El presidente de los obispos de Nueva Zelanda pide acabar con las improvisaciones en la Misa

El presidente de los obispos de Nueva Zelanda pide acabar con las improvisaciones en la Misa

El obispo de Auckland y presidente de la Conferencia Episcopal de Nueva Zelanda, Mons. Stephen Lowe, ha pedido a los sacerdotes y comités litúrgicos de su diócesis que revisen cómo celebran la Misa y confronten sus prácticas habituales con la Instrucción General del Misal Romano. El objetivo, según el prelado, es celebrar la Eucaristía conforme a lo que pide la Iglesia y no según el «estilo devocional o espiritual personal» de cada celebrante.

Según ha informado CathNews New Zealand, Lowe formuló la petición en una carta enviada este mes al clero y a los responsables de liturgia de la diócesis de Auckland. El obispo quiere que parroquias y comunidades estudien la Instrucción General del Misal Romano y examinen hasta qué punto las costumbres locales coinciden realmente con sus disposiciones.

«Servidores de la liturgia»

Lowe recuerda que las rúbricas de la Misa no son indicaciones puramente externas, sino que «reflejan y nos orientan hacia» los fundamentos teológicos y espirituales de la celebración.

Por ello, sostiene que la atención a las rúbricas debe determinar el modo de celebrar de los sacerdotes, que son «servidores de la liturgia» confiada por el Señor a la Iglesia y no propietarios de una celebración susceptible de adaptarse a sus preferencias personales.

El planteamiento se apoya expresamente en Desiderio desideravi, la carta apostólica sobre la formación litúrgica publicada por Francisco en 2022.

Lowe reconoce que la revisión también le ha llevado a corregir su propia manera de celebrar. Tras las conferencias impartidas este año en Nueva Zelanda por el liturgista estadounidense P. Paul Turner, asegura haber introducido «una serie de cambios» en su propia celebración de la liturgia para poder entrar más plenamente, junto con los fieles, en los sagrados misterios.

La visita de Turner había sido organizada por los obispos neozelandeses precisamente como respuesta a Desiderio desideravi. El sacerdote estadounidense impartió talleres para el clero de las seis diócesis del país y encuentros para laicos en varias ciudades. Lowe, que participa en la Comisión Internacional del Inglés en la Liturgia (ICEL), presentó entonces la iniciativa como una oportunidad para profundizar en la comprensión de la Misa.

Revisar parroquia por parroquia cómo se celebra la Misa

La petición no queda en una exhortación genérica a celebrar mejor. Lowe quiere que sacerdotes y comités litúrgicos realicen un trabajo concreto de revisión.

El estudio de la Instrucción General del Misal Romano debería servir, según explica, como formación para los propios comités y como instrumento para conseguir que la celebración de la Eucaristía en Auckland sea «mejor, más plenamente conforme con lo que la Iglesia nos pide y más bella».

El punto de partida supone reconocer que las prácticas asentadas en una parroquia no adquieren legitimidad simplemente porque lleven años realizándose. Deben ser contrastadas con los libros litúrgicos y las normas de la Iglesia.

La preocupación de Lowe coincide con una cuestión sobre la que León XIV ha insistido durante los últimos meses. En una catequesis sobre la liturgia, el Papa pidió cuidar la belleza de las celebraciones «sin arbitrariedades». En otra intervención dirigida especialmente a los sacerdotes, reclamó respeto por los textos y las normas litúrgicas como expresión de humildad ante Dios y fidelidad a la comunión de la Iglesia.

También pone el foco en la música

El obispo de Auckland señala expresamente un problema que todavía encuentra en parroquias y colegios: versiones musicales de las partes de la Misa que no respetan literalmente el texto establecido en el Misal.

Lowe pide que todas las versiones del Gloria, el Santo, la aclamación después de la consagración, el Gran Amén y el Cordero de Dios sean «fieles» al texto oficial, es decir, que utilicen las mismas palabras del Misal.

La indicación, recuerda, ya se dio cuando entró en vigor el nuevo Misal en inglés en 2010. Sin embargo, algunas parroquias y centros educativos continúan utilizando otras versiones.

Según Lowe, después de la introducción del Misal debía solicitarse autorización para las nuevas musicalizaciones de sus textos. El sistema terminó fracasando y actualmente numerosos grupos musicales utilizan composiciones propias.

El obispo identifica además una consecuencia pastoral: la proliferación de versiones diferentes puede terminar provocando que los propios fieles no canten. Por ello recomienda recurrir a musicalizaciones comunes y suficientemente conocidas.

La música debe servir a la participación de los fieles

Lowe fundamenta también esta indicación en la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II. La música, afirma, debe ayudar a que todos los fieles participen de manera «plena, consciente y activa» en la celebración litúrgica, como exige la propia naturaleza de la liturgia.

La intervención resulta significativa porque desplaza el concepto de participación desde la multiplicación de iniciativas particulares hacia la celebración común de los ritos que la Iglesia ha establecido.

El obispo no plantea una reforma del Misal ni propone introducir nuevas opciones. Su petición consiste precisamente en volver sobre las normas ya existentes, examinar las costumbres que se han desarrollado localmente y corregirlas cuando no coincidan con lo dispuesto por la Iglesia.

Lowe, obispo de Auckland desde 2021 y actual presidente de la Conferencia Episcopal de Nueva Zelanda, forma además parte del trabajo internacional relacionado con los textos litúrgicos en lengua inglesa. Actualmente participa, junto con representantes episcopales de Australia e Irlanda, en el proyecto conjunto para una nueva edición del Leccionario de la Misa basado en la Revised New Jerusalem Bible.

Su petición a las parroquias de Auckland se resume así en una idea sencilla: la belleza de la Misa no depende de imprimirle el sello personal de quien la celebra, sino de aprender a recibir y celebrar con fidelidad la liturgia que la Iglesia ha confiado a sacerdotes y fieles.

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