La beatificación de Fulton Sheen reunió este jueves 24 de septiembre en San Luis a unos 50.000 fieles, 89 obispos, cerca de un millar de sacerdotes, centenares de seminaristas, religiosos y diáconos. El cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, presidió la celebración como representante del Papa.
Era el final de un camino particularmente largo para la causa del célebre arzobispo estadounidense y, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva etapa: desde este jueves, la Iglesia puede venerarlo públicamente como beato Fulton J. Sheen.
El momento de la beatificación
La larga procesión de obispos y sacerdotes precedió a uno de los momentos centrales de la celebración. Al comienzo de la Misa se presentó formalmente la petición de beatificación y Tagle leyó en latín la carta apostólica de León XIV. Después, el obispo de Peoria, Mons. Louis Tylka, proclamó el texto en inglés.

El Papa describe en ella a Sheen como «incansable predicador del Evangelio mediante los modernos medios de comunicación» y «pastor diligente animado por el celo misionero».
Tras la proclamación fue descubierta la imagen oficial del nuevo beato. Casi simultáneamente, otro ejemplar del mismo retrato era presentado a los fieles en la catedral de Santa María de la Inmaculada Concepción de Peoria, Illinois, donde descansan los restos de Sheen.
La elección de Peoria como segundo escenario de la jornada no era accidental. Sheen nació en Illinois en 1895, creció en esa diócesis, fue ordenado sacerdote allí en 1919 y mantuvo durante toda su vida un fuerte vínculo con su tierra natal. La propia diócesis celebró la beatificación como la elevación a los altares de «un gran hijo de Peoria».
Un «portero» de la casa de Dios
Tagle no centró su homilía en la celebridad televisiva de Sheen, sino en la raíz que sostuvo su apostolado.
Recordó una conversación entre el arzobispo y Pío XII. El Papa le preguntó cuántas conversiones podía atribuirse. Sheen respondió que nunca las había contado para no caer en la tentación de considerarlas obra propia.
Prefería definirse de otra manera: era simplemente un «portero» que, en algunas ocasiones, había conseguido conducir a alguien hasta la puerta abierta de la casa de Dios.
Para Tagle, esa imagen resumía una característica esencial del misionero: el evangelizador no es dueño de las personas a las que anuncia el Evangelio ni puede apropiarse de lo que Dios realiza en ellas.
«¡Bienaventurado tú, portero de la puerta de la casa de Dios!», exclamó el cardenal.
La misión, insistió, tampoco fue para Sheen una actividad elegida según sus preferencias personales. El misionero es primero alguien llamado y enviado por Cristo.
El muchacho que sobrevivió tras 61 minutos sin latido
Entre las decenas de miles de asistentes había una presencia especialmente vinculada a la ceremonia.
James Fulton Engstrom, hoy de 16 años, llevó las reliquias de Sheen durante la Misa. Su historia hizo posible que la causa llegara hasta la beatificación.

James nació en 2010 sin signos vitales. Durante 61 minutos no registró latido cardíaco, mientras su familia invocaba repetidamente la intercesión de Fulton Sheen. Finalmente recuperó el pulso y sobrevivió sin las graves secuelas que cabía esperar.
El caso fue sometido al procedimiento de la Congregación para las Causas de los Santos y recibió la aprobación unánime de médicos, teólogos y cardenales. El 6 de julio de 2019, Francisco autorizó el decreto que reconocía oficialmente el milagro atribuido a Sheen.
Dieciséis años después, el mismo niño cuya curación abrió las puertas de la beatificación estaba ante la multitud llevando las reliquias del nuevo beato.
De la Hora Santa a millones de hogares
La escena de este jueves tenía una particular correspondencia con la vida de Sheen. Un hombre que comprendió muy pronto el alcance de los nuevos medios de comunicación terminaba siendo elevado a los altares ante una multitud y con la ceremonia transmitida más allá del estadio.
Sheen comenzó en 1930 a intervenir en The Catholic Hour, programa radiofónico que llegó a reunir unos cuatro millones de oyentes. En la década de 1950 dio el salto a la televisión con Life Is Worth Living, que llegó a alcanzar audiencias de alrededor de 30 millones de espectadores. En 1953 recibió incluso un premio Emmy como personalidad televisiva.
Pero detrás de las cámaras había una disciplina espiritual que mantuvo durante su vida sacerdotal: la Hora Santa diaria ante el Santísimo Sacramento.
Su influencia en este punto quedó patente también entre quienes viajaron hasta San Luis. El padre Solomon Patrick Zaku, director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Nigeria, explicó que había conocido los escritos de Sheen siendo seminarista y que su ejemplo le llevó a incorporar la Hora Santa a su propia rutina sacerdotal.
El sacerdote nigeriano recordó también otra herencia de Sheen que sigue viva en las misiones: el Rosario Misionero, que el nuevo beato promovió durante sus años como director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Estados Unidos.
El propio León XIV había destacado esta dimensión pocos meses antes de la beatificación. En junio calificó a Sheen como «una luz de fe, esperanza y amor» que brilló durante décadas a través de la radio y la televisión.
Y en la víspera de la ceremonia volvió a referirse a él durante la audiencia general, deseando que el ejemplo de este obispo conocido por su evangelización a través de los medios impulse a otros a encontrar nuevas formas de anunciar el Evangelio «con alegre entusiasmo».
Seis posibles milagros camino de la canonización
Mientras San Luis se preparaba para la Misa, la causa de Sheen ya miraba hacia el siguiente paso.
Mons. Jason Gray, director ejecutivo de la Fundación Arzobispo Fulton J. Sheen, informó este jueves de que se están reuniendo datos sobre seis posibles milagros atribuidos a su intercesión. Entre ellos se encuentra la supuesta curación instantánea de un cáncer. Los casos deberán ser investigados y, si alguno reúne las condiciones necesarias, podrá ser presentado formalmente a Roma.

El reconocimiento de un nuevo milagro ocurrido después del momento establecido por la causa podría abrir el camino hacia la canonización.
Mons. Tylka, al término de una espera de años, prefirió mirar ya hacia esa posibilidad. «Hoy nos alegramos por el reconocimiento de este gran hijo de Peoria», afirmó en el comunicado oficial difundido después de la ceremonia, «y esperamos con esperanza el día en que, si Dios quiere, el beato Fulton Sheen sea declarado santo de la Iglesia universal».
Su memoria se celebrará el 9 de diciembre
La memoria litúrgica del nuevo beato ha sido fijada para el 9 de diciembre, fecha de su muerte en Nueva York en 1979.
La celebración ha sido aprobada como memoria facultativa en la diócesis de Peoria. Según explica oficialmente la Fundación Sheen, podrá extenderse a otras diócesis con la correspondiente autorización del Dicasterio competente.
La fecha devuelve la mirada al final de su vida. Fulton Sheen murió el 9 de diciembre de 1979, a los 84 años. Había pasado décadas enseñando, predicando y utilizando los medios de comunicación de masas para anunciar el Evangelio.
Este jueves, casi 47 años después de su muerte, miles de católicos volvieron a reunirse para escucharlo. Esta vez no desde una pantalla de televisión ni desde un receptor de radio, sino desde la fórmula litúrgica con la que la Iglesia lo presentó oficialmente como beato Fulton J. Sheen.