La primera vuelta del domingo dejó a Brasil partido en dos mitades casi exactas. Flávio Bolsonaro obtuvo 56,1 millones de votos, el 47,03% de los válidos, y Lula da Silva 53,9 millones, el 45,16%. Se medirán de nuevo el 25 de octubre, y todas las encuestas coinciden en que el desempate se jugará entre los fieles. Lula dominó entre los católicos con márgenes de dieciséis a veinticinco puntos, según los institutos; Flávio arrasó entre los evangélicos con ventajas de veinte a treinta. El país más católico del mundo vota hoy según el banco en que se sienta.
Lo que ha hecho el gobierno de Lula
El presidente se declara católico y repite desde hace años una fórmula calculada: está en contra del aborto a título personal, pero como jefe de Estado debe tratarlo como un problema de salud pública. Su administración ha ido bastante más lejos que su retórica. En 2023 los ministerios revocaron las normas provida del gobierno anterior y la diplomacia brasileña adoptó en la ONU el lenguaje de los «derechos reproductivos». En 2024 el Ministerio de Salud dictó una orientación que permitía abortar por violación hasta los nueve meses, retirada tras el escándalo, y Lula calificó de «insanidad» el proyecto parlamentario que equiparaba el aborto tardío al homicidio. La cartilla oficial de la gestante incorpora ahora un capítulo sobre embarazo no deseado y modos de interrumpirlo. En el Supremo sigue viva la acción que despenalizaría el aborto hasta la duodécima semana sin pasar por el Congreso, y la mayoría de sus jueces los nombró el PT.
Con la Iglesia ha sido igual de desenvuelto. Pidió en público el fin del celibato sacerdotal y, en la última semana de campaña, su partido repartió entre los militantes un manual de conversación con la consigna de insistir en que «Lula es católico y guiado por valores cristianos». El resultado fue inmediato: cinco puntos de subida entre católicos en siete días, según Quaest.
Lo que promete Flávio Bolsonaro
El senador es evangélico desde que entró en política, por influencia de su madre, y frecuenta con su esposa la Comunidade das Nações. En el acto de Copacabana que abrió su campaña prometió nombrar cuatro ministros del Supremo contrarios al aborto y a la legalización de las drogas, con el propósito declarado de frenar el activismo judicial en esas materias. Su partido impulsó en 2024 en la Cámara un proyecto para prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Su primera opción para la vicepresidencia, la diputada Clarissa Tércio, es autora de una ley que obligaría a los hospitales a colgar carteles disuasorios del aborto; acabó eligiendo al diputado Alfredo Gaspar.
La fragilidad del candidato está en el terreno de la devoción. Su pastor, JB Carvalho, dejó escrito que convenía retirar a Nuestra Señora de Aparecida el título de Patrona de Brasil, y un asesor suyo tachó de idolatría el culto mariano. Sobre ese fondo prendió el bulo que acusaba a Flávio de querer destronar a la Virgen. Él lo negó en vídeo, lo llevó al Tribunal Superior Electoral y lo comparó con la cuchillada que sufrió su padre en 2018; en un podcast católico contó que conserva con cariño una imagen de Aparecida tejida a ganchillo. Los grandes pastores del país firmaron un manifiesto en su apoyo, pero el daño estaba hecho: perdió nueve puntos entre evangélicos en un mes y la CNBB salió a rebatir unas declaraciones suyas contra miembros de la Iglesia.
La doctrina y el silencio episcopal
La enseñanza católica ofrece aquí una brújula bastante precisa. Evangelium vitae sitúa el derecho a la vida como fundamento de todos los demás, y la nota de Ratzinger a los obispos norteamericanos en 2004 recordaba que las cuestiones morales no pesan lo mismo: cabe discrepar sobre la guerra o la pena de muerte, no sobre el aborto y la eutanasia. Benedicto XVI habló luego de principios no negociables. Con esa vara, el votante católico brasileño tiene ante sí a un candidato que ataca el fundamento y a otro que lo defiende, y que el segundo rece en otro templo pasa a segundo plano. Los católicos de Estados Unidos recorrieron ese camino con Biden y Trump y en 2024 votaron mayoritariamente al protestante que había nombrado a los jueces de Dobbs; Brasil se asoma al mismo dilema con un reparto de papeles muy parecido.
El episcopado ha preferido no mojarse. Dom Jaime Spengler, presidente de la CNBB, afirmó en la víspera que la Iglesia no manifiesta preferencia por ningún candidato. Esa misma Conferencia encontró ocasión para corregir a Flávio por la polémica mariana y ninguna para pronunciarse sobre la orientación ministerial que autorizaba abortar a los nueve meses.
Aparecida en medio de la campaña
Entre las dos vueltas cae el 12 de octubre, fiesta de la Patrona. Los dos candidatos acudirán con toda probabilidad a la basílica paulista, cada uno a demostrar lo que le falta: Flávio, que respeta a la Virgen; Lula, que es católico. Los fieles que acudan ese día tendrán quince jornadas más para decidir si les pesa más el templo que comparten con uno o la doctrina sobre la vida que comparten con el otro.