Tribuna. La inmutabilidad de la Tradición

Por: Magíster Yousef Altaji Narbón

Tribuna. La inmutabilidad de la Tradición

Por todas partes se encuentra la herética proposición de que la Tradición recibida, donde se contiene la integridad de la fe, puede y se encuentra sujeta a cambios con el tiempo, la situación, las gentes y demás factores típicos de cualquier época en la historia. Esta premisa condenada por la Iglesia no es nueva; la podemos ver en diversos autores del siglo pasado. Autores, prelados de gran influencia, reconocidos personajes en la historia de la Iglesia han elaborado la nociva ocurrencia de que la fe se plasma conforme a los vaivenes del pensamiento actual y los gustos personales del Romano Pontífice.

El daño provocado por este pernicioso error que ataca lo medular en la fe ha llegado a un nivel de descaro que se admite públicamente. Es el estándar, es la práctica habitual, es el statu quo de la concepción herética sobre la evolución constante de la religión; esto se puede comprobar leyendo diversas declaraciones que han marcado la existencia cimentada de dicho principio infiltrado en el seno eclesial.

“Sabe, la teología de la Iglesia ha cambiado”, afirmó el Cardenal Arthur Roche el día 19 de marzo de 2023 en BBC Radio 4; el Cardenal Carlo María Martini en Corriere della Sera del 1 de septiembre de 2012 sin ningún escrúpulo dijo: “La Iglesia se ha quedado 200 años atrás”; Walter, Cardenal Kasper, en una conferencia sobre el documento dañino de Amoris Laetitia, da un remate en los siguientes términos: “La Tradición no es un agua estancada, sino un manantial que brota”. Esta pieza foránea, pero forzadamente incrustada dentro de la hermenéutica de la fe, ha permeado las agendas de los pontífices postconciliares; en particular, esto se revela en lo dicho por el Papa Francisco a lo largo de su pontificado: “Una Iglesia que no desarrolla su pensamiento en sentido eclesial es una Iglesia que va hacia atrás”. En la rueda de prensa en el vuelo de regreso de Canadá, 30 de julio de 2022, fue donde dijo lo escrito hace un momento. Jocosamente, fue la misma ocasión donde llamó a los tradicionalistas como indiestristas, grandioso peyorativo lanzado hacia los fieles que mantienen la integridad de la fe frente a los asaltos revolucionarios de la alta jerarquía.

No se puede hacer una vista ciega a una realidad que afecta a cada uno de los fieles a nivel mundial y por años venideros. Cuando algo tan elemental de la fe es cambiado –que en este caso es justo eso, que la fe puede cambiar con el tiempo y las políticas de turno–, esto genera un efecto profundo, un resultado notable, una nueva creación distante de lo previo. Es semejante a tener un automóvil de gasolina, llevarlo al taller para transformar el motor a uno eléctrico. Se reemplazó una sola pieza por otra, pero vemos el impacto significativo causado sobre el automóvil que ya no es lo mismo ni va a funcionar igual. Lo que esta herejía produce trasciende, va más allá de la dogmática o la doctrina; esto lleva a un trato diferente sobre la fe en sí, la forma de abordar la religión, el punto medular o razón de existir de esta, el modo de considerarse como practicante de la misma y un sinfín de otros aspectos tocantes al día a día del fiel común.

El contraste magisterial es a rajatabla, sencillo y sobre todo, es claro. “Cuarto: acepto sinceramente la doctrina de la fe transmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia; y por tanto, de todo punto rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas, que pasarían de un sentido a otro diverso del que primero mantuvo la Iglesia; igualmente condeno todo error, por el que al depósito divino, entregado a la Esposa de Cristo y que por ella ha de ser fielmente custodiado, sustituye un invento filosófico o una creación de la conciencia humana, lentamente formada por el esfuerzo de los hombres y que en adelante ha de perfeccionarse por progreso indefinido.” Esta formulación proviene del Juramento Antimodernista ordenado por el Papa San Pío X como obligatorio para todos los que tengan algún puesto de enseñanza cristiana, todos los tipos de clérigos y altos prelados. A la luz de este punto del juramento, es clarísimo el rechazo absoluto de esta innovación herética —sí, la Santa Iglesia ha dictaminado esto como herético— de la evolución, cambio, morfación, transformación o supuesta renovación de la fe conforme a las modas, tendencias, gustos, descubrimientos científicos o cualquier viento de pensamiento del momento.

