TRIBUNA. Medjugorje: una historia de sinodalidad y desobediencia

Por: Una católica (ex)perpleja

TRIBUNA. Medjugorje: una historia de sinodalidad y desobediencia

Hace unos días, Infovaticana publicó un artículo sobre una consulta secreta realizada en 2016 entre 33 cardenales, obispos y expertos vinculados a la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe que habría arrojado una amplia mayoría contraria al origen sobrenatural de las supuestas apariciones de la Virgen María en Medjugorje. La Comisión internacional había sido encargada por el Papa Benedicto XVI en 2010 para estudiar en profundidad y evaluar la credibilidad de las supuestas apariciones marianas. La documentación confidencial publicada por el periodista italiano Davide Murgia (un periodista que cree en la autenticidad de las apariciones de Medjugorje) revelaba que 21 de los consultados se pronunciaron por el constat de non supernaturalitate, nueve por el constat de supernaturalitate y tres consideraron que no existían elementos suficientes para emitir un juicio definitivo.

En 2014, Bergoglio había disuelto la Comisión creada por su antecesor en 2010. A pesar de la opinión negativa, el Papa envió al arzobispo y nuncio polaco Henryk Hoser a Medjugorje para analizar el fenómeno no desde un punto de vista doctrinal, sino pastoral. Es decir, para comprender si el fenómeno había producido frutos positivos como conversiones, oración, devoción, fidelidad al Magisterio, etc. En 2019, tras la opinión favorable de Hoser, Francisco decidió autorizar oficialmente las peregrinaciones a Medjugorje, aunque ello no implicaba la aprobación de la autenticidad de los fenómenos que allí se producían desde 1981. Así comenzó a surgir la separación entre el juicio doctrinal y el juicio pastoral, que poco después el Papa Bergoglio elevaría a criterio oficial de discernimiento: los cambios realizados por el papa Francisco en 2024 fueron importantes, pues modificaron el proceso de discernimiento de las apariciones y, más generalmente, de las llamadas revelaciones privadas. Pero Las nuevas normas introducen una aclaración decisiva: «Como regla general, estas Normas no prevén que la autoridad eclesiástica reconozca positivamente el origen divino de supuestos fenómenos sobrenaturales». En otras palabras: la Iglesia ya no debe aprobar las revelaciones privadas. A lo sumo, puede otorgar un Nihil obstat, como ocurrió precisamente en el caso de Medjugorje. La fórmula no indica que el fenómeno haya sido reconocido como sobrenatural. Más bien, significa que, sin expresar certeza sobre su autenticidad, se reconocen muchos signos de la acción del Espíritu Santo. Por esta razón, se anima al obispo a promover la experiencia pastoralmente e incluso a fomentar las peregrinaciones. Desde esta humilde tribuna nos hicimos eco de la casual o causal conveniencia de ese documento (https://infovaticana.com/2024/10/12/medjugorje-el-aparicionismo-exaltado-y-el-dialogo-interreligioso/).

Es mucho lo que se ha dicho y escrito y mucho lo que se puede seguir diciendo sobre Medjugorje. En este texto, simplemente me gustaría volver a los inicios de las apariciones, exponiendo fechas y hechos, para constatar que la cuestión de las supuestas apariciones de Medjugorje dista mucho de estar resuelta, pues sus mismos principios (temporales y conceptuales) están viciados. Simple y extrañamente, va con los signos de los tiempos eclesiales. Ésa ha sido su fortuna cuarenta años después del inicio del fenómeno.

Para volver sobre las fechas y hechos, nos vamos a basar principalmente en la obra del historiador francés Yves Chiron, Medjugorje demasqué (1981 – 2010) (“Medjugorje al descubierto”), publicado inicialmente en 2006 y reeditado en una versión revisada y ampliada en 2010. El trabajo de campo de Chiron data de la Semana Santa de 1993, cuando se desplazó allí como peregrino en viaje grupal organizado en plena guerra de los Balcanes. Se reunió con algunos videntes y con algunos de los guías, asistió a las «apariciones» y se reunió con el obispo de Mostar. Medjugorje, de mayoría croata y católica, no se veía afectada directamente por los combates, y por eso su viaje se pudo realizar. También vamos a destacar algunas ideas de un artículo de Gaetano Masciullo que apareció en el portal The Remnant del pasado 15 de agosto que nos parecen muy relevantes. 

