El cardenal Pietro Parolin defendió ante la Asamblea General de Naciones Unidas la sacralidad de la vida «desde la concepción hasta la muerte natural», denunció la persecución de los cristianos y advirtió contra una tecnología que termine desplazando la responsabilidad del hombre.
El secretario de Estado intervino el pasado 26 de septiembre en el debate general de la 81.ª sesión de la Asamblea General, como jefe de la delegación de la Santa Sede. Su discurso coincidió con el viaje de León XIV a Francia, donde la dignidad de la persona fue uno de los grandes ejes de las intervenciones del Pontífice, incluido su discurso ante la UNESCO.
Ante los representantes de los Estados, Parolin habló de vida, libertad religiosa, persecución de los cristianos, inteligencia artificial, rearme y guerras abiertas. También dedicó referencias concretas a Venezuela, Nicaragua y Cuba.
«Desde la concepción hasta la muerte natural»
Parolin partió de la dignidad de la persona. En un mundo que corre el riesgo de reducir al hombre a «consumidor, dato o instrumento», recordó que el ser humano debe seguir siendo la medida del progreso.
Su dignidad, afirmó, no la concede el Estado ni depende de la productividad económica o de las capacidades tecnológicas. Es propia de cada hombre porque ha sido «querido y amado por Dios».
«De esto deriva la sacralidad de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural», afirmó el secretario de Estado, que recordó el deber de toda sociedad que aspire a considerarse civilizada de protegerla.
Parolin volvió sobre esta cuestión al hablar de los derechos fundamentales. Entre quienes necesitan una protección especial mencionó expresamente a los niños por nacer, junto con los ancianos, discapacitados, enfermos, refugiados, inmigrantes, desempleados, marginados y quienes sufren pobreza extrema, violencia o guerra.
«El primero de los derechos humanos»
El secretario de Estado dedicó también una parte importante de su intervención a la libertad religiosa. Citando a Benedicto XVI, recordó que es «el primero de los derechos humanos», porque afecta a una dimensión constitutiva del hombre: su relación con el Creador.
«Sin la posibilidad de buscar y adherirse a la verdad sobre Dios según los dictados de la conciencia, las demás libertades permanecen incompletas», señaló.
Parolin habló entonces de los cristianos perseguidos. Recordó que en numerosos lugares del mundo siguen sufriendo discriminación y violencia por su fe, con iglesias atacadas, comunidades desplazadas y fieles asesinados o encarcelados.
La Santa Sede, explicó, no reclama con ello un privilegio para los cristianos, sino que considera que la defensa de la libertad de una comunidad fortalece también la libertad de las demás.
«El silencio ante semejante sufrimiento sería una traición a la misión de la Iglesia», advirtió.
La inteligencia artificial no puede decidir quién muere
La inteligencia artificial ocupó otro amplio apartado del discurso. Parolin se detuvo especialmente en las armas autónomas letales y en el riesgo de que la responsabilidad sobre una muerte termine diluyéndose detrás de un algoritmo.
La Santa Sede reclama que siempre pueda determinarse quién ha diseñado, autorizado y utilizado un sistema y quién responde por las decisiones adoptadas.
«La decisión de utilizar fuerza letal no puede delegarse en procesos opacos o automatizados», recordó Parolin citando Magnifica Humanitas.
La rapidez y la eficiencia tampoco pueden convertirse en los criterios decisivos cuando está en juego una vida. El empleo de fuerza letal, sostuvo, debe permanecer bajo un control humano «efectivo, consciente y responsable».
La «ilusión» de que la fuerza da poder
Parolin fue especialmente crítico con el deterioro de las relaciones internacionales. Denunció la pérdida de confianza entre los Estados y una política basada cada vez más en amenazas mutuas y en «la ilusión de que la fuerza genera poder».
Frente a esta dinámica reclamó recuperar tres principios: «paz, justicia y verdad».
El secretario de Estado defendió además que el desarme no puede considerarse un ideal secundario. Reconoció el legítimo derecho de los pueblos a defenderse, pero advirtió de que no puede degenerar «en una carrera hacia un rearme masivo».
También cuestionó una concepción de la seguridad asentada principalmente sobre la disuasión y la superioridad militar. Una estabilidad sostenida permanentemente sobre la amenaza de destrucción, vino a señalar, difícilmente puede confundirse con una verdadera paz.