Pablo VI, en su amor desordenado por la novedad y fiel lealtad al humanismo, suprimió el juramento consagrado por su santo predecesor para ser sustituido por la Fórmula de Profesión de Fe que pierde por completo de vista la precisión proclamada en el juramento. No obstante, lo promulgado por San Pío X tiene peso de ley y en sí contiene justo este punto en discusión sobre la inmutabilidad de la Tradición, que es nada más que la fe Católica, Apostólica y Romana.

Un fiel, gallardo y sabio Cardenal del siglo XX, Louis Billot, escribió un ensayo sin igual donde va abordando de manera académica por qué es un error garrafal la premisa de que la fe puede adecuarse a las circunstancias cambiantes de cada época. El destacado pastor de las almas, en su obra llamada La Inmutabilidad de la Tradición contra la moderna herejía evolucionista, va desmontando punto por punto lo sostenido desde la inmensa mayoría de parroquias a nivel mundial, empezando de la clase de primera Comunión hasta el curso de Confirmación. Es un ensayo con cierta densidad; va exponiendo el concepto de la Tradición apostólica, cómo se contrapone a los errores de nuestros tiempos, en particular al tema presente, el problema filosófico de la evolución de la doctrina, entre otros puntos valiosos. Lo que cabe destacar, para terminar, es el énfasis realizado por el Cardenal Billot en que la Tradición bimilenaria es la regula fidei (la regla de fe) de donde parte todo juicio para dictaminar si algo es o no conforme a la fe Católica. A continuación, algunos extractos relevantes del escrito. Es altamente recomendable leer la integridad del texto para mejor comprensión.


Extractos del ensayo de La Inmutabilidad de la Tradición contra la moderna herejía evolucionista. Por el Cardenal Louis Billot.

“Surge ahora una nueva escuela, siguiendo el camino iniciado por Gunther al finalizar el siglo pasado, que afirma la evolución kantiana y abiertamente racionalista de nuestra religión; que establece la mutación del dogma de forma en forma y de significado en significado, según las diferentes condiciones del medio y los sucesivos estados de la cultura intelectual”

“Debe reconocerse en ella [la Tradición], sin duda, algún progreso a través del decurso de los siglos: pero un progreso tal que en nada contradiga la inmutabilidad del dogma, que no quite absolutamente nada de la naturaleza del depósito, en el cual no es lícito mudar, restar ni agregar nada.”

“Lo que el órgano de la Tradición declara dogma, no sólo es infaliblemente cierto como verdad revelada por Dios, sino inmutablemente presentado a la fe de todos los siglos subsiguientes en el mismo sentido en que fue predicado desde el comienzo.”

“El método histórico llevado al extremo de que con el doloso pretexto de la abstracción a partir de reglas superiores, usa de la misma independencia en sus hipótesis… contiene en su base una herejía más perniciosa porque abre una vía más libre para la destrucción de todos los dogmas revelados.”

“¡Oh sangre derramada inútilmente, oh vida no estimada según su verdadero valor, si se trata sólo de fórmulas humanas que hoy están de moda y serán cambiadas mañana!”

“No existen dos nociones verdad: una que vale en lo que respecta a religión, otra en lo restante. Si alguien niega esto, es inútil el debate con él, porque o sueña, o en sí mismo conoce que desvergonzadamente llama verdad a lo que no es verdad.”

“Por el hecho de que nuestros dogmas conserven la modalidad y estructura de las concepciones humanas, no es lícito deducir lo que quieren los nuevos maestros”

“Y si la tradición fuese conformada por el espíritu humano solamente, nada por cierto obstarla a prior para que se admitiese la posibilidad de una mutación realizada en el significado e inteligencia de los dogmas.”

“Si con el pretexto de una precisión surgida desde reglas superiores, intentas examinar los documentos de la Sagrada Escritura o de la Tradición con la misma libertad e independencia que se permite en las cosas profanas, no sólo no evitarás la malicia herética sino que agregarás también el de la más artificiosa falacia.”

“Contiene en su base una herejía más perniciosa porque abre una vía más libre para la destrucción de todos los dogmas revelados.”

“Así [opina] la nueva escuela que ahora se consolida, y nada parece preocuparle el anatema lanzado por los padres del Vaticano I, sesión 3, can. 3, sobre la fe y la razón contra quienes afirman pueda ocurrir que, una vez propuestos por la Iglesia los dogmas, algún día según el progreso del conocimiento deba atribuírseles un sentido diferente del que entendió y entiende la Iglesia.”

“Esta doctrina de la fe viviente reúne en sí todos los errores surgidos hasta ahora del racionalismo, y bajo el falso nombre de la revelación disimula cuanto puede la radical negación de todos los demás dogmas de la fe cristiana, sin exceptuar a ninguno.”

 

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