León XIV pide evaluar los proyectos políticos según la dignidad humana, la justicia social y el bien común

León XIV pide evaluar los proyectos políticos según la dignidad humana, la justicia social y el bien común

El Papa León XIV ha advertido este miércoles 16 de septiembre sobre el riesgo de que el desarrollo tecnológico y la creciente utilización de la inteligencia artificial conduzcan a relaciones cada vez «menos personales» y a que el hombre termine acostumbrándose a «delegar a los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana».

Durante la audiencia general celebrada en la plaza de San Pedro, el Pontífice continuó su ciclo de catequesis dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II y abordó el capítulo de la constitución pastoral Gaudium et spes dedicado a «la comunidad humana». León XIV recordó, entre otros puntos, la condena conciliar del aborto, la eutanasia y el suicidio voluntario como actos «contra la vida misma», y señaló la dignidad de la persona, la justicia social y la participación libre en la construcción del bien común como criterios para evaluar los actuales proyectos sociales y políticos.

Dejamos a continuación la catequesis completa de León XIV:

Hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos:

Al dedicar el segundo capítulo a la «comunidad humana», la Constitución Gaudium et spes (GS) invita a considerar la «multiplicación de las relaciones entre los hombres» como «uno de los aspectos más importantes del mundo actual» (n. 23). Sin embargo, esta realidad necesita encontrar su cumplimiento «más profundamente en la comunidad de las personas», para la cual resulta indispensable «un respeto recíproco de su plena dignidad espiritual» (ibid.).

Son afirmaciones que, en nuestros días, han adquirido una urgencia aún mayor. Por una parte, el desarrollo tecnológico, la difusión de los mass media y de las redes sociales, y el recurso cada vez mayor a la inteligencia artificial abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias; por otra, las relaciones tienden a hacerse cada vez menos personales, más virtuales, y existe el riesgo de acostumbrarse a delegar a los algoritmos decisiones que corresponden solo a la conciencia humana. Conseguir que las relaciones sociales tengan consistencia real y profundidad personal es, a este respecto, la contribución que la comunidad cristiana se propone ofrecer.

El Concilio invita a extraer criterios y fuerza del proyecto creador de Dios, que quiso que «todos los hombres formasen una sola familia y se tratasen entre sí como hermanos»; por eso, «el amor a Dios y al prójimo es el primero y más grande de los mandamientos», que en Cristo tuvo su plena revelación y su completa realización (cf. GS, 24).

El perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad deben considerarse estrechamente interdependientes: contraponerlos o separarlos significaría frustrarlos. La historia, también la más reciente, confirma claramente esta verdad y, por ello, no debemos cansarnos de repetir con los Padres del Vaticano II que «la persona humana, que por su propia naturaleza tiene absoluta necesidad de la vida social, es y debe ser principio, sujeto y fin de todas las instituciones sociales» (GS, 25).

Desde esta perspectiva, Gaudium et spes afirma que la diversidad de las personas y de los pueblos del mundo no debe considerarse un peligro o una amenaza, sino una posibilidad de enriquecimiento y crecimiento. La confrontación, que a veces degenera en violencia, es fruto del poder del pecado y de cómo este condiciona las mentalidades y las acciones, a todos los niveles, provocando destrucción y muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado, como sucede también entre los diferentes miembros del cuerpo humano (cf. 1 Cor 12,21-25).

En este punto, la Constitución pastoral ofrece también una definición sintética de «bien común», recordando que consiste en el «conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten tanto a los grupos como a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección» (GS, 26). Al mismo tiempo, reconociendo la interdependencia entre los pueblos, afirma que «todo grupo debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos, e incluso el bien común de toda la familia humana» (GS, 26).

A partir de este planteamiento, los Padres conciliares indican después algunas «consecuencias prácticas de mayor urgencia» (GS, 27). Ante todo, el respeto de la persona humana. Dice Gaudium et spes: «Todo lo que se opone a la vida misma, como cualquier clase de homicidio, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas infligidas al cuerpo y a la mente, las coacciones psicológicas; todo lo que ofende la dignidad humana, como las condiciones de vida infrahumanas, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de mujeres y jóvenes, o también las ignominiosas condiciones de trabajo, en las que los trabajadores son tratados como simples instrumentos de lucro y no como personas libres y responsables: todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente vergonzosas» (ibid.).

Segunda consecuencia: el respeto y el amor también hacia los adversarios o hacia quienes tienen maneras de pensar y actuar diferentes de las propias (cf. GS, 28).

En tercer lugar: la igualdad fundamental de todos los hombres, que exige justicia social. Dice el Documento: «Toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser superada y eliminada por ser contraria al designio de Dios» (GS, 29).

Finalmente, los Padres conciliares exhortan a superar la mentalidad individualista y a asumir una actitud de responsabilidad y participación (cf. GS, 30-31).

Queridos hermanos y hermanas, esta visión de la humanidad como «comunidad de personas» es una preciosa herencia que el Concilio Vaticano II nos ha dejado. Nos ayuda a todos a realizar un discernimiento personal y comunitario, para evaluar responsablemente los proyectos sociales y políticos de hoy, según los criterios de la dignidad de la persona humana, la justicia social y la libre participación en la construcción del bien común. Porque el futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos en la construcción de un mundo más humano (cf. GS, 30).

