El marido de Chiara Corbella Petrillo ha aprovechado la publicación de su primer libro para advertir contra el uso que, a su juicio, se está haciendo de la memoria de su mujer, muerta en 2012 a los veintiocho años después de aplazar parte del tratamiento de un carcinoma para no poner en peligro a su tercer hijo durante el embarazo. De la entrevista concedida a Il Messaggero ha circulado sobre todo un fragmento: el que señala a ciertos movimientos católicos «bastante politizados» que, según él, querrían convertirla en «una especie de banderita del movimiento provida». Ha circulado bastante menos el resto de la respuesta, en la que Enrico Petrillo precisa que Chiara era contraria al aborto, que no entregó su vida para sacar adelante una ideología y que para ella Cristo era el motor de todo.
La entrevista ha llegado a los titulares italianos con una formulación que se adelanta a la Iglesia: la de una futura beata, cuando no lo es. El estado canónico es otro y no admite lecturas. Chiara Corbella es sierva de Dios desde el 21 de septiembre de 2018, fecha del edicto con el que el Vicariato de Roma abrió la causa. La investigación diocesana sobre su vida, sus virtudes y su fama de santidad se clausuró el 21 de junio de 2024 en la basílica de San Juan de Letrán. Desde entonces, el expediente está en la fase romana y la postulación ha informado de la entrega de la positio al Dicasterio para las Causas de los Santos. No hay decreto sobre la heroicidad de las virtudes, de modo que tampoco es venerable, y no hay milagro reconocido.
El libro se titula Solo il vino migliore, lo publica Edizioni San Paolo y está previsto que se presente el 15 de septiembre en la Universidad de La Sapienza. En él, y en la entrevista, Petrillo sostiene que la memoria de su mujer corre el riesgo de ser manipulada o tergiversada, y el primer ejemplo que da no tiene nada que ver con la política: ha tenido que frenar escritos firmados por personas que aseguraban haber hablado con la familia sin haberlo hecho nunca, y ha visto cómo se ponían en boca de Chiara cosas que ella jamás dijo.
Solo después llega el pasaje que se ha convertido en titular. Preguntado por quién intenta esa manipulación, Petrillo menciona a esos movimientos católicos politizados que, dice, querrían enjaular la figura de Chiara y hacer de ella una adalid de la batalla contra el aborto. La frase siguiente, sin embargo, desmonta la lectura que se ha hecho de la anterior: Chiara era contraria al aborto, y lo que él considera limitante no es que se recuerde eso, sino que se la reduzca a eso, desgajándolo de su fe y de la coherencia con la que intentaba vivir cada momento como cristiana. Sobre el aplazamiento de parte del tratamiento añade que su mujer tomó aquella decisión sabiéndose hija de Dios y que, si uno es cristiano, la vida se defiende desde el principio hasta el final, con constancia y coherencia. Presentarla solo como paladín de una cruzada antiabortista le parece, por eso, reductivo y simplista.
La entrevista arranca, de hecho, con un episodio de apropiación política que él no rechaza. Chiara Corbella fue una de las dieciséis mujeres italianas citadas por Giorgia Meloni en su discurso de investidura del 25 de octubre de 2022, junto a Nilde Iotti, Tina Anselmi, Grazia Deledda, Rita Levi Montalcini u Oriana Fallaci. Petrillo responde que no lo esperaba, que se siente honrado, que nunca ha hablado con Meloni ni la conoce y que conviene recordar que su mujer era una chica normalísima. Lo que le incomoda, por tanto, no parece ser que la citen quienes gobiernan, sino que se la convierta en emblema de una sola batalla.
La historia es conocida en Italia y bastante menos en España. Chiara Corbella, nacida en Roma en 1984, conoció a Enrico Petrillo en 2002 en Medjugorje y se casaron el 21 de septiembre de 2008. Sus dos primeros hijos, Maria Grazia Letizia y Davide Giovanni, nacieron con graves malformaciones y murieron poco después del parto, tras ser bautizados. Durante el tercer embarazo le diagnosticaron un carcinoma de lengua. Se sometió a una primera intervención y aplazó después la siguiente fase del tratamiento para no dañar al niño; la retomó tras el nacimiento de Francesco, cuando el tumor ya se había extendido. Murió el 13 de junio de 2012 en Pian della Carlotta, en Cerveteri. Francesco tiene hoy quince años. Su padre, fisioterapeuta en cuidados paliativos, dice haber visto morir a mucha gente y a nadie con aquella alegría.
El resultado tiene su ironía. Un hombre que pide que no se reduzca a su mujer a una consigna ha visto cómo su entrevista quedaba reducida, en cuestión de horas, a una consigna sobre los movimientos provida. La frase que explica todo lo demás, que para Chiara Cristo era el motor de todo, no ha llegado a los titulares.
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