León XIV no es Francisco: la diferencia que marca la Iglesia en Argentina ante la visita del Papa

León XIV no es Francisco: la diferencia que marca la Iglesia en Argentina ante la visita del Papa

Argentina volverá a recibir a un Papa después de casi cuatro décadas. La visita apostólica que León XIV realizará del 8 al 11 de noviembre tendrá un significado que va mucho más allá del regreso de un Pontífice al país. Será la primera vez que el sucesor de Pedro visite Argentina después del pontificado de Francisco, el primer Papa argentino de la historia, que nunca regresó a su patria durante sus doce años de ministerio petrino.

Precisamente esa circunstancia parece marcar el tono con el que la Iglesia en argentina está preparando el viaje. Las primeras declaraciones de los obispos de las tres diócesis que recibirán al Pontífice —Buenos Aires, Córdoba y Mercedes-Luján— revelan un denominador común llamativo: la insistencia en presentar a León XIV con identidad propia y evitar que su visita quede reducida a una comparación permanente con Francisco. Todo ello sucede, además, en medio de un progresivo retroceso de la práctica religiosa en una sociedad profundamente polarizada.

Cuarenta años después, una Iglesia muy distinta

La última visita de un Papa a Argentina fue la de san Juan Pablo II en 1987. Desde entonces no solo ha cambiado profundamente la sociedad argentina; también lo ha hecho la propia Iglesia.

Durante los años del pontificado de Francisco, el episcopado argentino fue objeto de una profunda renovación mediante numerosos nombramientos episcopales y una reorganización de la estructura pastoral del país. León XIV encontrará, por tanto, una Iglesia ampliamente configurada durante el pontificado de su predecesor.

Sin embargo, esa renovación de estructuras ha convivido con una evolución muy distinta de los principales indicadores de la vida eclesial. La práctica religiosa continúa descendiendo, los bautismos y matrimonios sacramentales mantienen una tendencia a la baja y la crisis de vocaciones sacerdotales y religiosas sigue siendo uno de los grandes desafíos pastorales del país.

También la identificación religiosa refleja ese cambio. Según un estudio del Pew Research Center publicado este año, el porcentaje de argentinos que se reconocen como católicos pasó del 71 % en 2014 al 58 % en 2024, una de las caídas más acusadas registradas en Hispanoamérica durante la última década.

Consciente de ese contexto, la Conferencia Episcopal Argentina ha querido situar la visita en un plano eminentemente espiritual. En la carta enviada al Pontífice tras el anuncio oficial del viaje, los obispos expresan su «profunda alegría y sincera gratitud» y califican su decisión como «un verdadero don de Dios» y «un signo elocuente de su cercanía como Sucesor de Pedro».

Asimismo, manifiestan su deseo de que la presencia del Santo Padre «renueve la comunión de nuestra Iglesia, fortalezca la fe de nuestras comunidades» y ayude a seguir construyendo una sociedad basada «en la cultura del encuentro, el diálogo y el servicio al bien común».

Un escenario político y social especialmente complejo

León XIV llegará además a una Argentina marcada por una profunda polarización política, una economía que continúa afrontando importantes tensiones sociales y un debate público donde la confrontación ha terminado por convertirse, con frecuencia, en el tono dominante. Ese contexto explica que la Iglesia mire con especial atención el desarrollo del viaje apostólico y trate de preservar su carácter estrictamente pastoral.

El arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Eduardo Scheinig, reconoció que muchas diócesis habrían deseado recibir al Pontífice, pero recordó que el viaje debe entenderse como una visita dirigida a toda la nación, más allá de las ciudades incluidas en el itinerario.

«Nosotros quisiéramos que el Papa estuviera mucho más tiempo y llevarlo por todos lados», afirmó, al tiempo que expresó el deseo de que «todo el pueblo de Dios se sienta invitado».

Scheinig destacó además que León XIV conoce profundamente la realidad hispanoamericana gracias a los años que vivió en Perú y a su trayectoria al frente de la Orden de San Agustín, una experiencia que, a su juicio, facilitará una comunicación especialmente cercana con los argentinos.

El país que Francisco nunca visitó recibe ahora a León XIV

Precisamente en un escenario tan condicionado por la polarización política y por el peso que la figura de Francisco sigue teniendo en la vida pública argentina, los obispos de las diócesis que recibirán a León XIV parecen haber asumido una prioridad común desde el mismo anuncio del viaje: evitar que la visita quede reducida a un ejercicio de comparación entre ambos pontificados o a una lectura en clave partidista. Sus primeras intervenciones públicas apuntan a presentar al nuevo Pontífice desde su propia identidad y ministerio.

El primero en marcar esa diferencia fue el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva.

«Viene el sucesor de Pedro, no viene el sucesor de Francisco», afirmó en declaraciones a TN, invitando a evitar que la visita quede condicionada por la comparación permanente entre ambos pontificados.

El arzobispo añadió que León XIV «es ajeno a la política interna y al partidismo argentino» y se mostró convencido de que su mensaje «nos va a interpelar a todos» precisamente porque no puede leerse desde las categorías de la denominada «grieta» argentina.

Asimismo, el cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba, insiste en una idea muy similar.

«No tiene por qué ser un clon de Francisco», declaró, subrayando que el nuevo Pontífice posee una personalidad propia, aunque mantenga continuidad en la misión de la Iglesia.

Rossi describió la confirmación de la visita como «una alegría inmensa» para los fieles cordobeses y recordó que todavía será la Santa Sede quien determine los actos concretos que presidirá León XIV durante su estancia en la provincia.

Más allá del acontecimiento

La visita de León XIV concentrará durante unos días la atención de toda Argentina y movilizará previsiblemente a cientos de miles de fieles. Sin embargo, la experiencia aconseja distinguir entre el impacto inmediato de un viaje apostólico y sus frutos reales. La visita que el Pontífice realizó a España el pasado mes de junio confirmó hasta qué punto un acontecimiento de esta naturaleza puede verse rodeado de expectativas desmedidas, relatos interesados e intentos de apropiación política que terminan eclipsando su auténtico significado pastoral.

La verdadera dimensión de este viaje no se medirá por las fotografías institucionales ni por las cifras de asistencia, sino por su capacidad para dejar un fruto duradero en la vida de la Iglesia en argentina, lejos de los relatos coyunturales y de la comparación permanente con el pontificado de Francisco.

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