El sacerdote nigeriano Atta Barkindo, director ejecutivo del Kukah Centre, ha denunciado que la persecución de los cristianos en Nigeria no se limita a los asesinatos y ataques cometidos por grupos yihadistas, sino que incluye una «discriminación estructural» que afecta especialmente a los fieles del norte del país.
Barkindo, que acaba de incorporarse al equipo de expertos encargado de elaborar el nuevo Marco Nacional de Paz de Nigeria, sostiene que existen zonas donde los cristianos encuentran obstáculos para construir iglesias, acceder a empleos públicos o ejercer determinados derechos en igualdad de condiciones con los musulmanes.
«Para mí, el segundo nivel —la discriminación sutil y estructural— es donde se encuentra la verdadera persecución de los cristianos», afirmó en una entrevista concedida a Catholic World Report.
Dos niveles de persecución
El sacerdote distingue entre dos formas de persecución.
La primera es la violencia física ejercida por organizaciones terroristas que defienden interpretaciones extremistas del islam suní y atacan tanto a cristianos como a musulmanes que rechazan su ideología.
La segunda, según Barkindo, es menos visible pero está profundamente asentada en determinadas estructuras sociales y administrativas del norte de Nigeria.
«Hay lugares donde no se permite construir una iglesia», afirma. El sacerdote cita concretamente los estados de Katsina y Sokoto, en el norte del país, y asegura que existen restricciones sobre el uso de terrenos adquiridos para levantar templos cristianos.
Barkindo denuncia además que los cristianos sufren discriminación en el acceso a la Administración pública, que se producen conversiones forzadas y que en determinados lugares una persona cristiana no puede acceder a ciertas jefaturas tradicionales.
«No existe igualdad de ciudadanía; tus derechos están determinados enteramente por tu religión», sostiene.
El sacerdote afirma asimismo que incluso en algunas universidades financiadas por el Gobierno federal los cristianos encuentran dificultades para obtener terrenos destinados a la construcción de iglesias.
«Es donde está la verdadera discriminación»
Barkindo relaciona esta situación con la estructura histórica de Nigeria y con el sistema implantado durante el dominio colonial británico.
Antes de la independencia de 1960, recuerda, el norte estaba organizado alrededor de instituciones islámicas como el Califato de Sokoto y el Imperio de Kanem-Bornu. Las autoridades coloniales británicas gobernaron esa zona mediante un sistema indirecto que conservó parte de las estructuras políticas, educativas y jurídicas islámicas.
Tras la independencia, algunos de esos elementos permanecieron dentro del nuevo Estado.
Barkindo considera que esta herencia histórica contribuyó a generar una desigualdad que todavía afecta a las relaciones entre cristianos y musulmanes.
Entre los ejemplos que menciona figura también el matrimonio. Según explica, en determinados estados septentrionales un hombre musulmán puede casarse con una mujer cristiana, mientras que un cristiano que quiera contraer matrimonio con una musulmana se enfrenta a la exigencia de convertirse al islam.
«Estas cosas están ocurriendo mientras hablamos», asegura.
Críticas al uso de fondos públicos para actividades islámicas
El sacerdote critica también que algunos gobiernos estatales financien directamente actividades religiosas musulmanas pese al carácter constitucionalmente secular de Nigeria.
Barkindo cita como ejemplo la financiación de bodas colectivas musulmanas por el Gobierno del estado de Kano y el empleo de grandes cantidades de dinero público para sufragar peregrinaciones a La Meca.
A su juicio, esos recursos deberían destinarse a servicios públicos como hospitales, carreteras y escuelas.
«Se están utilizando para promover actividades religiosas en un país que, según su Constitución, debería ser secular», lamenta.
El nuevo Marco Nacional de Paz
Las declaraciones de Barkindo se producen después de su incorporación al Equipo de Revisión de Expertos encargado de elaborar el Marco Nacional de Paz impulsado por la Oficina del Asesor de Seguridad Nacional de Nigeria.
El sacerdote dirige el Kukah Centre, instituto fundado por mons. Matthew Hassan Kukah, obispo de Sokoto, dedicado a la investigación y a proyectos de paz, democracia y diálogo interreligioso.
El equipo de expertos fue constituido a comienzos de agosto con el objetivo de revisar las distintas iniciativas de paz existentes y elaborar un marco común capaz de afrontar tanto las amenazas tradicionales como los nuevos factores de inestabilidad.
Barkindo considera que durante años el Gobierno nigeriano ha concentrado sus recursos en respuestas militares mientras las iniciativas para construir la paz quedaban principalmente en manos de organizaciones civiles y comunidades locales.
«El Gobierno se ha dado cuenta de que ni siquiera tiene una política de paz», afirmó.
El nuevo marco pretende coordinar las iniciativas de prevención de conflictos, reconciliación y convivencia y establecer mecanismos para supervisar a las instituciones públicas responsables de estas políticas.
«Morimos como cristianos y musulmanes, no como nigerianos»
Barkindo considera que la fragmentación religiosa y étnica constituye una amenaza incluso mayor que algunas formas de violencia armada.
«En Nigeria no nos vemos principalmente como ciudadanos de este país. Nos vemos a través de una lente tribal, política o religiosa», señala.
El sacerdote resume esa fractura con una expresión que, asegura, circula habitualmente en el país: «Morimos en Nigeria como cristianos y musulmanes, no como nigerianos».
A su juicio, la construcción de una identidad nacional común es indispensable para afrontar la violencia, especialmente ante las elecciones presidenciales previstas para 2027.
Barkindo advierte de que la política nigeriana continúa profundamente dividida por líneas étnicas, religiosas y regionales y considera que ninguna estrategia exclusivamente militar podrá resolver el problema.
Educación frente al extremismo
El sacerdote identifica asimismo la falta de escolarización como uno de los principales factores que alimentan el reclutamiento extremista en el norte.
Barkindo señala particularmente la situación de los almajiris, menores que reciben educación islámica tradicional y que en muchos casos quedan fuera del sistema educativo formal y sobreviven mendigando.
«Durante décadas, la generación que rechazó la educación se ha convertido ahora en carne de cañón para el terrorismo», advierte.
Su propuesta para el Marco Nacional de Paz incluye hacer obligatoria la educación moderna en todo el país, tanto para niños como para niñas, sin plantearla como incompatible con la formación religiosa.
Barkindo habla también desde su propia experiencia. Nacido en el estado de Adamawa, explica que sus padres eran musulmanes y se convirtieron al catolicismo para que pudiera acceder a la escuela.
«Si no hubiera ido a la escuela, hasta llegar a la Universidad de Londres, probablemente podría haberme convertido yo mismo en terrorista. ¿Quién sabe?», afirma.
Para el sacerdote, Nigeria no podrá superar la inseguridad únicamente mediante operaciones militares. La salida pasa por afrontar al mismo tiempo la discriminación religiosa, la corrupción institucional, la falta de educación y una identidad nacional todavía subordinada, en demasiados casos, a la religión y a la pertenencia tribal.