Nos vamos a centrar en unas cuestiones muy concretas de las dos primeras décadas: 1) la naturaleza de las primeras supuestas apariciones a los jóvenes videntes; 2) la relación entre los franciscanos, encargados de la parroquia de Medjugorje, y el obispo diocesano; y 3) el papel de la renovación carismática. También mencionaremos, aunque de manera secundaria, algunos aspectos inusuales en estas supuestas apariciones, en comparación con otras aprobadas por la Iglesia, y los problemas doctrinales de algunos de los mensajes.

El primer día de las supuestas apariciones, el 24 de junio de 1981, tres adolescentes afirmaron haber visto a la Virgen (la Gospa) en la colina de Podbrdo, cerca del pueblo de Medjugorje: Ivanka (15 años), Mirjana (16 años) y Milka (12 años). Más tarde, una cuarta joven, Vicka (16 años), también «vería» a la Virgen, y otros dos jóvenes, Ivan Dragicevic (16 años) e Ivan Ivankovik (20 años), divisaron una forma difusa, pero huyeron asustados. Iván Ivankovik no volvió en los días siguientes, ni tampoco Milka. En cambio, el 25 de junio, segundo día de las apariciones, otras dos personas «vieron»: Marija (16 años) y Jakov (10 años). Así se formó, a partir de ese día, el grupo de los «seis» que, durante años, verían a la Virgen cada día. Posteriormente, algunos (que recibieron los famosos diez «secretos») solo la verían una vez al año, mientras que los demás (que aún no han recibido sus diez «secretos») siguen viendo a la Virgen a diario. Todo esto culmina en la conocida promesa de las «últimas apariciones de María y Jesús en la tierra» y en los diez secretos, un esquema que claramente busca reproducir el de Fátima, pero distorsiona su significado: mientras que Fátima presentó un único misterio de alcance escatológico-eclesiológico, Medjugorje —al igual que Garabandal— ofrece una versión apocalíptica del mismo, más espectacular que espiritual, signo de un fenómeno que se aleja progresivamente de la teología católica para adquirir rasgos de mistificación.

Por la manera en que se producían las apariciones, es prácticamente imposible calcular el número. ¿Cuántos mensajes ha habido hasta la fecha? ¿Miles o decenas de miles? La cuestión se complica, además, por el hecho de que, si bien en los primeros años los videntes tenían una aparición diaria en común, después comenzaron a tener apariciones «por separado». En toda la historia de la Iglesia, ninguna aparición reconocida ha durado tanto tiempo

Por otra parte, es del todo inquietante cómo se produjeron las primeras supuestas apariciones: Un aspecto que a menudo se pasa por alto en los círculos de Medjugorje concierne a la naturaleza anómala de las primeras manifestaciones. El ciclo de las supuestas apariciones no se originó en una atmósfera de tranquilidad espiritual, como ocurrió en Lourdes o Fátima, sino en un contexto de auténtico terror. Según el mariólogo René Laurentin, partidario de la autenticidad del fenómeno, la primera visión fue la de una criatura negra que aterrorizó a los videntes, obligándolos a huir. Solo más tarde, cuando los videntes regresaron al cerro, apareció la figura que posteriormente se identificó como la Virgen María.

El 2 de agosto de 1981, la aparición supuestamente permitió a los presentes tocarla. Sin embargo, mientras la «tocaban» (sea lo que sea que esto signifique), la Virgen adquirió una apariencia cada vez más oscura. La vidente Marija explicó que esto se debía a los pecados de quienes la tocaban. En otra ocasión, el 25 de diciembre de 1982, la vidente Mirjana afirmó que, en lugar de la Virgen María, había recibido la aparición de una criatura monstruosa que le prometía éxito y riqueza. De repente, esta aparición se transformó en la Virgen, quien se disculpó con la vidente y le explicó que habían visto al diablo y que todo había sido una prueba.

La presencia de miedo, metamorfosis, risa y oscuridad contrasta sin duda con la tradición mística católica, que asocia las auténticas manifestaciones marianas con signos de gracia y serenidad sobrenatural, no con fenómenos de ambigüedad o terror.

