convertirse en una justificación para recibir la comunión mientras se mantiene una relación contraria al vínculo matrimonial sacramental.
«Todos tenemos la obligación de Dios de vivir castamente, con la ayuda de su gracia, por supuesto. Y con la gracia de Dios es posible», recordó.
A su juicio, admitir a la comunión a personas que permanecen objetivamente en una situación contraria a los mandamientos supone, en la práctica, «una negación de la verdad divina de la indisolubilidad del matrimonio» y «un ataque directo a la inefable santidad de la Sagrada Eucaristía».
Schneider llegó a calificar esta práctica como una profanación material objetiva de la Eucaristía y recordó la advertencia de san Pablo sobre quienes comen y beben indignamente el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Una controversia doctrinal que permanece abierta diez años después
La crítica del obispo de Astaná recupera una de las cuestiones más discutidas del pontificado de Francisco: la relación entre Amoris laetitia y la disciplina sacramental reafirmada por san Juan Pablo II.
En el número 84 de Familiaris consortio, el Pontífice polaco había recordado que los divorciados vueltos a casar civilmente no podían ser admitidos a la comunión mientras persistiera una situación objetivamente contraria a la indisolubilidad matrimonial. Cuando existieran motivos graves que impidieran la separación, como la educación de los hijos, el acceso a los sacramentos requería asumir el compromiso de vivir en plena continencia.
La interpretación de Amoris laetitia respaldada por Francisco introdujo la posibilidad de un discernimiento pastoral que, en determinados casos, podía conducir al acceso a los sacramentos sin ese compromiso.
Esta diferencia motivó las conocidas dubia presentadas en 2016 por los cardenales Raymond Burke, Walter Brandmüller, Carlo Caffarra y Joachim Meisner, quienes solicitaron aclaraciones sobre la continuidad de la enseñanza moral y sacramental de la Iglesia.
La cuestión ha vuelto al primer plano con motivo del décimo aniversario de la exhortación y un debate que no se limita a una cuestión de disciplina pastoral, sino que afecta a la relación entre la doctrina sobre el matrimonio, la moral objetiva y el acceso a la Eucaristía.
Schneider considera que la solución no puede consistir en seguir aplazando una aclaración. Según el prelado, la interpretación aprobada por Francisco continúa vigente y requiere una corrección expresa.
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Schneider cuestiona el silencio del encuentro convocado por León XIV
Las declaraciones adquieren especial relevancia porque el encuentro que se celebra actualmente en Roma ha sido presentado por sus organizadores como una oportunidad para profundizar en la realidad de las familias y evaluar las experiencias pastorales desarrolladas durante la última década, pero no como una revisión doctrinal de Amoris laetitia.
Los trabajos siguen una metodología sinodal basada en la escucha y el intercambio de experiencias, con sesiones a puerta cerrada y sin que esté prevista la publicación de un nuevo documento magisterial.
Sin embargo, las primeras jornadas han vuelto a dejar al margen la controversia que más divisiones provocó tras la publicación de la exhortación.
Este jueves, la segunda jornada del encuentro evitó abordar la nota 351 y la cuestión de la comunión de los divorciados vueltos a casar. Las intervenciones difundidas se centraron en los desafíos contemporáneos de la familia, la escucha y la necesidad de nuevas respuestas pastorales, sin entrar directamente en las objeciones doctrinales planteadas durante estos diez años.
Para Schneider, un encuentro dedicado al matrimonio no puede ignorar precisamente aquello que considera una amenaza para su indisolubilidad y para la dignidad de los sacramentos.
«Estas reuniones sobre la familia no tendrán fruto ni sentido a menos que se corrijan Amoris laetitia y el documento del Papa Francisco relativo a las normas de los obispos de la región de Buenos Aires», afirmó.
El obispo pidió que los participantes afronten el asunto con honestidad y que el Papa reconozca la necesidad de resolver una interpretación que, a su juicio, está perjudicando la doctrina matrimonial y la vida de las familias.
Schneider también denuncia el relativismo en el diálogo interreligioso
Durante la entrevista, el obispo auxiliar de Astaná abordó también un reciente documento publicado con motivo del 60 aniversario de Nostra aetate, la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.
Schneider cuestionó una formulación que presenta a las distintas religiones como llamadas a transformar la sociedad para convertirse en expresiones fraternas de la voluntad de Dios.
A su juicio, esa expresión corre el riesgo de situar la fe católica al mismo nivel que las demás religiones y de reducir la misión de la Iglesia a la promoción de una fraternidad meramente humana, sin referencia a la necesidad de conversión a Jesucristo.
El prelado calificó ese planteamiento como «una pura expresión de relativismo» y sostuvo que la voluntad salvífica de Dios no puede separarse del reconocimiento de Cristo como único Salvador.
Sus palabras prolongan las reservas que ya había manifestado respecto al Documento sobre la Fraternidad Humana firmado en Abu Dabi en 2019, cuya formulación sobre la diversidad de religiones también había cuestionado ante Francisco.
Diez años después de Amoris laetitia, y mientras León XIV reúne en Roma a representantes del episcopado mundial para examinar su aplicación, Schneider reclama que no se eluda lo que considera el problema fundamental de la exhortación: la interpretación que permite el acceso a la Eucaristía de divorciados vueltos a casar sin el compromiso de continencia y que, a su juicio, debe ser corregida explícitamente para salvaguardar la doctrina sobre el matrimonio y la santidad del sacramento.