León XIV acumula 21 renuncias episcopales anticipadas durante sus primeros quince meses de pontificado, frente a las 87 contabilizadas durante los algo más de doce años de Francisco, según una investigación de Rodolfo Soriano-Núñez publicada por Los Angeles Press. El estudio incluye bajo esta categoría salidas producidas antes de la edad ordinaria de renuncia, así como otras medidas disciplinarias y casos de obispos electos que no llegaron a recibir la consagración episcopal. La cifra supone un ritmo considerablemente superior al registrado durante el pontificado anterior, aunque la Santa Sede no identifica públicamente todas estas salidas como renuncias forzadas.
La investigación sostiene que Francisco obligó a salir a 36 obispos durante sus dos últimos años y contabiliza al menos 87 casos durante todo su pontificado. La aceleración ya había comenzado antes de la elección de León XIV: entre 2023, 2024 y las primeras semanas de 2025 se documentan 30 renuncias calificadas por el estudio como «anticipadas» o «forzadas», un periodo que coincide con la etapa de Robert Prevost al frente del Dicasterio para los Obispos.
El papel de Prevost antes de ser Papa
Francisco llevó a Prevost desde la diócesis de Chiclayo, en Perú, a Roma a comienzos de 2023 para ponerlo al frente del organismo encargado, entre otras funciones, de intervenir en el complejo proceso de selección de nuevos obispos.
Su posición le daba también un papel relevante en el seguimiento de los prelados en ejercicio. Soriano-Núñez considera por ello «casi imposible» entender el conjunto de las treinta renuncias anticipadas contabilizadas durante los últimos años de Francisco sin tener en cuenta la participación y la opinión del entonces prefecto.
La tendencia se ha intensificado desde su elección como Papa. Los 21 casos en quince meses equivalen a un ritmo anualizado de aproximadamente 16,8 salidas, frente a unas 7,2 si se distribuyen los 87 casos atribuidos a Francisco entre sus algo más de doce años de pontificado.
La comparación exige cautela: se está contraponiendo un pontificado completo con apenas los primeros quince meses del actual. Sin embargo, los datos sí muestran que, hasta ahora, el ritmo bajo León XIV supera ampliamente la media de su predecesor.
Del continente americano a Europa, África y Asia
También ha cambiado la distribución geográfica de estas salidas.
Según la investigación, durante el pontificado de Francisco se concentraron especialmente en el hemisferio occidental. Estados Unidos, Argentina y Chile representaron conjuntamente más del 40% de los casos contabilizados.
Con León XIV, en cambio, Europa concentra el 42,9%, mientras los casos se han extendido también por África francófona y Asia Oriental, que conjuntamente representan otro 33,3%.
El estudio utiliza las renuncias episcopales anticipadas como uno de los indicadores para estudiar problemas estructurales en las diócesis, entre ellos los relacionados con los abusos sexuales y su encubrimiento. El propio método obliga, sin embargo, a distinguir entre los distintos casos: una renuncia antes de los 75 años no implica necesariamente una sanción ni acredita por sí misma la existencia de irregularidades.
El Derecho Canónico prevé que un obispo pueda presentar anticipadamente su renuncia por enfermedad u otra causa grave, mientras que a los 75 años debe presentarla al Romano Pontífice.
Cuando el nombramiento fracasa antes de la consagración
Uno de los cambios que destaca Soriano-Núñez durante el actual pontificado se produce incluso antes de que algunos candidatos lleguen a ser consagrados obispos.
La investigación cita los casos de Krzysztof Dukielski, designado para Radom, en Polonia; Matthew Choi Kwang-hee, nombrado para Seúl, en Corea del Sur; y Gerardo Fortich Saco Jr., elegido para Tagbilaran, en Filipinas. Los tres terminaron apartándose antes de recibir la consagración episcopal.
Estos episodios introducen una cuestión distinta de la eventual mala gestión de un obispo después de años al frente de una diócesis: la idoneidad del candidato y los filtros empleados antes de hacer público su nombramiento.
Precisamente el proceso de selección episcopal fue una de las principales responsabilidades de Prevost desde su llegada al Dicasterio para los Obispos. El organismo recopila y evalúa información sobre los candidatos antes de elevar las propuestas al Papa, a quien corresponde finalmente realizar los nombramientos.
Las diferencias entre una renuncia anticipada y una destitución
La principal dificultad para interpretar las cifras está en determinar qué ocurrió realmente detrás de cada salida. Los anuncios oficiales de la Santa Sede suelen limitarse a comunicar que el Papa ha «aceptado la renuncia al gobierno pastoral» presentada por un determinado obispo, sin especificar necesariamente las circunstancias que llevaron a esa decisión.
Por eso, renuncia anticipada, renuncia forzada y destitución no son términos equivalentes.
Un obispo puede abandonar una diócesis antes de los 75 años por enfermedad, incapacidad para continuar desempeñando sus funciones, razones personales, dificultades de gobierno o como consecuencia de una intervención de Roma. La mera publicación de una renuncia anticipada no permite saber cuál de esas situaciones se produjo si no existe información adicional.
Un ejemplo reciente es Mons. Karl-Heinz Wiesemann, obispo de Speyer, en Alemania, cuya renuncia aceptó León XIV a los 66 años. En este caso, el propio prelado explicó públicamente que la responsabilidad episcopal le había pasado una grave factura física y psicológica y que había solicitado personalmente dejar el cargo.
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La investigación de Los Angeles Press plantea precisamente la falta de información pública como uno de los obstáculos para conocer el alcance real de los problemas que desembocan en salidas episcopales anticipadas. Soriano-Núñez relaciona esta opacidad especialmente con la dificultad de medir la incidencia de los abusos sexuales y otros problemas de gobierno dentro de las diócesis.
Un problema que comienza con la selección
La sucesión de renuncias anticipadas abre también una cuestión sobre el propio sistema mediante el cual Roma selecciona a quienes posteriormente gobernarán las diócesis. Si un prelado debe abandonar el cargo pocos años después de su nombramiento —o un candidato renuncia antes incluso de recibir la consagración—, cabe preguntarse hasta qué punto los procedimientos previos permitieron valorar suficientemente su idoneidad y sus circunstancias.
El aumento no comenzó con León XIV. Los 30 casos contabilizados durante 2023, 2024 y las primeras semanas de 2025 muestran que la tendencia ya se había acelerado durante la última etapa de Francisco, precisamente mientras Prevost dirigía el Dicasterio para los Obispos.
Los primeros quince meses del nuevo pontificado muestran, sin embargo, que esa dinámica no se ha frenado. Con 21 salidas anticipadas contabilizadas, León XIV mantiene hasta ahora un ritmo más de dos veces superior al promedio anual registrado durante el pontificado de Francisco. La naturaleza concreta de cada caso exige un examen individual y no permite calificarlos en bloque como destituciones, pero la frecuencia de estas salidas vuelve a poner bajo el foco tanto el gobierno de las diócesis como el proceso mediante el que Roma elige a sus obispos.