El obispo auxiliar de Washington, Robert P. Boxie III, ha atribuido al «racismo» la escasez de obispos afroamericanos en Estados Unidos y ha defendido una mayor presencia de negros en la jerarquía para representar a esa comunidad. «La respuesta corta es el racismo», afirmó al ser preguntado directamente por la cuestión durante una entrevista concedida a Vatican Access, de Catholic News Service.
La afirmación del prelado, sin embargo, deja fuera un dato elemental a la hora de explicar la composición del episcopado: los obispos son escogidos entre los sacerdotes y los afroamericanos constituyen una proporción muy pequeña de las vocaciones sacerdotales estadounidenses.
Boxie fue nombrado obispo auxiliar de Washington por León XIV el pasado 1 de mayo y ordenado obispo el 7 de julio. Nacido en 1980, estudió Ingeniería Química en la Universidad de Vanderbilt y Derecho en Harvard antes de ejercer como abogado y entrar posteriormente en el seminario.
«La respuesta corta es el racismo»
Boxie sostuvo que durante mucho tiempo los hombres negros no fueron admitidos en seminarios, diócesis y comunidades religiosas de Estados Unidos y que, cuando comenzaron a ser aceptados, algunos sufrieron discriminación.
Como ejemplo recordó al venerable Augustus Tolton, nacido esclavo en Misuri, que tuvo que viajar a Roma para formarse como sacerdote después de que ningún seminario estadounidense quisiera admitirlo por ser negro.
El auxiliar de Washington considera que aquella historia sigue teniendo consecuencias en la actualidad. Según explicó, en las familias afroamericanas permanece la memoria de una época en la que sus hijos podían ser tratados «como ciudadanos de segunda clase» dentro de instituciones católicas.
Se trata de un pasado real de discriminación que la Iglesia estadounidense ha reconocido y que ayuda a entender parte de la historia del catolicismo negro en el país. Pero reconocer ese pasado no convierte automáticamente la actual composición racial del episcopado en una prueba de discriminación presente.
La propia USCCB contabiliza actualmente cinco obispos «de color» en activo en Estados Unidos: Robert Boxie, Simon Peter Engurait, Jacques Fabre, Shelton Fabre y Jerome Feudjio. Sin embargo, su Subcomité de Asuntos Afroamericanos identifica únicamente a Shelton Fabre y Robert Boxie como obispos afroamericanos en activo.
Lo que demuestran los datos
Catholic News Service sitúa el dato en perspectiva: los negros representan alrededor del 5% de los católicos estadounidenses y cinco de los 268 obispos activos del país son negros, aunque solo dos son afroamericanos.
La desproporción existe. Pero existe también en el escalón inmediatamente anterior al episcopado.
El estudio nacional sobre los hombres ordenados sacerdotes en 2025, elaborado por CARA para la USCCB, muestra que el 69% de los ordenandos fueron blancos, el 12% hispanos o latinos, otro 12% asiáticos o isleños del Pacífico y el 6% negros o afroamericanos. Ese último porcentaje supone un crecimiento respecto de años anteriores: durante las dos últimas décadas, la media de ordenandos negros o afroamericanos fue únicamente del 2%.
Atribuir sin más la escasez de obispos afroamericanos al racismo deja sin responder una pregunta previa: si los obispos salen del presbiterio, ¿cuántos sacerdotes afroamericanos existen entre los candidatos de los que Roma puede escoger?
«Necesitamos obispos negros»
Boxie no se limitó a explicar la situación mediante la discriminación histórica. También defendió abiertamente una mayor representación racial dentro de la jerarquía.
«Necesitamos obispos negros en Estados Unidos», aseguró. A su juicio, hacen falta «hombres en la jerarquía, en la estructura de la Iglesia» que puedan defender mejor a la comunidad católica afroamericana.
El prelado reconoció que existen «muchos buenos obispos» en Estados Unidos y que cree que intentan hacer bien su trabajo, pero sostuvo que no todos han sido suficientemente sensibles a las preocupaciones de los negros y, particularmente, de los católicos negros.
Boxie fue todavía más lejos al interpretar las intenciones detrás de los nombramientos episcopales: «Creo que el Papa se ha dado cuenta de que esta voz necesita estar en la mesa. ¿Y qué mejor manera de tener una voz católica negra que un obispo católico negro?».
Un episcopado en términos de representación racial
El propio Boxie matizó que es «un obispo para todos», aunque inmediatamente reivindicó que, por su experiencia, tiene algo específico que aportar sobre los católicos negros que un obispo blanco, hispano o asiático quizá no pueda expresar «con una autoridad particular».
Pero el episcopado católico no responde a un sistema de representación demográfica. El obispo no es elegido para representar electoralmente a una raza o grupo social, sino para pastorear a la Iglesia que le ha sido encomendada.
Una experiencia cultural concreta puede ayudar naturalmente a un pastor a comprender mejor a una parte de sus fieles. Otra cuestión es convertir la proporción racial dentro del episcopado en un indicador de justicia o injusticia dentro de la Iglesia.
Cuando León XIV lo nombró, la propia Archidiócesis de Washington destacó precisamente su trayectoria pastoral. El cardenal Robert McElroy presentó tanto a Boxie como al también nombrado Gary Studniewski como «líderes ejemplares» que aportarían sabiduría, consejo y servicio sacerdotal al conjunto del pueblo de Dios de la archidiócesis.
DEI: conceptos «bíblicos» aunque hayan sido «secuestrados»
Boxie abordó asimismo las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI), que se han convertido en uno de los grandes campos de batalla culturales de Estados Unidos.
El auxiliar de Washington admitió que la DEI «se ha vuelto demasiado política» y «demasiado polarizada», hasta el punto de considerar que el concepto ha sido «secuestrado».
Sin embargo, distinguió entre las políticas concretas agrupadas bajo esas siglas y los términos diversidad, equidad e inclusión, que considera compatibles con el catolicismo y «bíblicos».
Una bandera confederada en el seminario
Boxie relató también una experiencia personal para explicar por qué considera que la cuestión racial sigue presente dentro de la Iglesia estadounidense.
Cuando llegó al seminario, el compañero que ocupaba la habitación contigua tenía una bandera confederada colgada en la pared. Boxie aseguró que quedó «completamente desconcertado» y decidió que no entraría en aquella habitación mientras permaneciera allí.
Ambos hablaron varias veces sobre el asunto hasta que el seminarista retiró la bandera. Años después, durante las protestas que siguieron a la muerte de George Floyd en 2020, el antiguo compañero —que ya había abandonado el seminario— se puso en contacto con Boxie para disculparse.
El ahora obispo aceptó sus disculpas. Según relató, mantuvieron una conversación sobre la raza, la Iglesia y la necesidad de convertirse en «sanadores» y «constructores de puentes».
La experiencia personal de Boxie y la historia de discriminación sufrida por católicos negros en Estados Unidos no necesitan ser negadas para examinar críticamente su tesis. Una cosa es reconocer que existieron —y existen— barreras raciales y otra concluir que el racismo explica por sí mismo que hoy solo haya dos obispos afroamericanos en activo.
Los datos aportan una variable que la respuesta de Boxie apenas contempla. Durante los últimos veinte años, los afroamericanos han supuesto de media alrededor del 2% de quienes se ordenaban sacerdotes en Estados Unidos.