Por la fe sometieron reinos (Heb 11, 33): la cruzada portuguesa en el Océano Índico y la evangelización de Goa (s. XV – XX)

Por la fe sometieron reinos (Heb 11, 33): la cruzada portuguesa en el Océano Índico y la evangelización de Goa (s. XV – XX)

Siempre me ha fascinado esta cita de la Carta a los Cristianos Hebreos, “Por la fe sometieron (o “conquistaron”) reinos”, pasaje bíblico que la carta sitúa como “modelos de fe en la Historia Sagrada”, porque permite explicar las motivaciones de muchos episodios históricos, incluidos los que pretendemos narrar: la expansión portuguesa hacia el Océano Índico y la evangelización de Goa, en la India.

Presentamos con este texto una serie histórica que va a contar con entre 10 y 12 capítulos y que puede considerarse como historia de la Iglesia, de la Cristiandad, “cuando la filosofía del evangelio gobernaba los Estados”, en palabras de León XIII.

¿Cómo pudo un pequeño reino como Portugal, al expulsar a los musulmanes de su territorio, lanzarse a la conquista del norte de África y, posteriormente, a la circunnavegación de África para alcanzar el continente asiático y, así, sorprender por la retaguarda a los turcos que avanzaban por el Mediterráneo y liberar la ciudad santa de Jerusalén? Para la mentalidad de Cristiandad que regía las acciones de la corona y los misioneros portugueses – también la de los comerciantes y políticos, pero éstos tenían además intereses económicos -, esa expansión marítima de Portugal a partir del siglo XV se entiende como una cruzada, una guerra de religión, pues buscaban desactivar la amenaza turca sobre Europa y liberar Tierra Santa

Poco o nada de esto vemos en los libros de historia que no sea para construir una leyenda negra sobre estos hechos, incapaces la mayoría de historiadores actuales de comprender que el mandato de Jesucristo de ir y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a cumplir todo lo mandado por Él (Mt 28, 19- 20) es lo que impulsó no sólo las cruzadas estudiadas como tales, cuyo fin principal era liberar Tierra Santa, sino también la reconquista de la Península Ibérica y los viajes de expansión de los reinos ibéricos. 

La Historia como disciplina científica nació en el siglo XIX. El desarrollo del método científico en los siglos precedentes generó, en el marco de la filosofía positivista y objetivista decimonónica, un acercamiento al conocimiento científico que trató de ser aplicado al estudio del pasado. La evolución llevada a cabo en los estudios históricos de los XX y XXI ha puesto, sin embargo, de manifiesto la dificultad que tiene la Historia para cumplir algunos de los requisitos básicos de la ciencia, máxime cuando, a lo largo de este tiempo, ha ido “apuntándose” a las modas ideológicas del presente para estudiar acontecimientos y mentalidades pasadas. Desde el marxismo al feminismo, pasando por el fenómeno woke, en la mayoría de casos los estudios académicos de historiadores científicos, académicos, profesionales aplican estas visiones presentistas totalmente ajenas a quienes vivieron en el pasado o en otros continentes, con otras cosmovisiones.

Partamos del principio de que la historia es la disciplina que trata de reconstruir las sociedades del pasado y los acontecimientos que vivieron a partir de criterios epistemológicos de veracidad. Para ello, toma como base diversas fuentes ya sean escritas o restos de la cultura material a través de las cuales puede construir ese conocimiento sobre el pasado. Todo ello se plasma a partir del trabajo del historiador en textos escritos que acercan a la disciplina historiográfica a la categoría de arte humanístico o ciencia social. Esta realidad requiere por parte del historiador de una reflexión metodológica previa, fundamental para definir su trabajo. La clave de bóveda de la problemática metodológica en la escritura de la historia se ubica en la relación entre los hechos y la persona que los recoge, desarrolla y analiza tratando de extraer algún tipo de significado de ellos. Aunque en ocasiones dé la impresión, a partir de la lectura de distintos libros de historia, de que lo que se relata en ellos son verdades objetivas, por ese estilo de narración omnisciente con el que se escriben muchas de las obras historiográficas, lo cierto es que el papel del historiador en la construcción de ese relato es esencial, y genera un problema epistemológico y metodológico de difícil solución, y que en ocasiones muchos de los historiadores parece que no se plantean. Es, en esencia, un debate que desde hace tiempo se plantea en términos de objetividad contra subjetividad. Y en todo ese debate no debemos perder de vista también la veracidad. Son tres elementos que se combinan en el debate historiográfico y que están en la base de las principales dificultades epistemológicas a las que se enfrenta la escritura de la historia.

