El obispo Erik Varden, obispo de Trondheim y administrador apostólico de Tromsø, presidió este domingo 30 de agosto una Misa solemne en Longyearbyen, en el archipiélago noruego de Svalbard, para conmemorar los cien años de la primera Misa católica celebrada en estas remotas islas del Ártico.
La celebración tuvo lugar en la iglesia de Svalbard, perteneciente a la Iglesia luterana de Noruega, ya que el archipiélago no cuenta con un templo católico propio. Acompañaron a Varden el padre Andrzej Kosciukiewicz, párroco de Nuestra Señora de Tromsø; el padre Rafal Ockojski, delegado local de la Prelatura Territorial de Tromsø; representantes de Cáritas y miembros de la comunidad católica de Tromsø. También participaron representantes de la Iglesia de Noruega.
La primera Misa, en 1926
La primera Misa católica en las Svalbard fue celebrada en Longyearbyen el 4 de agosto de 1926 por el obispo Johannes Olav Smit, que había viajado hasta el archipiélago para localizar a los católicos que vivían en aquellas tierras y proporcionarles atención pastoral.
Smit emprendió el viaje animado por el cardenal Willem van Rossum, en Roma. No encontró católicos residentes en Longyearbyen ni en Ny-Ålesund, pero al llegar a Barentsburg halló trabajadores católicos neerlandeses empleados por la compañía minera Nederlandsche Spitsbergen Compagnie. Los trabajadores habían escrito al Papa solicitando asistencia espiritual.
El 8 de agosto, cuatro días después de aquella primera celebración, Smit presidió una Misa pontifical en Barentsburg y administró el sacramento de la Confirmación.
Aunque nunca llegó a establecerse una misión católica permanente en las Svalbard, las celebraciones regulares de la Misa en Longyearbyen pudieron retomarse en 1986. Sacerdotes procedentes de Tromsø han viajado también hasta la estación científica polaca de Hornsund para celebrar la Eucaristía y atender a los católicos allí presentes.
La vinculación del archipiélago con la estructura de la Iglesia católica en Noruega es incluso anterior: en 1913, san Pío X dispuso que las Svalbard quedaran integradas eclesiásticamente en el territorio católico noruego.
Varden: «Lo que necesitamos es un sano sentido de la realidad»
Durante la homilía del centenario, Varden tomó el paisaje extremo del Ártico como punto de partida para reflexionar sobre la vulnerabilidad humana, la soledad y la relación del hombre con la realidad.
El obispo comparó la inmensidad de las Svalbard con el desierto buscado por los primeros monjes cristianos. Según explicó, aquellos hombres se retiraban a la soledad no porque despreciaran a los demás, sino para desprenderse de las ilusiones y encontrarse ante Dios.
«Encontrarse consigo mismo significa encontrarse cara a cara con la propia vulnerabilidad», afirmó.
Varden señaló que la sociedad moderna ha tratado con frecuencia de eliminar esa vulnerabilidad mediante la confianza en el progreso tecnológico y en la capacidad humana de controlar las circunstancias, mientras persiste una creciente sensación de incertidumbre.
«Lo que necesitamos no es más fantasía virtual; lo que necesitamos es un sano sentido de la realidad», afirmó.
El obispo señaló que el propio archipiélago, con su entorno cambiante y el deshielo, puede enseñar ese realismo: «Si apagamos el iPhone, las Svalbard nos enseñan muchas cosas esenciales».
La inmensidad del paisaje ártico, añadió, recuerda también al hombre su pequeñez ante la creación y ante Dios.
«Si tenemos ojos para ver, nos damos cuenta de lo pequeños que somos, tanto en el tiempo como en el espacio. Si tenemos oídos para escuchar, esta conciencia tiene un eco de eternidad».
«Somos responsables unos de otros»
A partir de las lecturas del domingo, Varden recordó las palabras de san Pablo: «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente».
También se detuvo en la reprensión de Jesús a Pedro después de que el apóstol rechazara el anuncio de la Pasión.
Según Varden, la mentalidad del mundo transmite al hombre que está finalmente abandonado a sí mismo y que prevalecerá el más fuerte. «El pensamiento de Dios, en cambio, y el camino que Él nos invita a recorrer, nos hacen responsables unos de otros», señaló.
El obispo llamó por ello a acercarse a quienes han quedado aislados por el miedo, el sufrimiento o la soledad, llevando «el mensaje de la reconciliación, de la sanación y de la posibilidad de la amistad».
Varden concluyó la celebración mirando también al futuro de la presencia cristiana en el archipiélago.
«En agradecimiento por la gracia que Dios ha derramado sobre las Svalbard a lo largo de cien años, asumiremos fielmente la responsabilidad de esa gracia», afirmó.
Y recurrió finalmente a una imagen vinculada al paisaje ártico: «Estamos llamados a llamar a la puerta de cada cabaña helada, ya se encuentre en las extensiones salvajes o allí donde nosotros mismos vivimos».