León XIV advierte del «drama del humanismo ateo»: Dios y el hombre no son rivales

León XIV advierte del «drama del humanismo ateo»: Dios y el hombre no son rivales

León XIV ha advertido este miércoles contra los «humanismos poscristianos» que presentan a Dios y al hombre como rivales y ha recordado que el progreso científico y técnico solo puede considerarse auténticamente humano cuando está orientado por la caridad y puesto al servicio de la dignidad de la persona.

Durante la audiencia general celebrada este 23 de septiembre en la plaza de San Pedro, el Pontífice continuó su ciclo de catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II y dedicó su reflexión a Gaudium et spes y al sentido de la actividad humana en el universo. León XIV explicó que el cristianismo no contrapone las conquistas humanas al poder de Dios y recordó que el trabajo cotidiano puede convertirse en camino de santificación.

Al término de la catequesis, el Papa recordó la beatificación del venerable Fulton Sheen, que tendrá lugar este jueves en Saint Louis; animó a los matrimonios a colaborar con el Creador «en la transmisión de la vida»; dirigió un llamamiento en favor de los inmigrantes y refugiados, especialmente los menores; y recordó la memoria litúrgica de san Pío de Pietrelcina.

A continuación, reproducimos íntegramente la catequesis de León XIV:

Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Continuando nuestro recorrido sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Ecuménico Vaticano II, llegamos al tercer capítulo de la primera parte, que tiene un título atractivo: «La actividad humana en el universo». La pregunta de fondo es esta: ¿cuál es el valor de la actividad humana en el mundo y, por tanto, del progreso técnico, social y científico? Podemos recordar que, menos de cuatro años después de la clausura del Concilio, en la noche entre el 20 y el 21 de julio de 1969, el hombre pisaría por primera vez la Luna.

Creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano es sujeto de progreso. Con la libertad y la inteligencia aumenta sus conocimientos, haciendo progresar así a toda la sociedad. Lo vemos fácilmente considerando las mejoras en las condiciones de vida a lo largo de las generaciones. En efecto, dice el Documento, «muchos bienes que antes el hombre esperaba alcanzar de las fuerzas superiores, hoy se los procura ya con su propia iniciativa y sus propias fuerzas» (n. 33).

Por esto, algunos pensadores han presentado el progreso técnico-científico como algo que debilita la relación con Dios, hasta hacerlo parecer superfluo, o incluso como antagonista respecto a la fe cristiana. Y esta lectura ha provocado un cambio en la mirada sobre el mundo por parte del hombre contemporáneo respecto a épocas anteriores. Tal prejuicio se afirma sobre todo en esa parte de la cultura occidental que ha perdido su referencia a la Revelación cristiana. En los humanismos poscristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales: para afirmar sus conocimientos, su libertad y su progreso, el hombre debería emanciparse de Dios. Al final, sin embargo, negando la relación con Dios, se pierde también la posibilidad de afirmar el valor trascendente de la persona humana. Es el «drama del humanismo ateo», bien descrito por un importante teólogo del Concilio Vaticano II, Henri de Lubac.

El Concilio desea ofrecer una respuesta clara: «Para los creyentes —afirma la Gaudium et spes—, una cosa es cierta: la actividad humana individual y colectiva, es decir, ese enorme esfuerzo con el que los hombres a lo largo de los siglos tratan de mejorar sus condiciones de vida, considerada en sí misma, responde al designio de Dios» (n. 34). Más aún, continúa la Constitución, «los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del género humano son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio» (ibid.). En definitiva, Dios ha puesto en manos del hombre y de la mujer una creación todavía in statu viae, es decir, en camino, en crecimiento, para que ellos la conduzcan a su cumplimiento mediante su sabia actividad.

Aquí encontramos una importante referencia al misterio de la Encarnación. La humanidad —y con ella el trabajo, el progreso y la autonomía de las realidades creadas— no es absorbida ni anulada por el encuentro con Dios, sino asumida en su totalidad, continuando siendo, en Cristo, libre y activa: en efecto, es en Él donde encuentra plena verdad y libertad. Además, en la celebración eucarística, el fruto del trabajo humano, representado por el pan y el vino, es colocado cada día sobre el altar para ser transformado en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

De esta perspectiva surge una verdad importante: para encontrarse con Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas, sino que puede vivir plenamente su vocación realizando bien el trabajo cotidiano y santificándolo. Los cristianos participan, como todos, en la edificación de la ciudad de los hombres, apuntando al fin de todas las cosas y al encuentro con Dios, y recordando este fin último a aquellos con quienes comparten la aventura del progreso, de la ciencia y de la vida.

Ciertamente, el progreso terreno debe distinguirse cuidadosamente del crecimiento del Reino de Cristo; sin embargo, el Concilio afirma que «tal progreso, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al Reino de Dios. […] Todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados» (n. 39).