Si situamos esta definición de la Historia como disciplina científica en el contexto más amplio de la evolución del pensamiento se comprende por qué la trascendencia, lo sobrenatural y Dios quedan fuera de la Historia como ciencia y si existe alguna manera de replantear la cuestión en un estudio histórico que se pretenda científico y que pase por no ignorar la existencia de Dios y su actuar en la Historia de los hombres

Como profesor, el sacerdote Javier Olivera Ravasi observó cómo la fe de los jóvenes universitarios era minada no por ataques no a los dogmas o la doctrina, sino por ataques a hechos de la historia de la Iglesia. Partiendo entonces de palabras de León XIII, el P. Javier acuñó el concepto de apologética histórica, que es, en sus propias palabras, una “defensa de la fe a través de la historia”. Así, él elaboró temarios para contrarrestar la leyenda negra.

Las palabras de León XIII de las que partió son las contenidas en la Saepenumero Considerantes, breve documento “sobre el estudio de la historia de la Iglesia” de León XIII, escrito en 1883, con motivo de la apertura del Archivo Vaticano, en que el pontífice destacaba la importancia de los estudios históricos para un católico. ¿Qué puede y debe hacer un historiador católico? Básicamente, el planteamiento del papa es el que la Iglesia ha hecho siempre: la búsqueda de la verdad, analizando los hechos de manera no tergiversada, sin opiniones prejuiciosas. 

Al referirse en concreto a la construcción historiográfica de la leyenda negra sobre la Iglesia, León XIII observó cómo no sólo se han tergiversado acontecimientos del pasado, sino también inventado historias falsas y ocultado hechos ciertos, con el fin de arrebatar y difundir los que parecían más fácilmente motivo de espectáculo y de burla para la multitud siempre ávida de escándalos (…). Maquinaciones que se dan aún muy activamente en el siglo XIX mediante la ciencia histórica que, en palabras del pontífice, “parece ser una conjura de los hombres contra la verdad”. Se lamentaba proféticamente el papa de cómo, en su tiempo, este modo de hacer historia había invadido incluso las escuelas.

En esta carta apostólica, León XIII añadió un elemento capital para los historiadores católicos al afirmar que “no se trata sólo de estudiar la verdad, sino también de ser sus defensores”, con el fin de contrastar la desinformación y la tergiversación de los hechos históricos, “dedicándose con empeño a fin de que las disciplinas históricas, tan nobles como son, no se transformen en una fuente de grandes males, públicos y privados”. Para ello, el papa exhortaba a que “los hombres de bien, documentados y competentes en estas materias se dediquen con esmero a escribir textos de historia con el fin preciso de hacer aparecer aquello que es auténticamente verdadero y de refutar, con doctrina, las injurias criminales que ya hace demasiado tiempo vienen acumulándose. A la endeble narración se opongan la fatiga de la investigación y la reflexión; a la temeridad de las afirmaciones, la prudencia del juicio; a la ligereza de los prejuicios, la profunda clasificación de los hechos. Con todo esfuerzo deben ser repudiadas las mentiras e invenciones, ateniéndose a las fuentes; en la mente de quien escriba esté bien presente en cada momento, que “la primera ley de la historia es que no se ose decir nada falso, ni esconder nada de la verdad”; para que, al escribir, no existan sospechas de partidismo o aversiones” (…)”.