Antes de comenzar las “apariciones”, la parroquia de Medjugorje estaba a cargo de una comunidad de frailes franciscanos que estaban enfrentados al obispo diocesano. El padre Jozo Zovko era el párroco de Medjugorje cuando comenzaron las apariciones. Aunque estuvo ausente durante los tres primeros días de las apariciones, «una gracia especial de revelación», según sus propias palabras, le llevó a proteger a los videntes de la milicia comunista. A partir de entonces, desempeñó un papel decisivo, de guía y formador, junto a los videntes. Cuando comenzaron las apariciones el 24 de junio de 1981, los seis videntes fueron guiados espiritualmente por otros dos frailes franciscanos de la comunidad de Medjugorje, Ivica Vego e Ivan Prusina, quienes acababan de ser amonestados por el obispo Žanić precisamente por desobediencia: el obispo les ordenó abandonar el lugar donde ejercían su ministerio, pero los dos frailes, amparándose en el poder que la orden franciscana ejercía históricamente en Bosnia-Herzegovina, se resistieron. Mientras se desarrollaba esta controversia, comenzaron las supuestas apariciones. El apoyo de los franciscanos a un fenómeno en que el obispo no creyó desde el principio agravó los problemas. Extrañamente, la supuesta aparición comenzó a intervenir en el asunto, a favor de los franciscanos: el 19 de diciembre de 1981, apenas seis meses después del inicio de las apariciones, Vicka Ivanković, una de las videntes, registró en su diario una respuesta atribuida a la Gospa sobre la controversia. Según dicho registro, la supuesta Virgen María afirmó que el obispo Žanić era «responsable del desorden» y que Ivica Vego «era inocente», incluso ordenándole que permaneciera en Mostar y no se marchara

El párroco, el fraile Jozo, había sido detenido en agosto de 1981 por las autoridades comunistas y permaneció encarcelado durante mucho tiempo. Por ello se le considera el primer mártir de las apariciones de Medjugorje. Afirmaba que, en la cárcel, la Virgen se le apareció también a él, lo que reforzó su determinación de convertirse en el defensor de la autenticidad de las apariciones.  Tras salir de prisión, el P. Jozo tuvo que abandonar Medjugorje, marchando a residir en el convento de Siroki-Brijeg, a tan solo unos 30 km de Medjugorje. A principios de los años 1990, cuando Yves Chiron viajó al lugar, los grupos de peregrinos iban a visitarle y escucharle a su convento. La visita que narra Chiron es una performance carismática de manual: el P. Jozo realizaba una mezcla de predicación y oración de una hora y media, al final de la cual se dedicó a recorrer el templo abarrotado de peregrinos imponiendo las manos a la manera carismática, haciendo que decenas de peregrinos cayeran durante minutos en el conocido “reposo en el Espíritu”.

Chiron entrevistó en su viaje al franciscano P. Slavo Barbaric (fallecido el 24 de noviembre de 2000), quien ejercía su ministerio en la parroquia de Medjugorje desde 1982 y era el franciscano mejor informado sobre los hechos de Medjugorje, pero también el que tenía una visión más amplia del fenómeno, basada en un vasto conocimiento de la psicología religiosa y de la historia de la mística. Fue el director espiritual de los videntes, pero, a partir de 1986, «la mayor afluencia de peregrinos» le impidió continuar con regularidad con esa dirección espiritual.

Otra visita obligatoria en los años 1990, al menos para los peregrinos francófonos, era a la hermana Emmanuel, perteneciente a la Comunidad de las Bienaventuranzas, una comunidad carismática establecida en Medjugorje desde poco después del comienzo de las “apariciones”. La hermana Emmanuel ofrecía a los peregrinos una conferencia sobre los fenómenos de Medjugorje, con anécdotas que le parecían edificantes y que, según ella – afirma Chiron-, constituían pruebas de la autenticidad de las apariciones. Al historiador francés, por el contrario, los hechos narrados por la religiosa le parecieron incongruentes en relación con las apariciones auténticas, reconocidas por la Iglesia. La hermana Emmanuel dijo que “la Virgen, durante algunas apariciones, impone las manos sobre los videntes para bendecirlos”; que “un día, la Virgen tomó de las manos de un vidente una fotografía del Papa y la besó; y que, en otra ocasión, durante las apariciones, los videntes se retorcían de risa. Cuando, después, se les preguntó por qué se habían partido de risa, respondieron que la Virgen también «se reía».

La hna. Emmanuel explicó también cómo llegaron allí los carismáticos: en agosto de 1983, la Virgen pidió a dos figuras destacadas del mundo carismático, Philippe Madre y el P. Emiliano Tardif, que «transmitieran (sus) mensajes al mundo». Algunos de los religiosos franciscanos que encargados de la parroquia de Medjugorje, y que asistían a los videntes desde el principio y difundían los mensajes de la Virgen ya formaban parte de la Renovación Carismática.