Ucrania: «Las armas deben callar»
Sobre Ucrania, Parolin recordó que después de más de cuatro años de guerra continúa aumentando el número de muertos y pidió poner fin a las hostilidades para abrir paso a la diplomacia.
«La paz no puede posponerse; las armas deben callar y los bombardeos deben cesar», afirmó.
La Santa Sede respaldó las iniciativas encaminadas a conseguir un alto el fuego «inmediato, completo y efectivo».
El purpurado insistió también en la protección de los civiles y recordó que el Derecho internacional humanitario no puede aplicarse o ignorarse según las conveniencias militares. La destrucción de hospitales, viviendas, infraestructuras energéticas y otros lugares indispensables para la población constituye una grave violación de sus normas.
Gaza, Cisjordania y los cristianos de Oriente Próximo
La Santa Sede reiteró su denuncia de la violencia contra los civiles palestinos en Cisjordania. Parolin mencionó expresamente la escalada de hostilidades, las demoliciones de viviendas y las restricciones de movimiento que están provocando el desplazamiento de comunidades.
Sobre Gaza, habló de una grave crisis humanitaria marcada por la destrucción generalizada, los desplazamientos masivos y la persistente escasez. El Vaticano pidió a la comunidad internacional trabajar por una solución de dos Estados que permita alcanzar una paz justa y duradera.
También hubo una referencia específica a los cristianos de Oriente Próximo. Al hablar del Líbano, Parolin pidió que su presencia sea protegida no simplemente como el vestigio de una comunidad histórica, sino porque los cristianos están llamados a continuar siendo «una fuerza activa de paz, espiritualidad y cultura» en la región donde nació el cristianismo.
Venezuela: «Pleno restablecimiento del orden democrático»
Parolin fue particularmente claro al referirse a Venezuela. La Santa Sede alentó los esfuerzos dirigidos al «pleno restablecimiento del orden democrático» mediante vías pacíficas e inclusivas que respeten la soberanía del país.
Pidió también un proceso de reconciliación nacional basado en el diálogo, la búsqueda del bien común y «el pleno respeto de los derechos humanos y las libertades civiles».
El Vaticano manifestó asimismo su preocupación por la situación de los detenidos y el sufrimiento de sus familias. Parolin mencionó además la necesidad de una rápida recuperación de la economía en beneficio de una población que continúa soportando condiciones de vida «extremadamente difíciles».
Nicaragua y Cuba
La situación de Nicaragua apareció brevemente en el discurso. La Santa Sede, dijo Parolin, la sigue «con particular preocupación» y mantiene su llamamiento a un diálogo «respetuoso y constructivo» con las autoridades «por el bien del pueblo y de la Iglesia en Nicaragua».
Respecto de Cuba, el Vaticano pidió a Estados Unidos y a las autoridades cubanas un «diálogo sincero y eficaz» que evite decisiones capaces de aumentar el sufrimiento del pueblo.
El secretario de Estado repasó además las crisis de Sudán, Sudán del Sur, Haití, Somalia, República Democrática del Congo y Mozambique. También alertó del avance de los grupos yihadistas desde el Sahel hacia los países del golfo de Guinea y advirtió de que la respuesta no puede reducirse al terreno militar.
«Cuando el lenguaje se vacía de contenido»
En la última parte de su intervención, Parolin reconoció abiertamente que «el multilateralismo está en crisis» y defendió una reforma de Naciones Unidas, pero advirtió que el problema no se resuelve únicamente cambiando estructuras y procedimientos. Existe también una crisis de convicciones y valores que dificulta alcanzar acuerdos sobre el bien común.
«Cuando el lenguaje se vacía de contenido o se distorsiona deliberadamente, el diálogo se vuelve imposible», afirmó.
Parolin reclamó una ONU menos condicionada por las divisiones ideológicas y recordó que ningún Estado, por poderoso que sea, puede afrontar por sí solo problemas como las guerras, la proliferación de armas, la pobreza o los desafíos tecnológicos.
El secretario de Estado terminó pidiendo a las partes implicadas en los conflictos abiertos que entren en «negociaciones sinceras» para poner fin a las guerras. «La guerra sólo trae muerte y destrucción, mientras que la paz trae desarrollo y prosperidad», concluyó.