Pues bien, esta perspectiva de la apologética histórica es el enfoque que vamos a adoptar en el estudio de la temática propuesta, intentando desmontar los prejuicios de la leyenda negra y el error metodológico del presentismo para sacar a la luz las motivaciones y hechos como en verdad ocurrieron.  

No podemos dejar de prestar la atención que merece el grave error del presentismo en los estudios históricos; el presentismo implica estudiar el pasado una mentalidad de presente. Como afirma Joseph Pearce, “si intentamos estudiar la Historia a través de los prejuicios y las ideas preconcebidas de nuestro propio tiempo, sólo conseguiremos malinterpretar los motivos y las intenciones de las acciones históricas. Si no sabemos qué creían aquellas personas, no comprenderemos por qué actuaban y se comportaban como lo hacían. No comprenderemos realmente lo que ocurrió. Nuestro prejuicio o nuestra ignorancia nos habrán cegado. Para entender la Historia, hemos de entender a sus protagonistas lo suficiente como para empatizar, aunque no simpaticemos, con ellos. Cuanta más evidencia histórica sale a la luz, menos pueden los deanes de la posmodernidad hacer a los personajes históricos pensar en clave de presente”. 

Pearce desarrolla esta idea en su obra “A través de los ojos de Shakespeare” de una manera muy gráfica: “la capital cuestión de que existen dos maneras de pensar: una manera subjetiva y una manera objetiva. Para pensar objetivamente se requiere una implicación con la realidad que existe más allá de nosotros mismos, de manera que entendamos la necesidad de conformarnos a esa realidad (…). Por otro lado, pensar subjetivamente implica toda la experiencia desde la perspectiva de uno mismo, y la juzga de manera acorde. Al pensar objetivamente se denomina realismo; mientras que al pensar subjetivamente se le llama nominalismo o relativismo filosófico”. Y en esta segunda opción se encuadra la disciplina científica de la Historia, a pesar de su pretensión de objetividad. Y como no pueden ser verdad las dos opciones, si una es verdad, la otra es falsa ipso facto”, concluye Pearce.

A partir de todo lo expuesto, presentamos este estudio que consta de dos bloques bien diferenciados: por una parte, estudiaremos la expansión portuguesa hacia el Océano Índico con sus hechos más destacados, su encuentro con la cultura comercial islamizada Swahili en la costa oriental de África y su llegada al subcontinente Indio. Además de los hechos, reflexionaremos sobre si hacemos lo correcto considerando esa expansión una cruzada, a partir de las definiciones y la historia de las cruzadas y analizaremos la expansión histórica del Islam y su violencia intrínseca, con las consecuencias que ello tiene para la sociedad actual.

En el segundo gran bloque, narraremos la conquista de Goa a partir del siglo XVI y analizaremos la legitimidad de la evangelización, que tristemente historiadores nativos de Goa, ¡jesuitas! se han encargado de demonizar en las últimas décadas del siglo XX, elaborando su propia leyenda negra. Analizaremos el nacimiento y desarrollo tanto de la estructura de Goa como colonia portuguesa de población y el nacimiento de un nuevo modelo social y de un nuevo grupo socio-religioso, los Goans (o goanos, o goeses – no existe traducción del gentilicio al español, puesto que no han sido estudiados aquí) católicos y occidentalizados que mantuvieron – y mantienen hasta hoy – el sistema de castas. 

Mostraremos cómo, a partir del siglo XIX, con la crisis en Goa por el agotamiento del Imperio portugués y el establecimiento de un protectorado británico en diversos enclaves del Océano Índico, miles de Goans emigraron al este de África, donde su identidad católica se vio reforzada ante los anglicanos y los musulmanes; y cómo, con el advenimiento de las independencias de los países africanos a mediados de los años 1960, la mayoría de miembros de las comunidades Goans bien establecidas en muchas ciudades de Tanzania, Kenia y Uganda volvieron a emigrar, esta vez hacia Occidente: principalmente, el Reino Unido y Canadá. 

