El obispo maronita de Batroun, Mons. Mounir Khairallah, ha advertido de que el Líbano se ha convertido en el escenario donde distintas potencias dirimen sus enfrentamientos y ha defendido la identidad multirreligiosa del país frente a una lectura de su situación reducida al conflicto entre Israel y Hezbolá.
«Desde hace años el Líbano paga las guerras de otros: Israel libra su guerra en el Líbano, Estados Unidos libra su guerra en el Líbano, Irán libra su guerra en el Líbano. Los ajustes de cuentas de todo Oriente Medio se hacen en el Líbano», afirmó el eparca en una entrevista concedida a La Nuova Bussola Quotidiana durante el Meeting de Rímini, celebrado en Emilia-Romaña (Italia).
Khairallah participó en el encuentro, que este año dedicó al país de los cedros la exposición Líbano. La belleza, las heridas, la esperanza. El prelado insistió en presentar al país no sólo desde sus guerras y divisiones, sino desde una singular convivencia entre comunidades religiosas que considera parte esencial de su identidad y de su misión.
El Líbano como «país-mensaje»
El obispo recordó la definición de san Juan Pablo II del Líbano como un «país-mensaje», expresión con la que el Pontífice quiso destacar el valor de la convivencia entre sus distintas comunidades religiosas.
«San Juan Pablo II hablaba ya en 1989 del Líbano como un país-mensaje, recordando la importancia de lo que representa, es decir, la convivencia, la “convivialidad” de dieciocho confesiones diferentes», explicó Khairallah.
A su juicio, se trata además de un «país-misión» que puede demostrar al resto del mundo que «vivir juntos es posible».
El prelado recordó que Juan Pablo II formuló esa visión cuando el Líbano todavía atravesaba la guerra de 1975-1990. Khairallah cuestionó, sin embargo, la propia caracterización de aquel enfrentamiento como una guerra puramente civil o confesional y sostuvo que las fuerzas e intereses extranjeros tuvieron un papel determinante.
Una dura acusación contra Israel
Khairallah fue especialmente crítico con Israel y sostuvo que el Estado israelí y el modelo libanés responden a concepciones contrapuestas.
Según el obispo, mientras el Líbano se articula sobre un sistema «abierto, multiconfesional, multicultural y multirreligioso», Israel habría optado por un modelo basado en una identidad nacional judía que, a su juicio, dificulta esa convivencia.
El eparca llegó a sostener que «la llamada guerra civil fue hecha por Israel para destruir» el modelo libanés y afirmó que «la guerra contra este modelo» todavía no ha terminado.
Se trata de la interpretación expresada por Khairallah sobre un conflicto en el que intervinieron numerosos actores libaneses y extranjeros durante quince años y que incluyó, entre otros episodios, las intervenciones militares israelíes de 1978 y 1982 y la presencia siria en territorio libanés.
El obispo vinculó su crítica a la aprobación en 2018 de la Ley Básica israelí sobre el Estado-nación, que define a Israel como «Estado-nación del pueblo judío» y reserva al pueblo judío el derecho a la autodeterminación nacional en el Estado.
«El Estado de Israel no quiere la paz»
Khairallah fue más allá al analizar la política israelí y afirmó que «el Estado de Israel no quiere la paz».
A su juicio, el miedo desempeña un papel central en la sociedad israelí y es utilizado políticamente por sus dirigentes. El obispo contrapuso a la actual dirección israelí la figura del primer ministro Yitzhak Rabin, asesinado en 1995 por el extremista judío Yigal Amir después de haber impulsado los Acuerdos de Oslo con los palestinos.
«Rabin fue el único dirigente israelí que deseó sinceramente la paz», afirmó Khairallah.
En otra entrevista concedida durante el Meeting a la revista italiana Tempi, el prelado distinguió expresamente entre el pueblo judío y el sionismo, del mismo modo que rechazó identificar a los musulmanes con los extremistas.
«Liberaos del odio, liberaos del rencor, liberaos del deseo de venganza. En nombre de Dios, construyamos juntos la paz», pidió entonces a judíos y musulmanes.
Israel, Estados Unidos e Irán
El obispo situó la situación actual del Líbano dentro de una confrontación regional mucho más amplia.
«Israel libra su guerra en el Líbano, Estados Unidos libra su guerra en el Líbano, Irán libra su guerra en el Líbano», afirmó.
El país atraviesa actualmente una delicada situación política y militar marcada por las negociaciones para la retirada israelí del territorio libanés y por la exigencia de desarmar a Hezbolá, organización chií respaldada por Irán que durante décadas ha mantenido una estructura militar paralela a las Fuerzas Armadas libanesas.
El Gobierno libanés defiende que las armas deben quedar exclusivamente bajo control del Estado, mientras Hezbolá se resiste a su desarme y condiciona cualquier avance a la retirada israelí. La disputa ha vuelto a despertar dentro del país el temor a nuevos enfrentamientos internos.
Khairallah, sin embargo, rechazó que el presente y el futuro del país puedan explicarse exclusivamente mediante la confrontación entre Israel y Hezbolá.
«Hezbolá es sólo un episodio de su historia»
«Narrar el Líbano según las lógicas de los conflictos actuales entre Israel y Hezbolá es reduccionista», aseguró.
El obispo recordó la profundidad histórica del país frente a la aparición relativamente reciente de la milicia chií: «El Líbano tiene cinco mil años; Hezbolá, una milicia nacida en 1982, es sólo un episodio de su historia: como nació, mañana desaparecerá. El Líbano, en cambio, no desaparecerá».
Khairallah pidió por ello no presentar al país únicamente a través de las guerras y de la violencia que han marcado su historia reciente.
«Hay que dar voz también a la belleza, a la riqueza, a la grandeza del país», afirmó. «El pueblo libanés es un pueblo hermoso, hospitalario, generoso, al que el deseo de vivir con dignidad impulsa a seguir luchando».