Silvio Báez, ante el endurecimiento del régimen de Ortega y Murillo: «Callar ante la injusticia nos vuelve cómplices»

Silvio Báez, ante el endurecimiento del régimen de Ortega y Murillo: «Callar ante la injusticia nos vuelve cómplices»

El obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez, ha llamado a los cristianos a no permanecer pasivos ante las dictaduras y los abusos de poder y ha advertido de que guardar silencio frente a la injusticia puede convertir a quien lo hace en cómplice. El prelado nicaragüense, exiliado en Estados Unidos, pronunció estas palabras durante la Misa que presidió el domingo 6 de septiembre en la parroquia de Santa Agatha, en Miami.

«No podemos ser espectadores pasivos mientras las dictaduras imponen estructuras políticas abusivas que no solo destruyen la democracia, sino que también atentan contra la libertad del pueblo y su derecho a ser sujeto de su propia historia», afirmó Báez durante la homilía, según recoge ACI Prensa.

Sus palabras llegan pocos días después de que la Asamblea Nacional de Nicaragua, controlada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, aprobara en primera legislatura una nueva reforma constitucional que amplía el mandato presidencial y establece nuevas restricciones para impedir la participación electoral de quienes sean considerados «traidores a la patria».

«Los pueblos necesitan centinelas»

Báez articuló su reflexión a partir de la figura bíblica del centinela recogida en el libro de Ezequiel. Según explicó, el profeta tiene la responsabilidad de escuchar a Dios, denunciar el mal y advertir de sus consecuencias incluso cuando hacerlo pueda acarrearle persecución.

«Un profeta escucha lo que Dios le dice y no calla: denuncia el mal, advierte de sus consecuencias y llama a la conversión, aun sabiendo que esta misión puede costarle la persecución e incluso la vida», señaló.

El obispo añadió que «los pueblos necesitan centinelas que denuncien el mal cuando este se enquista en el poder» y advirtió contra la indiferencia ante los abusos.

«Callar ante la injusticia para evitar conflictos o mirar hacia otro lado para no comprometernos nos vuelve cómplices, igual que el centinela que ve venir el peligro y no da la alarma», sostuvo.

El auxiliar de Managua insistió en que la denuncia de los abusos políticos no debe confundirse con una incitación al enfrentamiento. «Denunciar estas arbitrariedades no es un discurso de odio ni un atentado contra la paz. Llamados por Dios a ser centinelas de la historia, los cristianos denuncian la injusticia como una exigencia de la fe y del amor».

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Una nueva reforma constitucional del régimen

Aunque Báez no mencionó directamente a Ortega y Murillo en ese pasaje de su homilía, sus palabras se producen en un momento de nuevo endurecimiento político en Nicaragua.

La Asamblea Nacional aprobó la semana pasada, en primera legislatura, una reforma parcial de la Constitución que amplía de seis a siete años el mandato presidencial y establece que no podrán participar en procesos electorales quienes sean considerados «traidores a la patria». La reforma deberá volver a ser aprobada en la siguiente legislatura para entrar definitivamente en vigor.

La medida ha recibido críticas dentro y fuera del país y se suma al proceso de concentración de poder desarrollado durante los últimos años por Ortega y Murillo.

Báez conoce personalmente las consecuencias del enfrentamiento con el régimen. El obispo auxiliar de Managua abandonó Nicaragua en 2019 después de recibir amenazas contra su vida. El propio prelado reveló años después que fue el Papa Francisco quien le ordenó salir del país porque no quería «otro obispo mártir» en Centroamérica.

Desde entonces reside en Estados Unidos y ejerce su ministerio pastoral desde Miami, sin haber dejado de ser obispo auxiliar de Managua.

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La corrección fraterna

La denuncia política formó parte de una homilía más amplia en la que Báez reflexionó también sobre la responsabilidad de los cristianos hacia los demás y sobre la corrección fraterna.

El obispo defendió que esta debe ejercerse «con franqueza pero con misericordia, con prontitud pero con paciencia» y no con la intención de imponerse sobre el otro.

«Un hermano recuperado es un tesoro que ninguna otra ganancia iguala. Corregir para ganar al hermano exige delicadeza: hablar sin humillar, dialogar y escuchar, buscar su bien y no su condena, intentar convencerlo antes que vencerlo», afirmó.

«Quien nos ama de verdad sabe corregirnos; quien no nos ama solo sabe herirnos o adularnos», concluyó.

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