Mientras numerosas diócesis afrontan una caída sostenida de las vocaciones, la Archidiócesis de Seúl, Corea del Sur, mantiene un presbiterio de más de un millar de sacerdotes y una estructura laical dedicada desde hace medio siglo a sostener las vocaciones mediante la oración, la ayuda económica a los seminaristas y la formación. Tras las nuevas ordenaciones celebradas en febrero de 2026, el número de sacerdotes pertenecientes a la archidiócesis pasó de 994 a 1.009.
El dato actualiza un hito alcanzado el año anterior. El 7 de febrero de 2025 fueron ordenados 26 nuevos sacerdotes —25 de la archidiócesis y uno del seminario Redemptoris Mater—, con los que Seúl alcanzó entonces la cifra simbólica de mil presbíteros. La Iglesia local cuenta además con más de 1,5 millones de católicos.
Cincuenta años rezando y pagando la formación de seminaristas
Una de las particularidades de Seúl es la Asociación para el Apoyo a las Vocaciones, fundada el 17 de abril de 1975. Nació como un pequeño grupo de apoyo a los seminaristas, impulsado por personal del seminario y quince mujeres laicas, bajo la dirección espiritual del sacerdote Kim Deok-jae. En 1977 adoptó su denominación actual y quedó vinculada al Departamento de Vocaciones de la archidiócesis.
Su actividad se ha mantenido durante cinco décadas sobre tres pilares. Sus miembros rezan y ofrecen Misas por las vocaciones, realizan aportaciones para sufragar los estudios y la manutención de los seminaristas y reciben formación para continuar promoviendo las vocaciones sacerdotales en sus comunidades.
El arzobispo de Seúl, Peter Chung Soon-taick, destacó el papel de esta red durante la Misa celebrada en abril de 2025 por su 50º aniversario, a la que asistieron alrededor de 700 personas.
«Este crecimiento no habría sido posible sin la gracia de Dios y sin los esfuerzos dedicados de los sacerdotes y miembros que han servido en esta misión», señaló Chung.
El arzobispo resumió también el principio que ha guiado la labor de la asociación: «Una vocación es un don dado por Dios, pero también es un don que debe ser alimentado y cultivado para que pueda florecer».
Una Iglesia que nació sin sacerdotes
La importancia que el laicado ha tenido en la promoción de las vocaciones enlaza con los propios orígenes del catolicismo coreano. La Iglesia en Corea del Sur presenta la singularidad de haber comenzado a desarrollarse a finales del siglo XVIII por iniciativa de laicos que conocieron el cristianismo a través de libros llegados desde China.
Sin contar inicialmente con sacerdotes, aquellos primeros católicos estudiaron la doctrina, se bautizaron y formaron comunidades mientras esperaban la llegada de misioneros. Las persecuciones posteriores dejaron alrededor de 10.000 mártires, cuyo testimonio continúa ocupando un lugar central en la identidad del catolicismo coreano.
Entre ellos se encuentra san Andrés Kim Dae-geon, primer sacerdote coreano, ordenado en 1845 y martirizado al año siguiente, cuando tenía 25 años. El crecimiento del clero de Seúl hasta superar el millar se produjo, por tanto, apenas 180 años después de aquella primera ordenación.
El número de seminaristas también cae en Corea
Las cifras de Seúl no significan, sin embargo, que la Iglesia surcoreana haya quedado al margen de la crisis vocacional. El propio Chung advirtió durante el aniversario de la asociación que actualmente se registra un «descenso constante de las vocaciones sacerdotales» y pidió intensificar la oración y el apoyo desde las parroquias y comunidades.
Los datos nacionales muestran una caída considerable. En 2013 había 1.264 candidatos al sacerdocio en las diócesis coreanas; diez años después quedaban 790, aproximadamente un 40% menos. A ello se suma la crisis demográfica de Corea del Sur, cuya tasa de fecundidad se encontraba entre las más bajas del mundo.
También disminuye el peso del catolicismo entre las generaciones más jóvenes. Según las estadísticas de la Conferencia Episcopal Coreana citadas por la Agencia Fides, los católicos representaban el 11,5% de la población del país, pero el porcentaje era sensiblemente menor entre niños y adolescentes.
El caso de Seúl combina así un presbiterio todavía numeroso con señales claras de descenso vocacional. Frente a esa tendencia, la archidiócesis mantiene una fórmula que precede en décadas a la crisis actual: oración constante por las vocaciones, implicación directa de los laicos y sostenimiento material de quienes ingresan en el seminario.
La Iglesia surcoreana estará además especialmente expuesta a la atención internacional en 2027, cuando Seúl acoja la próxima Jornada Mundial de la Juventud.