Saludos

Saludo a todos los peregrinos de lengua francesa y, en particular, al grupo de peregrinos procedentes de París. «El amor a Dios y al prójimo es el primero y el más grande de los mandamientos»: sed protagonistas de las relaciones y de la fraternidad. ¡Que Dios os bendiga!

Extiendo una cordial bienvenida a todos los peregrinos y visitantes de lengua inglesa que participan en la audiencia de hoy, especialmente a los procedentes de Inglaterra, Escocia, Noruega, Ghana, Sudáfrica, Uganda, Australia, India, Israel, Filipinas, Vietnam, Canadá y Estados Unidos de América. Sobre cada uno de vosotros y vuestras familias invoco la alegría y la paz de nuestro Señor Jesucristo. ¡Que Dios os bendiga a todos!

Dirijo un cordial saludo a los peregrinos de lengua alemana. Al celebrar en estos días el «Tiempo de la Creación», estamos invitados a levantar la mirada para contemplar la creación, alabando y adorando al Creador, y a comprender cada vez mejor el maravilloso plan de Dios y nuestra responsabilidad en la custodia de nuestra Tierra.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En estos días, muchos países latinoamericanos celebran su fiesta nacional. Pidamos al Señor que, valorando la identidad de nuestra patria, el Evangelio nos abra la mente y el corazón para reconocer que somos parte de un proyecto divino más grande, que somos parte de la familia humana creada por Dios. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

Dirijo mi cordial saludo a las personas de lengua china. Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la paz y del consuelo llene vuestros corazones de su gracia. Os bendigo de corazón.

Un cordial saludo a los peregrinos de lengua portuguesa, especialmente a los grupos procedentes de Brasil y Portugal. Queridos hermanos y hermanas, que en vuestras comunidades el «Mandamiento Nuevo» de Jesús se transforme en gestos concretos de acogida, compasión y unidad, para ser reflejo de este amor en el mundo. ¡Que Dios os bendiga!

Saludo a los fieles de lengua árabe, en particular a los procedentes de la parroquia de la Anunciación de Nazaret. Estamos llamados a respetar a cada persona y a cuidarnos unos a otros, para construir un mundo más humano. Que el Señor os bendiga a todos y os proteja siempre de todo mal.

Saludo cordialmente a los polacos, en particular a los peregrinos y seminaristas de la diócesis de Płock, junto con su obispo, que han recorrido las huellas de san Estanislao Kostka desde Viena, pasando por Dillingen, hasta Roma. En el año del tercer centenario de su canonización junto con Luis Gonzaga, no dejemos de rezar por los jóvenes para que, por intercesión de estos santos patronos, no tengan miedo de tomar decisiones valientes en su vida, poniéndose al servicio de Dios y del prójimo. A todos vosotros os bendigo.

Saludo cordialmente a los participantes en la XX peregrinación nacional del Ordinariato de las Fuerzas Armadas de la República Eslovaca, encabezada por el ordinario militar y por representantes de las instituciones públicas eslovacas, junto con sus familiares. Ayer celebrasteis en Eslovaquia la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, vuestra patrona principal. Renovad siempre vuestra fe mediante la veneración a la Madre de Jesús. Pedidle con confianza y humildad su ayuda para dar testimonio de los valores cristianos en la vida cotidiana e invocad su intercesión maternal para que en el mundo reinen la justicia, la fraternidad y la paz. Os bendigo de corazón. ¡Alabado sea Jesucristo!

Dirijo mi cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, especialmente a los sacerdotes del Pontificio Colegio Mexicano y a los seminaristas del Pontificio Colegio Urbano «de Propaganda Fide»: al formular mis mejores deseos para vuestros estudios, os aseguro mi recuerdo en la oración.

Saludo también a los religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, animándolos en el seguimiento de Cristo y en el servicio a las personas más frágiles; a los fieles de la parroquia de la Santísima Anunciación de Buonabitacolo, que han venido para hacer bendecir la estatua de la Virgen del Carmen, deseando para cada uno una renovada devoción hacia la Madre de Dios; y a los participantes en el curso de asistencia farmacéutica, exhortándolos a integrar competencia científica, cercanía y una visión integral de la persona humana.

Recibo con afecto a los capellanes de las cárceles italianas, acompañados por el director general, don Raffaele Grimaldi. Queridísimos, os expreso mi profundo agradecimiento por vuestro importante apostolado en estos lugares de sufrimiento humano: sed siempre presencia viva del Evangelio y de la esperanza cristiana.

En particular, agradezco a la Inspección General de Capellanes y a todos vosotros la valiosa colaboración que prestáis a mí y a la Secretaría de Estado para socorrer espiritualmente las atribuladas vidas de tantos hermanos y hermanas detenidos que escriben al Papa para contar sus dramas y sus heridas.

Mi pensamiento se dirige, finalmente, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. En los últimos días, la liturgia nos ha hecho meditar sobre el misterio de la Cruz y sobre los dolores de la Madre del Señor. Que la cruz de Cristo y el ejemplo de la Virgen Dolorosa iluminen vuestra existencia, queridos jóvenes; os sostengan en las pruebas cotidianas, queridos enfermos; y sean un estímulo para vosotros, queridos recién casados, para llevar una vida familiar coherente con los principios evangélicos.

A todos, mi bendición.

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