Finalmente, recordemos que para convertirse en auténtico progreso humano —es decir, de todo el hombre y de todos los hombres—, el progreso técnico y científico debe estar animado y orientado por la caridad. Solo así podrá ponerse siempre al servicio de la dignidad del hombre y promover las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.

Queridos hermanos y hermanas, el Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber hacer, para que cada hombre y cada pueblo pueda desarrollar sus potencialidades y juntos podamos construir, con la ayuda de Dios, un futuro mejor.

Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua francesa, en particular al grupo de peregrinos procedentes de Francia, a las hermanas de San Pablo de Chartres y al grupo “Réseau du Cœur” de Haití. El Concilio Vaticano II nos invita a compartir el pan del saber y del saber hacer: desarrollen generosamente su potencial para que, juntos, podamos construir, con la ayuda de Dios, un futuro mejor. ¡Que Dios los bendiga!

Saludo a todos los peregrinos y visitantes de lengua inglesa que participan en la audiencia de hoy, particularmente a los grupos procedentes de Inglaterra, Irlanda, Dinamarca, Noruega, Malta, Tanzania, Australia, Hong Kong, India, Malasia, Singapur, Tailandia, Vietnam y Estados Unidos de América. Mañana, en Saint Louis, Misuri, será beatificado el venerable Fulton Sheen. Que el ejemplo y la intercesión de este santo obispo, conocido por su labor evangelizadora a través de los medios de comunicación, inspire a muchos otros a encontrar igualmente nuevas formas de difundir el mensaje del Evangelio con alegre entusiasmo. Sobre todos ustedes y sus familias invoco la paz y la alegría de nuestro Señor Jesucristo. ¡Que Dios los bendiga!

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua alemana, en particular a los numerosos grupos escolares en viaje de estudios. Que esta experiencia de la Ciudad Eterna los impulse a conocer cada vez mejor los tesoros de nuestra cultura e historia cristianas, que no pertenecen solamente al pasado, sino que también pueden inspirar el futuro. Que Dios los bendiga.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En la Eucaristía ofrecemos los frutos de la tierra y del trabajo humano para que se conviertan en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. Unamos también nuestra vida y nuestras tareas al sacrificio eucarístico, para que el Señor las transforme en una ofrenda viva, santa y agradable a Él. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Dirijo mi cordial saludo a las personas de lengua china. Queridos hermanos y hermanas, los animo a amarse unos a otros, como Jesús ama a cada uno de ustedes. Los bendigo de corazón.

Queridos hermanos y hermanas de lengua portuguesa, ¡bienvenidos! En el desempeño de sus actividades, defiendan siempre la dignidad humana, mejoren las condiciones de vida del prójimo y pongan solo en Dios toda su esperanza. ¡Que el Señor los bendiga a ustedes y a sus familias!

Saludo a los fieles de lengua árabe. Hagamos de nuestra ciencia y de nuestro trabajo un servicio al hombre y a su dignidad, y contribuyamos con amor a construir un mundo mejor para todos. ¡Que el Señor los bendiga a todos y los proteja siempre de todo mal!

Saludo cordialmente a los polacos. En estos días, en Jasna Góra, se reúnen para la peregrinación anual los esposos y las familias. Los acompaña el lema: «El matrimonio genera vida». Que la oración y el compartir la Palabra de Dios fortalezcan la fe de los esposos, para que colaboren generosamente con el Creador en la transmisión de la vida y de los valores cristianos en esa comunidad particular que es la familia. ¡A todos mi bendición!

Llamamiento

El próximo domingo, 27 de septiembre, se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Mi pensamiento va a los inmigrantes y refugiados, especialmente a los menores obligados a abandonar su tierra. Los niños y los adolescentes son los más vulnerables; a menudo viven sufrimientos indecibles: violencia, tortura, explotación, condiciones traumáticas y no pocas veces pierden la vida a lo largo de las rutas migratorias. Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos: que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que deben ser siempre protegidos y asistidos.

Dirijo mi cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, especialmente a los participantes en el curso de actualización en derecho canónico, promovido por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz; a la Guardia de Finanzas de Predazzo, Gaeta, Orvieto y Bari; a la Academia Militar de Módena y al grupo “Oraciones de las madres”.

Los recibo con afecto a ustedes, peregrinos de la diócesis de Rímini, junto con el obispo Mons. Nicolò Anselmi, que han venido aquí un mes después de mi visita pastoral a su tierra. Renuevo mi agradecimiento por la acogida que me brindaron y los animo a crecer en la fe, arraigados en la escucha de la Palabra de Dios, para dar testimonio a todos del amor del Padre celestial.

Mi pensamiento va, finalmente, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Hoy la Iglesia celebra la memoria litúrgica de san Pío de Pietrelcina: que su testimonio de fe y de caridad sea para cada uno de ustedes una invitación a confiar siempre en la bondad y en la misericordia de Dios.

A todos, mi bendición.

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