El objetivo de estos textos es divulgativo; o, como se dice ahora en la academia, “de transmisión de conocimiento”, mediante un revisionismo crítico de la historiografía. Partimos de bibliografía no disponible en español y de trabajo en el archivo nacional de Zanzíbar con una beca en diferentes periodos entre los años 2000 y 2004 y trabajo de campo con la comunidad Goan de la isla en los mismos años, con entrevistas para reconstruir sus historias familiares. Difícilmente aportaremos alguna información que no esté ya publicada, aunque no sea en español. Pero lo que sí vamos a intentar aportar es una nueva perspectiva, la de la apologética histórica, que consideramos mucho más fiel a las motivaciones de los protagonistas de los hechos y también más capaz de la reconstrucción fiel de los acontecimientos mismos; y la vamos a aplicar al caso concreto de la expansión portuguesa en el Océano Índico. Por poner tan sólo un ejemplo, el historiador jesuita Teotónio R. de Souza considera que la evangelización de Goa constituyó una destrucción por la fuerza de su identidad “india” (fuera ello lo que fuera en el siglo XVI). Pero entre los Goans a quienes he podido conocer, y que se cuentan por cientos, no sólo no he escuchado nunca un lamento al respecto, sino todo lo contrario: gratitud y orgullo por su fe y su identidad católica y occidentalizada. En un ambiente hostil, con el 95% de población musulmana, como es el caso de Zanzíbar, donde una bomba estalló en la catedral de Saint Joseph durante la Misa del Gallo de 2002 ó 2003, su fe e identidad católica ha mantenido firmes a estas personas y comunidades. 

Intentaré minimizar las referencias bibliográficas en el texto para agilizar la lectura, pero sí habrá notas a pie de página e incluiré al final de los capítulos la lista de la principal bibliografía consultada, para quien desee ampliar o contrastar lo expuesto.

Comenzamos estos textos con el propósito de ofrecer una lectura formativa y amena, que nos ayude a replantear los hechos desde nuevas perspectivas, que ayuden a desmontar la leyenda negra y demás prejuicios. Es una óptica desde luego “académicamente incorrecta” o “de las periferias de la academia”: tanto por las propias limitaciones de la disciplina científica historiográfica como por la ideología woke dominante en la universidad pública española, este tipo de estudios no tiene hoy cabida en ella. Aunque tampoco, lamentablemente, en algunas facultades de historia o humanidades de universidades católicas, muchas de las cuales no sólo han asumido los postulados ateos y laicistas contra ciertos acontecimientos de la historia de la Iglesia, sino que no comparten las nociones de Cristiandad, de cruzada ni la de guerra justa, y la evangelización de los gentiles ha quedado en una especie de limbo ante el indiferentismo religioso dominante en la Iglesia.

 

 

Sobre la autora: M. Pilar Abellán es Virgen Consagrada (OV), licenciada en Historia por la Universidad de Barcelona. Ha realizado diversas publicaciones científicas y divulgativas, ha formado parte de un grupo de investigación consolidado del departamento de historia contemporánea de la misma universidad y tiene estudios de tercer ciclo (Doctorado), anteriores a la implantación del Plan Bolonia, y tres cursos de doctorado en 2020 – 2023 en el departamento de historia medieval. Entre 2000 y 2004 fue beneficiaria de una beca de formación del personal investigador (FPI) del ministerio del Interior, como personal investigador de un programa de I + D del departamento de historia contemporánea. En los mismos años formó parte simultáneamente de un grupo de investigación no consolidado, ARDA – LISA, Asociación para la Investigación y la Divulgación sobre África, bajo la dirección del Dr. Ferran Iniesta, periodo durante el cual se dedicó a la temática expuesta en esta serie, y sobre la cual ha realizado diversas ponencias en congresos y publicado en revistas especializadas.

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