A partir de finales de 1983 se produjo una especie de reparto de tareas: los franciscanos continuaron acompañando a los videntes, al menos intentando orientarlos espiritualmente, mientras que los carismáticos de la Comunidad de las Bienaventuranzas se encargaban de difundir los mensajes de la Virgen. Un hombre desempeñó un papel esencial junto a los videntes: Cyrille Auboyneau, amigo e intérprete a la vez, afincado en Medjugorje desde 1984. Fue él quien tradujo, hasta 1991, los mensajes recibidos en croata por los videntes. 

Yves Chiron considera que se pueden distinguir dos fases en las apariciones: de 1981 a 1983, los videntes se valían por sí mismos, aunque muy cercanos a los padres franciscanos de la parroquia. Los mensajes de la Virgen que transmitían entonces tenían un contenido muy variado; algunos aparentemente contradictorios con la doctrina católica. Luego, a partir de 1983 —principios de 1984, fecha en la que la Renovación Carismática y Cyrille Auboyneau se hacen cargo de la difusión de los mensajes, estos se vuelven muy repetitivos, estereotipados, de la misma extensión cada vez y carentes de elementos nuevos.

También el P. Slavko había hablado con Chiron del contraste entre las palabras de los primeros años de las apariciones y los mensajes estereotipados a partir de 1984. Él reconoce: «Antes de marzo de 1984, no había mensajes propiamente dichos. Era una pedagogía repetitiva, como la de una madre con su hijo».

Chiron se entrevistó también en 1993 con el obispo coadjutor de la diócesis de Mostar – a la que pertenece la parroquia de Medjugorje-, Mgr Peric. En una ciudad destruida por los bombardeos, el obispo había habilitado sus oficinas en el subsuelo de la catedral. Monseñor Zanic, obispo titular, estaba hospitalizado en Split; y monseñor Peric había sido nombrado coadjutor en mayo de 1992. Al igual que monseñor Zanic, quien fue el primero en tener que juzgar los hechos de Medjugorje, y al igual que la Comisión de Investigación que se pronunció en contra el 10 de abril de 1991, monseñor Peric considera que no hay nada sobrenatural en los hechos de Medjugorje. Monseñor Zanic había vivido con gran angustia el tema de las apariciones. Para él, era una cuestión de conciencia, según su coadjutor. Además, Mons Peric aportó una precisión importante: «La mayoría de los fieles de la diócesis no creen en las apariciones; solo creen en ellas algunos de los feligreses de las parroquias administradas por los franciscanos».

Sobre este juicio negativo de las autoridades diocesanas, el padre Slavko había respondido a Chrion que “el reconocimiento por parte de la Iglesia no es importante. La Virgen María no espera a que la reconozcan”.

Lo que sí es un hecho es que las particularidades de las supuestas apariciones de Medjugorje y los errores doctrinales que contienen los mensajes allí transmitidos fueron señalados, desde el principio, por las autoridades eclesiásticas de las que depende la parroquia de Medjugorje. El obispo de Mostar al inicio de las apariciones, monseñor Zanic, interrogó personalmente a los videntes. Creó, desde el principio, una comisión de investigación. Se crearon otras dos comisiones de investigación. Ya en 1984 se dictaron directrices de carácter pastoral y se prohibieron las peregrinaciones oficiales a Medjugorje. En 1991, la Conferencia Episcopal Yugoslava publicó el resultado de los largos trabajos de su comisión de investigación y declaró: «No es posible afirmar que se trate de apariciones o revelaciones sobrenaturales». Se trataba de un Non constat de supernaturalitate. En 1997, monseñor Peric, sucesor de monseñor Zanic al frente de la diócesis de Mostar, fue más allá en la valoración de los hechos, ya que afirmará un Constat de non supernaturalitate. Eso mismo dijeron la mayoría de los consultados en la encuesta de 2016 que citábamos al principio.

Hasta la fecha, las múltiples investigaciones e interrogatorios llevados a cabo no han permitido establecer el carácter sobrenatural de los hechos y los mensajes. Pero los sucesivos dictámenes negativos de las autoridades episcopales y diocesanas desde el principio tampoco pudieron frenar el ritmo de las peregrinaciones a Medjugorje: ya en 2010 se contabilizaban unos 20 millones desde 1981; ni tampoco impidieron la publicación de libros que presentaban los acontecimientos de Medjugorje como sobrenaturales. Un gran especialista en cuestiones marianas, como el padre René Laurentin, apostó por ello, como hemos dicho, con su autoridad durante casi veinte años antes de «dejar de publicar sobre Medjugorje» a petición de las autoridades eclesiásticas.

