Chile estrena este viernes 18 de septiembre, durante el tradicional Te Deum de Fiestas Patrias en la Catedral Metropolitana de Santiago, un nuevo himno dedicado a la Virgen del Carmen. Estrella de Chile, obra del compositor y organista Julio Garrido Letelier, nace en el año en que se cumple el centenario de la coronación de Nuestra Señora del Carmen como Reina y Patrona del país.
La composición resultó ganadora del Concurso de Composición Himno en Honor a la Virgen del Carmen, convocado por la Pontificia Universidad Católica de Chile y el Cabildo Metropolitano de Santiago en el marco del proyecto Cultura Migrante: Música, Arquitectura e Historia de la Catedral de Santiago. La convocatoria buscaba una obra coral dedicada a la Virgen del Carmen y exigía que pudiera interpretarse tanto a cappella como acompañada por órgano u orquesta de cuerdas.
Pero Estrella de Chile no pretende ser únicamente una pieza conmemorativa. Su letra habla del Rosario, el escapulario, la santidad, la salvación y la vocación cristiana de la patria, y presenta a la Virgen como Reina que conduce a su pueblo hacia Jesucristo.
En declaraciones a InfoVaticana, Garrido explica que inicialmente ni siquiera alcanzó a dimensionar la vinculación histórica que tendría su obra con el centenario. «Solamente cuando fue elegido caí en la cuenta de que esta composición también ocupará un pequeño lugar en la historia de la devoción de Nuestra Señora del Carmen en Chile», señala.
«Es una realidad que supera cualquiera de mis sueños, y la recibo como un regalo de Nuestra Señora y su Divino Hijo, pues sin ellos nada podría haber hecho».
La estrella de la bandera convertida en himno
El punto de partida de la composición fue una oración a la Virgen del Carmen propuesta como inspiración en las bases del concurso. En ella se invoca a María como «Estrella de Chile» que preside la bandera y alumbra el camino durante «las noches tormentosas».
La imagen cautivó a Garrido. «El estandarte patrio es un símbolo que continúa uniendo a los chilenos y me gustó poder pensar en su estrella como figura del faro brillante, que es Nuestra Señora, para Chile», explica.
De ahí nació primero el contenido y después la música. Desde los primeros borradores, el compositor quiso introducir un estribillo recurrente que pudiera ser asumido por los fieles:
De Chile estrella, Reina y Patrona,
Virgen del Carmen, Madre de amor.
Sigue brillando en nuestra bandera,
Guía a tu pueblo hacia el Salvador.
Detrás de esa imagen existe también una preocupación por la pérdida de la fe. Garrido quería pedir a la Virgen «que siguiera brillando en nuestra bandera, que su luz no se apague en nuestras conciencias, aun en estos tiempos en que la práctica de la fe católica se ha debilitado profundamente».
La propia música cambió durante el proceso creativo. El plan inicial era escribir en compás de 3/4, siguiendo la estela de Virgen del Carmen Bella, popular canto mariano chileno. El primer borrador terminó llevando la composición hacia un himno en 4/4.
Para Garrido, ese cambio le dio «un carácter regio y solemne», adecuado para la destinataria de la obra: una Reina «que, en este caso, no es nada menos que Reina de toda la creación visible e invisible».
«La vocación de la patria es la de la santidad»
Una de las estrofas introduce una idea que atraviesa el sentido religioso de la composición:
Cuando la noche nuble los ojos,
la patria olvide su vocación,
sé nuestro amparo, faro brillante,
vuélvenos, Madre, a la salvación.
Sé la esperanza de tu nación.
¿Qué significa que una patria pueda olvidar su vocación? Garrido lo explica en términos explícitamente sobrenaturales: «La vocación de la patria es la de la santidad. Dios nos llama a ser santos y esa es la aspiración más alta a la que puede llegar un pueblo».
El compositor lleva así al plano de toda la sociedad una realidad propia de la vida cristiana. «La batalla cristiana es diaria», señala, y en medio de las tentaciones resulta fácil perder «la perspectiva sobrenatural» y olvidar «el llamado que Dios nos hace de ser santos en la Tierra y encaminarnos a la vida de eterna bienaventuranza».
La Virgen aparece entonces como quien vuelve a señalar el camino: «Nuestra Señora es el faro que nos conduce nuevamente al camino que lleva a la felicidad eterna, que es Jesucristo por medio de su Iglesia».
Una Virgen que no es «una reliquia de nuestros antepasados»
Esa perspectiva explica también uno de los versos centrales de la obra: «Vuélvenos, Madre, a la salvación».
Para Garrido, el centenario no podía limitarse a recordar un episodio de la historia chilena. «La coronación de Nuestra Señora del Carmen como Reina y Patrona de Chile en 1926 es un acontecimiento histórico. No obstante, la realidad del reinado de María Santísima es siempre actual, como lo es el destino al que Ella nos conduce».

