La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) tuvo que concluir ante las puertas de la Basílica de San Francisco de Asís, en Italia, su tradicional peregrinación desde Bevagna, celebrada el pasado fin de semana. Los peregrinos podían acceder al templo individualmente o en pequeños grupos para rezar en privado, pero la Fraternidad no recibió autorización para entrar como comunidad y concluir allí públicamente la jornada con el canto del Credo.
La decisión se suma a las restricciones que la FSSPX ha encontrado durante las últimas semanas en Lourdes y Mariazell, después de las consagraciones episcopales de Écône del pasado 1 de julio y la confirmación de la excomunión por parte de Roma.
En Asís, los responsables de la Basílica justifican la medida por la situación canónica de la Fraternidad y las normas que rigen las oraciones públicas dentro del templo. La FSSPX, por su parte, cuestiona que se le impida rezar públicamente en una ciudad que dentro de pocas semanas volverá a acoger un gran encuentro ecuménico e interreligioso.
El Credo, ante las puertas de la Basílica
La peregrinación nacional de la FSSPX había comenzado el sábado 5 de septiembre y recorrió el itinerario entre Bevagna y Asís, en la región italiana de Umbría. La convocatoria de este año tenía como lema una frase de la tercera Admonición de san Francisco: «Aunque no le obedezca, sin embargo, no lo abandone».
Al llegar el domingo a la Basílica de San Francisco, la Fraternidad pretendía concluir la peregrinación con el canto del Credo en su interior. Según el comunicado publicado posteriormente por el Distrito de Italia de la FSSPX, sacerdotes y fieles fueron informados de que podían entrar en pequeños grupos para rezar privadamente, pero no acceder como comunidad para realizar una oración pública.
El superior del Distrito italiano, el padre Gabriele D’Avino, pronunció la exhortación final ante las puertas de la Basílica y los peregrinos entonaron allí el Credo.
La FSSPX señala el contraste con el encuentro interreligioso
D’Avino centró buena parte de su intervención en el próximo 40.º aniversario del encuentro interreligioso de Asís, convocado originalmente por san Juan Pablo II el 27 de octubre de 1986.
El superior italiano contrapuso la imposibilidad de que la Fraternidad concluyera públicamente su peregrinación dentro de la Basílica con la próxima presencia en Asís de representantes de distintas confesiones cristianas y religiones.
D’Avino calificó a estas últimas como «falsos cultos» y mencionó expresamente al islam, el judaísmo y las religiones orientales y animistas, además de las confesiones protestantes.
«Una vez más hay acogida para todos, hasta para los paganos más remotos del globo, pero no para quienes quieren seguir siendo hijos de la Iglesia Católica Apostólica Romana sin compromisos», afirmó.
El sacerdote sostuvo además que los representantes de otras religiones «rezarán públicamente en las iglesias de la ciudad de Asís», como ocurrió durante la jornada de 1986.
Los franciscanos explican la negativa
Los frailes menores conventuales del Sacro Convento de San Francisco de Asís respondieron a las declaraciones de la FSSPX y ofrecieron su propia explicación de la decisión.
Fray Giulio Cesareo, en nombre de la comunidad, aseguró comprender «el disgusto y la decepción» de los peregrinos por no haber podido concluir la jornada de la manera prevista.
Cesareo explicó, sin embargo, que dentro de la Basílica «nadie puede rezar públicamente de manera autónoma», puesto que el templo cuenta con celebraciones públicas en horarios establecidos. Añadió que, al tratarse de un lugar de culto católico, únicamente se permiten celebraciones litúrgicas y oraciones públicas de fieles pertenecientes a la Iglesia católica «en plena comunión con el Romano Pontífice».
Los franciscanos responden también sobre las otras religiones
El Sacro Convento respondió asimismo a la comparación planteada por D’Avino con el encuentro interreligioso de octubre.
Los franciscanos aseguran que, durante la conmemoración del 40.º aniversario del encuentro de 1986, las iglesias de Asís —y en particular la Basílica de San Francisco— no acogerán momentos públicos de oración de miembros de religiones no cristianas.
Sí prevén que puedan celebrarse momentos de oración ecuménica entre fieles cristianos de diferentes confesiones, incluidos los católicos, para pedir a Dios «el don de la paz, de la unidad y de la plena comunión eclesial».
La aclaración contradice así la afirmación de D’Avino de que los representantes de religiones no cristianas rezarán públicamente dentro de las iglesias de Asís durante el próximo encuentro.
Después de Lourdes y Mariazell, Asís
La decisión de la Basílica de San Francisco no constituye el primer episodio de este tipo desde las consagraciones episcopales de Écône.
En Lourdes, Francia, el obispo Jean-Marc Micas retiró en agosto a la FSSPX la autorización para celebrar públicamente la Misa, administrar sacramentos y organizar oraciones públicas dentro del Santuario. Sacerdotes y fieles pueden seguir entrando y rezando privadamente.
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La Fraternidad anunció posteriormente que mantendría su peregrinación internacional a Lourdes prevista para octubre, aunque deberá adaptarla a las nuevas restricciones.
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A comienzos de septiembre se conoció una segunda restricción en Mariazell, Austria. La diócesis de Graz-Seckau denegó este año a la FSSPX el acceso a la basílica para celebrar el acto público de su tradicional peregrinación del Rosario, prevista para el próximo 4 de octubre. En este caso no estaba prevista ni la celebración de la Misa ni la administración de sacramentos: el programa comprendía el Rosario, las letanías de Loreto, cantos marianos y una bendición.
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La peregrinación a Asís añade ahora un tercer episodio a esta sucesión de restricciones sobre los actos públicos de la Fraternidad. A diferencia de Lourdes y Mariazell, donde las próximas peregrinaciones todavía están por celebrarse, en Asís la medida ya se ha aplicado: el recorrido anual entre Bevagna y la ciudad de san Francisco terminó el domingo ante las puertas de la Basílica, donde los peregrinos entonaron el Credo que pretendían cantar en su interior.