Muchos de los supuestos mensajes de la Virgen en Medjugorge se centran en la paz mundial (María en Medjugorje es llamada “Reina de la Paz”), la llamada a la conversión y el ayuno, pero existen en ellos muchísimos problemas, hasta tal punto que, con tamaña cantidad de mensajes, resulta imposible abarcar en un solo artículo todos los errores teológicos, las contradicciones ocultas en los miles de mensajes que la Gospa supuestamente transmitió continuamente a los videntes, las numerosas implicaciones seriamente problemáticas para la vida espiritual y eclesial que surgen de una posible aceptación de lo que fue «comunicado» a los seis videntes bosnios. Se ha hablado mucho de los mensajes portadores de indiferentismo religioso («Los musulmanes y los ortodoxos, al igual que los católicos, son iguales ante mi Hijo y ante mí»), predicciones catastróficas y apocalípticas no verificadas («He venido a llamar al mundo a la conversión por última vez, pues después ya no me apareceré más en la tierra», «Este siglo está bajo el poder del demonio, pero cuando se revelen los secretos que se os han confiado, su poder será destruido») y otros, consultables en diversas obras críticas publicadas a lo largo de los años.

A partir de este enfrentamiento entre los franciscanos y los carismáticos por un lados y las autoridades diocesanas por otro, para Gaetano Masciullo en su artículo en The Remnant, el aspecto más grave del fenómeno Medjugorje en cuanto a sus frutos es el de la desobediencia. Para el periodista, “de hecho, podríamos decir que el caso de Medjugorje se gestó en este pecado”.

¿Que ha habido y hay buenos frutos de conversión en Medjugorje? Eso parece. ¿Que el Señor dijo que al árbol se le conoce por sus frutos? Ningún católico puede negar la importancia de los frutos espirituales – afirma Masciullo, precisamente por esta afirmación de Nuestro Señor (Mateo 7, 20). Sin embargo, este principio evangélico no implica que todo fenómeno que produzca buenos frutos provenga necesariamente de un buen árbol. Esto se debe también a que la bondad de ciertos frutos puede ser solo percibida, no real. Porque las Escrituras también dicen: «No crean en todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si realmente provienen de Dios» (1 Juan 4, 1). Por lo tanto, el discernimiento cristiano no consiste simplemente en contar conversiones y retornos a los sacramentos. Pero si se parte de la premisa de que todo lo que produce frutos espirituales positivos proviene automáticamente de Dios —una idea muy común en Medjugorje—, la presencia de conversiones, vocaciones, oraciones y obras de caridad se convierte en una especie de certificación implícita de origen divino; y en esto viene a aportar aún más confusión el cambio introducido por el papa Francisco en 2024, destacando los buenos frutos, pero sin pronunciarse respecto a la sobrenaturalidad.

Masciullo destaca que el criterio principal de discernimiento en la historia de la Iglesia es la obediencia: “No basta con limitarse al juicio “pastoral” para aprobar, al menos indirectamente, una supuesta revelación privada; de hecho, puede resultar muy engañoso. Por lo tanto, es necesario recuperar un criterio tradicional de discernimiento católico que corre el riesgo de verse oscurecido por el énfasis contemporáneo en los “frutos pastorales”. 

Esta ambigüedad en todo lo que rodea a Medjugorje, incrementada por las aportaciones del papa Bergoglio, quizás sea lo que convierte el caso de Medjugorje en un símbolo tan emblemático de la Iglesia contemporánea, considera Masciullo: “una Iglesia que, cuando debería ejercer su labor de discernimiento, prefiere suspender el juicio, refugiarse en la indeterminación y dejar que el tiempo —en otras palabras: el éxito “pastoral” de las experiencias personales y la maquinaria económica— decida en su lugar. En este sentido, Medjugorje parece casi ser un “apoyo” a la Iglesia sinodal: ambas representan una Iglesia indulgente con lo ambiguo, siempre que produzca un amplio consenso, participación y resultados “pastorales” en los que la experiencia personal prevalezca sobre la infalibilidad del dogma. Y quizás esta sea la verdadera anomalía que nos deja el caso de Medjugorje: no solo la de una aparición que lleva cuarenta y cinco años esperando un juicio definitivo, sino la de una Iglesia que parece haber perdido el valor, e incluso el interés, de pronunciarlo”.

 

Nota: Los artículos publicados como Tribuna expresan la opinión de sus autores y no representan necesariamente la línea editorial de Infovaticana, que ofrece este espacio como foro de reflexión y diálogo.

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