El cardenal José Cobo ha elegido Mar del Plata como primera escala de su viaje a Argentina, que se prolongará hasta el 12 de septiembre y que la archidiócesis de Madrid enmarca en Generación Esperanza, un proyecto de pastoral juvenil. Le acompañan el rector del Seminario Conciliar, Antonio Secilla, y la delegada de Jóvenes, Laura Moreno, responsables de ese proyecto. El sábado recibió en el Gran Hotel Provincial la placa que lo declara Huésped de Honor del Partido de General Pueyrredón, distinción otorgada por decreto municipal. Según la crónica de La Capital, lo recibió el empresario Florencio Aldrey, director del diario, junto al intendente Agustín Neme, el obispo emérito de Chascomús, Carlos Malfa, el jefe de la Prefectura Naval en la ciudad, el jefe de la Base Naval y el de la Base Aérea Militar. Hubo almuerzo, y en el almuerzo se habló, entre otras cosas, de la expectativa por la visita de León XIV a Argentina, prevista del 8 al 11 de noviembre. El obispo de Mar del Plata, el jesuita Ernesto Giobando, no asistió «por compromisos pastorales».
«Muchas gracias, es una gran acogida, la primera en mi llegada a la Argentina, y esto habla de muy buenos vínculos en Mar del Plata», dijo Cobo tras recibir la placa. El domingo, a las once, presidió en la catedral de los Santos Pedro y Cecilia la misa diocesana por el Día del Migrante y del Refugiado, organizada por la Comisión Diocesana de Migrantes e Itinerantes y concelebrada por Giobando y Malfa. Le recibió a la entrada el cuerpo de gaiteros del Centro Gallego; dentro, los estandartes del Foro de las Colectividades: italianos, Club Español, Centro de Castilla y León, Residentes Armenios. En la primera fila, según la fotografía que publica El Atlántico, el intendente Neme y el empresario Aldrey. Giobando le dio la bienvenida como «un peregrino de la esperanza entre nosotros» y recordó que la Iglesia marplatense «se reconoce en buena medida deudora de la fe, de la cultura y de la tradición evangelizadora recibida de España».
La homilía, cuyo texto ha difundido el obispado, arranca fijando el marco: «Para nosotros no se nos pide un análisis económico ni un análisis político de las migraciones, tampoco un análisis cultural. Se nos pide mirarlo desde el Evangelio». La palabra que atraviesa las lecturas del día, dijo, es «hermano»: «No habla de adversarios, no de extraños, no de problemas, no de expedientes». De ahí la advertencia contra los discursos «que presentan al migrante como una amenaza, como un problema o como una carga», discursos que «se globalizan en todo el mundo», «también aquí», y que a su juicio fabrican «un “nosotros” pequeñito que solo protege lo mío, lo de mi grupo, lo de mi frontera». El «aquí» era Argentina, cuyo Gobierno reformó por decreto la Ley de Migraciones en mayo de 2025 (DNU 366/2025) para endurecer residencia, ciudadanía y expulsiones, y volvió a ampliar las causales de expulsión el pasado julio. Cobo no citó el decreto. Sí admitió que «la complejidad de nuestras migraciones necesita leyes justas, necesita políticas serias y una acción responsable de nuestros Estados», con la cláusula de que «ninguna norma será verdaderamente humana si olvida que está al servicio de cada persona concreta».
El resto es el repertorio conocido en Madrid. «No empiecen hablando de los migrantes, empiecen con cada persona, empiecen nombrándole». «El migrante, el que llega, no es destinatario solo de nuestra acción pastoral: es miembro del pueblo de Dios». La pastoral migratoria «no puede quedar reducida a una ayuda ocasional ni a delegarse solo a algunos grupos». Y la fórmula que resume el programa: «generar comunidades acogedoras que vivan proféticamente esta fraternidad como esperanza para nuestro tiempo», con cita de León XIV, que ha llamado a los migrantes «misioneros de esperanza». Cobo puso como ejemplo sus propias parroquias, formadas por «gente que ha venido en estos últimos años de muchos países de América Latina», y cerró con una invitación: «La Iglesia siempre tiende puentes. En la Diócesis de Madrid también tenéis lugar».
Dos precisiones de hemeroteca. La Capital y, tras ella, Religión Digital transcriben que «la conexión fraterna no nace del deseo de vencer ni de creernos superiores». El texto del obispado dice «la corrección fraterna», que es lo que anuncia el evangelio del domingo XXIII del tiempo ordinario (Mt 18,15-20), el mismo del que Cobo sacó el «donde dos o tres estén reunidos en mi nombre» con que remató la homilía. Y la misa se celebró, según La Capital, bajo el lema de la Jornada Mundial de 2026, «Incluso uno solo de estos pequeños», que León XIV dedicó el 11 de agosto a los menores migrantes; en el texto de la homilía, la cita papal es la del lema de 2025.
Al terminar, Cobo, Malfa y Giobando rindieron homenaje a Eduardo Pironio ante el altar que lleva su nombre. Pironio fue obispo de Mar del Plata entre 1972 y 1975 antes de pasar a la Curia, y fue beatificado en diciembre de 2023. Cobo celebró con su báculo: «Es todo un detalle y es una responsabilidad para todos nosotros en mantenerlo en pie y seguir pidiendo también su protección para esta diócesis y para toda la Iglesia». Pidió «que su ejemplo siga brillando» y explicó por qué estaba allí: «Vengo a esta diócesis estos días no solo por el buen paisaje, sino también de la mano de monseñor Carlos y de otros amigos del cardenal Pironio que también me han traído aquí».
La cobertura ha sido la que cabía esperar. La Capital, cuyo subdirector, Marcelo Pasetti, estaba en el almuerzo del sábado, escribió el domingo que Cobo, «siempre claro en sus conceptos», habló «con una oratoria sobresaliente que cautivó a los presentes». El Atlántico publicó el texto de la homilía con la indicación «gentileza obispado». Religión Digital tomó el elogio de La Capital, lo elevó a categoría —Cobo ha sido «muy bien recibido y valorado, tanto por los obispos, como por la prensa»— y concluyó que sus palabras sobre la acogida «en el país que gobierna Milei» han sido «más apreciadas que en el que gobierna Sánchez», algo que atribuye, «quizás», a «la sensibilidad de aquel Episcopado». El viaje llega tras un verano en que la crisis de Ceuta ocupó el debate migratorio español. La homilía es la misma que el cardenal predica en Madrid. Lo que cambió fue la primera fila.
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