El compositor quiso que el himno sirviera como «una renovación de esta alianza virtuosa entre los chilenos y Nuestra Patrona» y recordara que María continúa orientando hacia la vida eterna.
Frente a una concepción de la religión reducida a la conciencia privada, Garrido sitúa el himno deliberadamente «desde otro esquema de pensamiento»: «en el convencimiento de que la Pasión y Muerte de Jesucristo nos abrió la posibilidad de llegar al Cielo, y que la Iglesia Católica, por Él fundada, tiene la plenitud de los medios de salvación para llegar a esa felicidad sin fin».
Por eso rechaza entender la devoción a la Patrona de Chile únicamente como patrimonio cultural o elemento identitario.
«Nuestra Señora del Carmen entonces no es un personaje más dentro del imaginario nacional, como una reliquia de nuestros antepasados o una manifestación de carácter cultural», afirma. «Ella es verdaderamente Reina, está presente en todo momento y, con su maternal protección y guía, dispone nuestros corazones para acercarnos a su hijo Jesucristo».
«Ojalá todo Chile llevara el escapulario y dijera su Rosario»
El contenido del himno tampoco oculta las formas tradicionales de la piedad mariana. Garrido tenía claro desde el principio que, además del reinado de la Virgen, quería incorporar el Santo Rosario y el escapulario.
Sobre el primero advierte que «vivimos en una época en que la oración vocal es mirada con distancia incluso en algunos sectores dentro de la Iglesia», situación que, a su juicio, ha conducido a «un cierto desprecio por el Rosario».
Frente a ello recuerda su recomendación constante por los pontífices y los frutos de santidad ligados a esta oración a lo largo de los siglos. En Estrella de Chile, el Rosario aparece por ello como «dulce plegaria y escuela de amor», cuyos misterios deben conducir a la Iglesia a asemejarse a Cristo.
Algo semejante ocurre con el escapulario, que el compositor considera «inseparable de la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo» y recuerda que numerosos chilenos reciben o renuevan cada 16 de julio.
«Quise incluir explícitamente en el himno estos dos elementos que siguen jugando un rol tan significativo en la devoción popular a nuestra Reina y Patrona, y que son medios de santificación que nos acercan a Dios de manera tan eficaz», explica.
Y resume su deseo en una frase: «Ojalá todo Chile llevara el escapulario y dijera su Rosario».
«Esta música vino de Ella»
La elección de Estrella de Chile tiene para Garrido una dimensión especialmente personal. Su devoción mariana se fue formando durante años, marcada particularmente por la lectura del Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, de san Luis María Grignion de Montfort, y por la práctica del Rosario.
Su relación específica con la advocación del Carmen llegó paulatinamente: primero recibió el escapulario; posteriormente trabajó preparando un coro voluntario en la parroquia Nuestra Señora del Carmen de El Salto, en Recoleta; y años después comenzó a servir periódicamente como organista y cantor en la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Ñuñoa.
«Se podría decir que Nuestra Señora del Carmen me llamó a su lado y me dispuso para poder dedicarle esta composición», afirma.
Para el compositor, la Patrona de Chile representa «el triunfo del Sagrado Corazón de Jesús en Chile, el estandarte y el faro que nos invita a vivir constantemente en la esperanza cristiana», pero también una llamada a construir el país «con verdadera justicia, orden y bien común», sin perder el rumbo ni contravenir la ley de Dios.
Este viernes, el himno saldrá por primera vez del papel para resonar públicamente en la Catedral Metropolitana de Santiago, durante el Te Deum del 18 de septiembre. Garrido lo recibe como algo que excede su propio trabajo: «Poder dedicarle esta composición es un honor que supera mis méritos y talentos. Mi impresión es que esta música vino de Ella, y será para Ella y para gloria de su Divino Hijo».

Estrella de Chile: Himno en honor a Nuestra Señora del Carmen
Texto y música: Julio Garrido Letelier (2026)
CORO
De Chile estrella, Reina y Patrona,
Virgen del Carmen, Madre de amor.
Sigue brillando en nuestra bandera,
Guía a tu pueblo hacia el Salvador.
ESTROFAS
Sea el Rosario en nuestros labios
Dulce plegaria y escuela de amor.
Cada misterio inspire a la Iglesia
Asemejarse a Cristo el Señor.
A Él por siempre la gloria y honor.
Tu escapulario es hábito santo,
Signo de alianza y fidelidad.
De Jesucristo, así revestido,
Alcance Chile la eternidad,
siempre anhelando la santidad.
Cuando la noche nuble los ojos,
La patria olvide su vocación,
Sé nuestro amparo, faro brillante,
vuélvenos, Madre, a la salvación.
Sé la esperanza de tu nación.